(iii) El tercer invitado dijo, más enfáticamente que los otros: «Acabo de casarme. Comprenderás que no puedo ir.» Una de las leyes maravillosamente humanitarias del Antiguo Testamento establecía: «Cuando alguno fuere recién casado, no saldrá a la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año, para hacer feliz a la mujer que tomó» (Deu_24:5 ). Sin duda esa ley era la que se aplicaba este hombre. Una de las tragedias de la vida es que las cosas buenas hacen que nos olvidemos de Dios. No hay nada más maravilloso que el hogar; pero no se pretende que se use de una manera egoísta. Los que viven juntos, viven todavía mejor con Dios; se sirven mejor mutuamente si sirven también a otros; el ambiente del hogar es aún más maravilloso cuando los que viven en él se acuerdan de que también son miembros de la familia y de la casa de Dios.
EL BANQUETE DEL REINO
Antes de salir de este pasaje, conviene que nos fijemos en que los versículos 1 a 24 tratan de fiestas y banquetes. Jesús comparaba su Reino y su servicio con una fiesta. El Reino se parecía a la ocasión más feliz que se conocía en la vida. No cabe duda de que no hay que pensar que el Evangelio prohíbe pasarlo bien.
Siempre ha habido un tipo de cristianismo que le quita toda la gracia a la vida. Juliano hablaba de esos cristianos paliduchos y con pecho de tabla que nunca veían que el sol brillaba también para ellos. Swinburne apostrofaba contra Cristo:
«Tú has ganado, pálido Galileo; El mundo se ha puesto gris con tu aliento.»
Ruskin, que se crió en un hogar rígido y estrecho, cuenta que le regalaron una vez un caballito de juguete, y que una tía suya muy «piadosa» se lo quitó, diciendo que los juguetes no eran para los niños cristianos. Hasta un pensador tan sanote como A. B. Bruce dice que uno no se puede figurar al niño Jesús jugando con los otros chicos cuando era pequeño, o sonriendo cuando era hombre. W. M. Macgregor, en sus Conferencias Warrack, habla con su magistral ironía de uno de los pocos errores de John Wesley, que fundó un colegio en Kingswood, cerca de Bristol, y dispuso que no se debían permitir juegos ni en el colegio ni en sus terrenos, porque «el que juega de niño sigue jugando de mayor.» No se tenían vacaciones. Los chicos se levantaban a las 4 de la mañana, y pasaban la primera hora del día de oración y meditación, y los viernes ayunaban hasta las 3 de la tarde. W. M. Macgregor califica todo el sistema de «estúpido desafío a la naturaleza.»
Tenemos que tener presente que Jesús pensaba en el Reino como una fiesta. Un cristiano lúgubre es un monstruo de la naturaleza. El gran filósofo Locke definía la risa como «una gloria repentina.» Al cristiano no se le prohíbe ningún placer sano, porque para él la vida es una fiesta de bodas.
CALCULANDO EL COSTO
Lucas 14:25-33
Muchísima gente iba de camino con Jesús; y ÉL se volvió y les dijo:
-El que quiera venir conmigo y ser discípulo mío, tiene que aborrecer a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a sí mismo. El que no cargue con su cruz y siga mi ejemplo, no puede ser discípulo mío. ¿A que cualquiera de vosotros, si quiere construir una torre, lo primero que hace es sentarse a calcular lo que le va a costar, para ver si tiene bastante para acabarla? Porque si no, cuando ya ha echado el cimiento, si no tiene lo necesario para terminar, todos los que lo vean se van a reír de él y a decir: «¡Mira este, que empezó a construir y no pudo acabar!» ¿Es que un rey que va a librar batalla contra otro, lo primero que hace no es sentarse a considerar si puede hacer frente con diez mil soldados al que le va a atacar con veinte mil? Porque, si se da cuenta de que no puede, lo que hace es mandarle una embajada al otro cuando todavía está lejos para negociar la paz. Pues lo mismo pasa con vosotros: el que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser discípulo mío.
Cuando Jesús dijo esto iba camino de Jerusalén. Sabía que le esperaba la cruz; pero la gente es posible que creyera que iba a ocupar el trono. Por eso les habló así. De la manera más clara posible les dijo que el que le siguiera no iba camino de la gloria y el poder terrenales, sino que tenía que estar dispuesto a sacrificar lo que más quisiera en la vida, y a abrazar un sufrimiento que sólo se podía comparar con la agonía de un crucificado.
No debemos tomar sus palabras con un literalismo frío. El lenguaje oriental es siempre tan pictórico y vivo como la mentalidad oriental. Cuando Jesús nos dice que tenemos que aborrecer a nuestros seres más queridos, quiere decir que ningún amor de este mundo puede compararse con el amor que le debemos tener a Él.
Hay dos verdades impresionantes en este pasaje.
