(iv) Puede que uno dé porque no puede por menos. Ese es el único motivo aceptable. El que piense que Jesús nos enseña a dar para recibir la recompensa en el Cielo en vez de en la Tierra no lo ha comprendido. El principio del Reino de Dios es que, cuando se da para recibir una recompensa, no se recibe ‹ ninguna recompensa; y cuando se da sin pensar en recibir una recompensa, y eso es lo difícil, se recibe. La única manera de dar es cuando sale de dentro porque hay amor. Dios dio-porque amó de tal manera al mundo: así debemos dar nosotros.
EL BANQUETE DEL REY Y SUS HUÉSPEDES
Lucas 14:15-24
Cuando uno de los comensales oyó lo que había dicho Jesús, exclamó:
-¡Felices los que estén invitados al banquete del Reino de Dios!
Entonces Jesús les contó otra parábola:
-Una vez un hombre organizó un gran banquete e invitó a mucha gente. Y cuando llegó el momento, mandó a su siervo a decirles a los convidados: «¡Venid, porque ya está todo preparado!» Pero los convidados empezaron a disculparse como si se hubieran puesto de acuerdo. Uno dijo: «Acabo de comprar una propiedad y no tengo más remedio que ir a verla. Discúlpame, por favor.» Y otro dijo: «Acabo de comprar cinco yuntas de bueyes, y ahora mismo iba a probarlos; así que haz el favor de excusarme.» Y otro dijo: «Acabo de casarme. Comprenderás que no puedo ir.» Cuando volvió el siervo, se lo hizo saber todo a su señor, que se puso furioso y le dijo: «¡Sal a toda prisa por las plazas y por las calles de la ciudad, y tráete para acá a todos los pordioseros, mancos, cojos y ciegos que te encuentres!» Al cabo de un rato el siervo volvió y le dijo a su señor: «Señor, ya se ha hecho como mandaste; pero todavía queda sitio.» Y el señor le dijo al siervo: «¡Pues salte por los caminos y los senderos, y obliga a entrar a todos los que encuentres, hasta que se me llene la casa! Porque os aseguro que ninguno de los que estaban convidados va a probar mi banquete!»
Los judíos tenían una serie de historias acerca de lo que iba a suceder cuando llegara la nueva era. Una de estas era la del banquete mesiánico, en el que leviatán, el monstruo marino (Job_41:1 ), sería el plato de pescado y behemot (Job_40:15 ) el de carne. En este banquete estaba pensando el que dijo: «¡Felices los que estén invitados al banquete del Reino de Dios!» Naturalmente, estaba pensando sólo en los buenos judíos, porque los gentiles y los pecadores no tendrían parte en la fiesta de Dios. Y por eso contó Jesús esta parábola.
En Palestina, cuando se hacía una fiesta, se fijaba la fecha con mucha antelación y se mandaban las invitaciones para que se dijera si se aceptaban. Pero no se decía la hora; así es que, cuando llegaba el día y todo estaba preparado, iban los siervos a avisar a los invitados. Era un grave insulto el haber aceptado la invitación y luego no asistir.
El dueño de la casa de la parábola representa a Dios. Los convidados originales eran los judíos. A lo largo de toda su historia habían estado esperando el día en que Dios interviniera; ese día había llegado, y ellos rechazaron la invitación. Los pordioseros y minusválidos de la calle representan a los publicanos y pecadores que recibieron a Jesús, mientras que los religiosos le rechazaron. Los de los caminos y las sendas del campo eran los gentiles, para los que había sitio en la fiesta de Dios. Belgel, el gran comentarista de tiempos de la Reforma, dice: «Tanto la naturaleza como la gracia aborrecen los vacíos.» Así que, cuando los judíos no acudieron a la invitación de Dios, la recibieron los gentiles.
Hay una frase de esta parábola que desgraciadamente se usa mal: «¡Pues salte por los caminos y los senderos, y obliga a entrar a todos los que encuentres!» Hace mucho, Agustín de Hipona usaba este texto para justificar la persecución religiosa. Se tomaba como una orden para hacer cristianos a la fuerza, y como la razón para la Inquisición, las torturas, los autos de fe, las campañas contra los herejes, el bautismo o la muerte para los vencidos en supuestas guerras santas, etcétera, etcétera, cosas que son la vergüenza de la llamada civilización ,cristiana. Debemos entender esa frase de acuerdo con otra: «El amor de Cristo nos constriñe» (2Co_5:14 ). En el Reino de Dios no existe más que una obligatoriedad: la del amor.
Pero, aunque esta parábola presenta una amenaza a los judíos que rechazan la invitación de Dios y una gloriosa oportunidad para los pecadores y los gentiles que nunca habían soñado con recibirla, también contiene verdades de carácter permanente que son tan actuales hoy como entonces. Los convidados presentan excusas nada diferentes de las que se ponen hoy.
(i) El primer invitado dijo que había comprado un terreno, y que iba a verlo. Esto sucede cuando dejamos que los negocios usurpen los derechos de Dios. Es posible estar tan inmerso en las cosas de este mundo que no se tiene tiempo para dar culto. a Dios ni aun para orar.
(ii) El segundo invitado dijo que había comprado cinco yuntas de bueyes y que iba a probarlos. Esto es dejar que las novedades usurpen los derechos de Cristo. Sucede a menudo que, cuando se entra en una nueva situación se está tan absorto que no se tiene tiempo para ir al culto ni para orar. Se da el caso de personas que se compran un coche, o un chalé, y dicen: «Antes íbamos al culto los domingos; pero ahora salimos al campo, que buena falta nos hace a todos, y especialmente a los chicos.» Es peligrosamente fácil que algo nuevo, como un juego, o un hobby, o un amigo, desalojen de nuestro horario los deberes espirituales.
