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Lucas 14: Bajo el escrutinio de gente Hostil

14.2 Lucas, el médico, identifica la enfermedad de este hombre: sufría hidropesía. Esta enfermedad se debe a una acumulación anormal de líquido en tejidos y cavidades.

14.7-11 Jesús aconsejó a las personas que no se apresuraran a escoger asientos en las fiestas. La gente hoy actúa con igual ansiedad para mejorar su nivel social, ya sea por relacionarse con cierta clase de personas, usar un tipo de ropa que le dé nivel o por manejar un automóvil costoso. ¿A quién quiere impresionar? Antes que buscar prestigio, busque un lugar en el que pueda servir. Si Dios quiere que sirva en altas esferas, El lo invitará a ocupar un lugar de importancia.

14.7-14 Jesús enseñó dos lecciones aquí. Primera, habló a los invitados diciéndoles que no ocuparan los lugares de honor. El servicio es más importante en el Reino de Dios que el nivel social. Segunda, se dirigió al anfitrión indicándole que no fuera elitista al invitar. Dios brinda su Reino a todos.

14.11 ¿Cómo podemos humillarnos? Algunas personas procuran aparentar humildad a fin de manipular a los demás. Otros piensan que la humildad significa dejarse aplastar. Pero la gente humilde de verdad se compara solo con Cristo, reconoce su pecado, comprende sus limitaciones en habilidades, moral, logros y conocimientos. La humildad no es una autodegradación, es una afirmación realista y enfocada al servicio.

14.15-24 El hombre que estaba con Jesús vio la gloria del Reino de Dios, pero falló en su visión para ser parte de él. La parábola de Jesús muestra cómo a menudo rechazamos la invitación de Dios a su banquete poniendo excusas. Los negocios, el matrimonio, la riqueza u otra cosa, pueden ser la causa para resistir o postergar la respuesta a la invitación de Dios. La invitación de Dios es lo más importante, no importa qué inconveniente tengamos. ¿Se excusa para evitar responder al llamado de Dios? Jesús nos recuerda que el día vendrá en que Dios dejará de invitarlo y lo hará a otros, entonces será demasiado tarde para entrar al banquete.

14.16ss Para una fiesta, se acostumbraba enviar dos invitaciones: la primera la anunciaba, la segunda indicaba que todo estaba listo. Los invitados en la parábola de Jesús ofendieron al anfitrión al excusarse cuando se les envió la segunda invitación. En la historia de Israel, la primera invitación de Dios vino a través de Moisés y los profetas; la segunda vino mediante su Hijo. Los líderes religiosos aceptaron la primera invitación. Creyeron en los profetas, pero desecharon a Dios al no creer en su Hijo. De la manera en que el amo de la historia envió su siervo a las calles para que invitara a los necesitados a participar en el banquete, asimismo Dios envió a su Hijo al mundo de gente necesitada para anunciar que el Reino de Dios había llegado y estaba a su disposición.

14.16ss En este capítulo leemos palabras de Jesús en contra de los que buscan rango social y favor del trabajo arduo y aun sufrido. No perdamos de vista el propósito de nuestra humildad y auto sacrificio, ¡un banquete lleno de gozo con nuestro Señor! Dios nunca nos pide padecer por amor al sufrimiento. Nunca nos pide dejar algo bueno a menos que planee reemplazarlo con algo mucho mejor. No nos llama a unirnos a El para trabajar en el campo, sino para una fiesta, una fiesta de bodas, la cena del Cordero (Rev_19:6-9), cuando Dios y su amada Iglesia se unirán para siempre.

14.27 La audiencia de Jesús estaba bien enterada de lo que significaba llevar la cruz. Cuando los romanos iban a ejecutar a un criminal, este tenía la obligación de llevar la cruz en que iban a colgarlo. Esto mostraba sumisión a Roma y además advertía a los observadores de que les era mejor someterse. Jesús enseñó para que las multitudes evaluaran su entusiasmo por El. Instó a convertir lo superficial en algo profundo, de lo contrario retroceder. Seguir a Cristo significa sumisión total a El, quizás hasta morir por El.

14.28-30 Cuando un constructor no considera el costo o no hace un presupuesto en detalles de su obra, tal vez la abandone sin terminar. ¿Edificará su vida cristiana solo en parte y luego la abandonará por no tener en cuenta el costo de lo que es una entrega a Jesús? ¿Cuáles son esos costos? Un cristiano puede enfrentar la pérdida de jerarquía social o riqueza. Puede perder el control sobre dinero, tiempo o profesión. Pueden odiarlo, separarlo de su familia o aun sentenciarlo a muerte. Seguir a Cristo no significa una vida exenta de problemas. Con verdadero interés debemos considerar el costo de ser un discípulo de Cristo, al grado de saber a qué nos comprometimos y que más tarde no sintamos la tentación de volvernos atrás.

14.34 La sal puede perder su sabor. Cuando se humedece y luego se seca, no queda sino un residuo insípido. Muchos cristianos se mezclan con el mundo y evaden el costo de ponerse a favor de Cristo, pero El ha dicho que si los cristianos pierden su distintivo sabor a sal, dejan de tener valor. Así como la sal da sabor y preserva los alimentos, debemos preservar lo bueno en el mundo, ayudar a que no se eche a perder y que más bien traiga un nuevo sabor a la vida. Esto requiere planificación, disposición para el sacrificio y entrega tenaz al Reino de Dios. No es fácil llegar a ser «sal», pero si la fe cristiana falla en esta función, falla al representar a Cristo en el mundo. ¿Cuánta sabor cristiano puede dar usted?

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