Necesario es que no dejemos que ciegos nos guíen para precipitarnos en el abismo: necesario es que no dejemos que sacerdotes y escribas o la moderna nos hagan crucificar a Cristo de nuevo. Es de nuestro deber pesar a todos los ministros en la fiel balanza de la palabra de Dios. Importa poco quien es el que dice algo sobre religión; pero sí importa mucho qué es lo que dice. ¿Está de acuerdo con la Biblia? ¿Es cierto? He aquí las únicas preguntas que nos debemos hacer.
Advertimos, en seguida, en estos versículos, a qué bajezas tan inauditas pueden descender los hombres después de hacer las protestas más enérgicas. El segundo paso dado en la trama de la crucifixión de nuestro Señor fue la traición de uno de los doce apóstoles: «Y entró Satanás en Judas, que tenia por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce.» Estas palabras contienen algo muy terrible. Ser tentado de Satanás es una desgracia, pero ser dominado y cautivado por él es horrible calamidad.
Judas Iscariote debiera servir de escarmiento a la iglesia cristiana. Recuérdese que este hombre fue uno de los doce apóstoles escogidos por nuestro Señor; que siguió a su Maestro durante Su vida pública; que lo oyó predicar y presenció sus milagros; que él mismo predicó; que habló como los otros apóstoles; que no había nada que lo distinguiera de Pedro, Juan y Santiago; que nunca se sospechó que tuviera mal corazón. Y no obstante todo esto, resulta ser al cabo un hipócrita, traiciona a su Maestro,- ayuda a Sus enemigos a entregarlo a la muerte, y muere como «hijo de perdición.» Esto es terrible; pero cierto.
En estos versículos percibimos, además, cuan enorme es el influjo del amor al dinero. Cuando Judas se presentó ante los príncipes de los sacerdotes para traicionar a su Señor, ellos «concertaron de darle dinero.» Esas cuatro palabras revelan el secreto de la caída de ese hombre: amaba el dinero. Sin duda había oído la solemne amonestación de nuestro Señor: «Mirad y guardaos de la avaricia» (Luk_12:15); mas, o la había olvidado, o no se había cuidado de ella. La avaricia fue el escollo que le hizo naufragar: la avaricia fue para él causa de la pérdida de su alma.
¿Qué mucho que S. Pablo llamara el amor del dinero raíz de todos los males? 1Ti_6:10. Los anales de la iglesia están llenos de ejemplos bien tristes, que manifiestan que esa pasión es uno de los medios do que se sirve Satanás para hacer delinquir a los que han profesado la religión verdadera Giezi, Ananías y Safira, son nombres que naturalmente vienen a la memoria. Más, de todos los ejemplos ninguno es tan triste como el que tenemos a la vista.
Por el vil lucro, un apóstol vendió al Maestro más tierno y amable. Por dinero, Judas Iscariote traicionó a Cristo.
Telemos y oremos para no ser víctimas del amor del dinero. El pobre está tan expuesto como el rico: se puede amar el dinero sin tenerlo; y se le puede tener sin amarlo. Contentémonos con lo que tengamos. Heb_13:5. Es un hecho muy notable que no hay sino una oración en el libro de los Proverbios, y que una de las tres peticiones de esa oración es: « No me des pobreza ni riquezas..
En estos versículos percibimos, por último, la relación que tiene la muerte de nuestro Señor Jesucristo con la fiesta de la Pascua. Por cuatro veces se nos hace recordar que la noche que precedió al día de la crucifixión era que se celebraba la gran fiesta de los judíos, en que era necesario matar la pascua.
Es bien seguro que Dios señaló la hora de la crucifixión. En su sabiduría y su poder infinitos dispuso que el Cordero de Dios muriera al mismo tiempo que se mataba el cordero pascual. La muerte de Cristo fue el cumplimiento de la pascua.
Ese fue el sacrificio real que se había simbolizado por mil quinientos años con el cordero sin mancha. Lo que la muerte del cordero había sido para Israel en Egipto, la muerte de Jesús iba a ser para todos los pecadores de la tierra.
No perdamos jamás de vista el hecho de que la muerte de Cristo tuvo el carácter de sacrificio. Rechacemos con indignación la idea moderna de que no fue sino un acto de abnegación inaudita. Sin duda que fue un acto de abnegación, mas fue también algo más elevado, más importante: fue una propiciación ofrecida por los pecados del mundo; fue una expiación hecha por la transgresión del hombre. «Cristo nuestra pascua,» dice S. Pablo, «ha sido sacrificado por nosotros..
Lucas 22:14-23
Estos versículos contienen la relación que hace S. Lucas de la institución de la Cena del Señor. Este es un pasaje que todo cristiano verdadero leerá siempre con vivo interés. ¡Cuan sorprendente no es que una ceremonia que en su origen fue tan sencillamente bella haya sido enmarañada y confundida en un laberinto de invenciones humanas! ¡Qué prueba tan dolorosa de la corrupción humana no es el hecho de que una de las más acaloradas controversias que han sembrado la discordia en la iglesia de Dios, haya versado sobre el sacramento de la eucaristía! ¡Grande a la verdad es el ingenio que tiene el hombre para hacer degenerar los dones de Dios! Notemos, ante todo, que el objeto principal de la Cena del Señor es traer a la memoria de los cristianos la muerte expiatoria de Cristo. Al instituir la Cena, Jesús dijo a sus discípulos que lo que iban a hacer era en memoria de él. La Cena del Señor no es pues un sacrificio, sino esencial y únicamente un rito conmemorativo.
