Si profesamos tener religión alguna, estemos alerta contra las tretas del diablo. No puede mirarse sin recelo al enemigo que venció a David y a Pedro, y tentó al mismo Jesucristo. El es muy astuto, pues ha estudiado el corazón del hombre nada menos que por seis mil años, y puede acercársenos bajo el disfraz de un ángel de luz. Necesario es que velemos y oremos, y que nos pongamos la coraza de la fe. Gracias sean dadas a Dios que nos ha prometido que si le resistimos huirá de nosotros, y que el Señor, cuando venga, lo quebrantará debajo de nuestras plantas.
Estos versículos nos enseñan también cual es el gran secreto de la perseverancia en la fe. Nuestro Señor dijo a Pedro: «Yo he rogado por ti que tu fe no falte.» Gracias a la intercesión de Cristo fue que Pedro no cayó del todo.
La existencia perenne de la gracia en el corazón del creyente es un gran milagro. Sus enemigos son tan poderosos y sus fuerzas son tan pequeñas, el mundo está tan lleno de engaños y su corazón es tan débil que a primera vista parece imposible que llegue al cielo. El pasaje que tenemos a la vista explica a que debe su seguridad: es que a la diestra de Dios hay un Abogado que constantemente intercede por él, que sabe todas sus necesidades y que diariamente obtiene grandes bendiciones para su alma. La esperanza nunca se extingue en su corazón porque Cristo siempre vive para interceder por él. Heb_7:25.
Para que hallemos consuelo en nuestra religión es preciso que nos formemos ideas claras del poder de intercesión del Hijo. Cristo no solo murió por nosotros, sino que vive perpetuamente para mediar por sus siervos. San Pablo dice: «Cristo es el que murió, antes el que también resucitó, el que también está a la diestra de Dios, el que también demanda por nosotros.» Rom_8:34.
En este pasaje se nos enseña, además, cuál es el deber que incumbe a todos los creyentes que reciben señaladas bendiciones de Cristo. Nuestro Señor dijo a Pedro: «Cuando te conviertas confirma a tus hermanos..
Dios posee, entre otros muchos atributos, el de hacer que de en medio del mal se engendre el bien. El puede hacer que las debilidades y flaquezas de algunos miembros de la iglesia redunden en bien de todo el gremio. El puede hacer que la caída de un discípulo sea el medio por el cual éste se ponga en aptitud de sostener y alentar a otros.
¿Hemos caído nosotros alguna vez y hemos sido levantados por la misericordia de Cristo a una altura mayor de la que antes ocupábamos, a una vida nueva? Si así fuere, es de nuestro deber portarnos con bondad y suavidad para con nuestros hermanos. Digámosles que sabemos por nuestra propia experiencia que el pecado produce frutos acerbos; prevengámosles que no hay que hacer burla de las tentaciones; pongámoslos alertas contra el orgullo y la presunción; y hagámosles ver que Cristo se compadece de los que han caído.
Estos versículos nos enseñan, por último, que el siervo de Cristo ha de emplear, en el eficaz servicio de su Maestro todos los medios que atan justos. Se nos refiere que nuestro Señor dijo a sus discípulos: «El que tiene bolsa, tómela; y también su alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y cómprela..
Estas palabras deben tomarse en sentido proverbial. Se refieren al período incluido entre el primero y el segundo advenimiento de nuestro Señor. En tanto que el Señor venga, los creyentes tienen que hacer un uso acertado de todas las facultades que Dios les ha concedido. Menester es que se dejen de esperar que se obren milagros para ahorrarles trabajo; o que si no trabajen les caerá maná del cielo; o que si no luchan ni se afanan, Dios allanará todas sus dificultades y vencerá a todos sus enemigos. Bueno es que recuerden que la mano diligente es la que enriquece. Pro_10:4.
Trabajemos por la causa de Cristo como si creyésemos que todo depende de nuestros esfuerzos; mas no olvidemos, por otra parte que sin la bendición de Dios nada podremos hacer. Conduzcámonos como Jacob cuando se vio con su hermano Esaú. El empleó para conciliar a éste todos los medios lícitos que tenia a su alcance; mas, después que hubo hecho todo lo que pudo, pasó la noche orando.
Lucas 22:39-46
Los versículos arriba citados contienen la narración que hace S. Lucas de las agonías de nuestro Señor en el jardín. Pasaje es este que debiéramos leer con señalada reverencia. El episodio que en él se refiere es una de « las profundidades de Dios.» Al leerlo nos vienen a la memoria aquellas palabras del éxodo: «Quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar donde tú estas, tierra santa es.» Exod. 3: 6.
En este pasaje se nos presenta primeramente un ejemplo de lo que los creyentes deben hacer cuando se encuentran en trabajos. El Jefe mismo de la iglesia presenta el modelo que ha de imitarse. Se nos dice que habiendo venido al monte de las Olivas, la víspera de ser crucificado, «puesto de rodillas, oró..
Es un hecho bien digno de notarse que tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo se da un mismo remedio para los que estén agobiados de trabajos. ¿Qué dice el libro de los Salmos? «Llámame en el día de la angustia; librarte he.» Psa_50:15. ¿Qué dice el apóstol Santiago? «¿Está alguno entre vosotros afligido? haga oración.» Jam_5:18. La oración fue el remedio de que usó Jacob cuando estaba temiendo la saña de Esaú; la oración fue el remedio de que usó Job cuando sus bienes y sus hijos le fueron arrebatados; la oración fue el remedio que Ezequías empleó cuando recibió la amenazante carta de Senaquerib; y finalmente, la oración fue el remedio que el mismo Hijo de Dios empleó cuando se hizo hombre. En la hora de su misteriosa agonía oró.
