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Lucas 22: Y satanás entró en Judas

La paciencia que nuestro Señor manifestó en tales circunstancias debiera enseñarnos una lección muy provechosa; nos debiera enseñar a abstenernos de murmurar y de airarnos cuando el mundo nos ultraje. ¿Qué son las afrentas por las que tenemos que pasar a veces, comparadas con las que se irrogaron a nuestro Señor? Y sin embargo, «maldiciéndole no tornaba a maldecir; y cuando padecía no amenazaba.» Hagamos lo mismo.

Notemos, en segundo lugar, que profecía tan notable pronunció nuestro Señor acerca de la gloria que se le esperaba. Dijo así a sus enemigos: «Desde ahora el hijo del hombre se asentará a la diestra del poder de Dios.» ¿Se quejaban de su humilde presencia y deseaban ver un Mesías rodeado de gloria? En gloria lo verían algún día. Se imaginaban que era débil, inerme y despreciable, porque no poseía entonces signos ningunos de majestad. Algún día lo verían ocupando en el cielo el lugar más excelso.

Que la futura gloria de Cristo forme, pues, parte de nuestro credo, de la misma manera que en pasión y crucifixión. No olvidemos que el mismo Jesús que fue escarnecido y menospreciado es el que posee ahora poder omnímodo en el cielo y en la tierra, y vendrá algún día con todos sus ángeles revestido de la gloria de Su Padre. Feliz el cristiano que tiene siempre ante su mente la palabra «después.» Al presente los creyentes deben contentarse con tomar parte en los sufrimientos de su Maestro. «Después» participarán de su gloria.

Notemos, por ultimo, en estos versículos, qué revelación tan explícita y completa hace nuestro Señor de su divinidad y de su carácter como Mesías. Cuando sus enemigos le preguntaron si era el Hijo de Dios, El repuso: «Vosotros lo decís que yo soy.» Esta expresión significa en otras palabras: Vosotros decís la verdad. Soy, como decís, Hijo de Dios.

Esa revelación dejó a los judíos sin excusas para disculpar su incredulidad. Y los Israelitas de hoy no puedan alegar que Jesús dejara a sus antepasados a oscuras acerca del objeto de Su misión, y que los mantuviera en dudas y cavilaciones.

Según se nos refiere en el pasaje de que tratamos, nuestro Señor les dijo claramente quién era, y en palabras que son más significativas para un judío que para nosotros. Y sin embargo, los hijos de Judá, lejos de conmoverse al oír dicha revelación, se sumergieron más hondamente en el pecado.

Con esa declaratoria nuestro Señor quiso dar un ejemplo a todo el pueblo creyente. a semejanza de él hemos de hablar sin temor cuando las circunstancias así lo exijan. No hay necesidad de que hagamos tocar la trompeta delante de nosotros y de que vayamos a las plazas a proclamar nuestra religión. Es bien seguro que, en el curso ordinario de la vida civil, se nos presentarán oportunidades para que demos a conocer «de quienes somos y a quienes vamos,» como Pablo a bordo del buque. En tales ocasiones si poseemos el espíritu de Cristo, no tengamos miedo de enseñar nuestra divisa. «Cualquiera,» dijo Jesús, «que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo delante de mi Padre.» Mat_10:32

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