(iii) Podemos fundar la vida, o en dar, o en recibir; pero si la fundamos en el recibir nos perderemos la amistad de los hombres y la recompensa de Dios, porque a nadie le cae bien el que no piensa más que en lo que pueda sacar.
(iv) Jesús acabó sus advertencias prometiendo a sus discípulos que los que habían estado con Él en la lucha estarían con Él en el Reino. Dios no queda en deuda con nadie. Los que compartan la Cruz de Cristo compartirán un día su corona.
LA TRAGEDIA DE PEDRO
Lucas 22:31-38, 54-62
Dijo también el Señor a Pedro:
-¡Simón, Simón! Fijaos que Satanás ha reclamado el derecho de pasar por la piedra vuestra fidelidad; en cuanto a ti, yo he orado para que no falle la tuya. Cuando hayas vuelto a tu puesto, ayuda a tus hermanos a mantenerse firmes.
-¡Señor -le contestó Pedro-, estoy dispuesto a ir contigo, no sólo a la cárcel, sino a la muerte!
-Pedro -le dijo Jesús-, te advierto que antes que cante el gallo habrás negado tres veces que me conoces.
Y dijo a los demás:
-¿Echasteis algo de menos cuando os envié sin cartera ni bolsa ni calzado?
Ni lo más mínimo -le contestaron.
-Pues ahora es diferente -continuó diciéndoles Jesús-; el que tenga cartera, que la lleve consigo, y lo mismo con la bolsa; y el que no tenga espada, que venda la chaqueta y se compre una. Porque os advierto que todavía se tiene que cumplir en Mí aquello que está escrito: «Le tratarán como a un malhechor.» Y es que lo que está escrito de Mí se tiene que cumplir.
-Señor, aquí hay dos espadas -le dijeron entonces.
-¡Pues basta! -les contestó Jesús.
Cuando le prendieron, le llevaron a la fuerza a la casa del Sumo Sacerdote, y Pedro le seguía a cierta distancia. La gente encendió fuego en medio del patio, y se sentaron alrededor, y Pedro se sentó también con los demás. Pero una criada que le vio sentado al fuego, se le quedó mirando y dijo:
-¡Este también estaba con él!
-¡Mujer, pero si yo ni le conozco! -negó Pedro. Pero un poco después le vio otro, y dijo:
-¡Tú también eres de ellos!
-¡No, hombre, no soy! -dijo Pedro por segunda vez. Y a eso de una hora después, otro aseguró:
-No hay duda de que este también estaba con él, porque es galileo.
-¡Hombre -dijo Pedro-, no sé de qué hablas!
Y en seguida, mientras Pedro estaba todavía hablando, cantó el gallo. El Señor se volvió, y miró a Pedro; y Pedro se acordó de que el Señor le había dicho: «Antes que cante el gallo me negarás tres veces.» Y Pedro se salió afuera, y se puso a llorar amargamente.
Vamos a tomar la historia de la tragedia de Pedro en conjunto. Pedro era una extraña mezcla.
(i) A pesar de la negación, era fundamentalmente leal. H. G. Wells dijo una vez: «Uno puede ser mal músico y sin embargo estar apasionadamente enamorado de la música.» Por encima de lo que hizo, y aunque su fallo fue terrible, estaba apasionadamente consagrado a Jesús. Hay esperanza para el que, hasta cuando cae en pecado, está comprometido con la bondad.
(ii) Pedro estaba advertido. Jesús se lo había advertido directa e indirectamente. Los versículos 33 a 38, con la conversación sobre las espadas, son extraños. Pero lo que quieren decir es que Jesús estaba diciendo: «Hasta ahora me habéis tenido siempre con vosotros. Dentro de poco vais a depender de vuestros propios recursos. ¿Y qué vais a hacer? El peligro no va a consistir en que no tengáis nada, sino en que vais a tener que luchar para subsistir.» Esto no era sugerirles que usaran las armas, sino simplemente una manera oriental de decirles a los discípulos que su vida estaba en juego. No se puede decir que a Pedro no se le advirtió de la seriedad y el peligro de la situación, y de su propia vulnerabilidad.
