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Lucas 22: Y satanás entró en Judas

(iii) Tenemos a los discípulos. Eran hombres que de momento habían olvidado a Dios. Se les había hundido el mundo, y estaban convencidos de que aquello era el fin. En lo último que pensaban entonces era en Dios; en lo único que pensaban era en la terrible situación en que se encontraban. Al que se olvida de Dios y le excluye de la situación le pueden pasar dos cosas: o se aterra y desarticula totalmente, o pierde el poder para enfrentarse con la vida y resolver la situación. En tiempo de prueba, la vida es invivible sin Dios.

(iv) Tenemos a Jesús. Era el único en toda la escena que se acordaba de Dios. Lo maravilloso de Jesús en aquellos últimos momentos era su absoluta serenidad una vez que pasó Getsemaní. Aun en su arresto, parecía ser el Que estaba en el control de la situación; hasta en su juicio, Él era el juez. El que vive con Dios puede resolver cualquier situación y mirar impertérrito a los ojos a cualquier enemigo. Sólo cuando un hombre se ha sometido a Dios puede estar por encima de las circunstancias.

BURLAS Y LATIGAZOS Y JUICIO

Lucas 22:63-71

Los hombres que estaban custodiando a Jesús se pusieron a burlarse de Él y a golpearle; le vendaron los ojos, y le pegaban en la cara mientras le preguntaban:

-¡Anda, profeta, adivina quién es el que te ha dado!

Y apilaban insultos sobre El. Cuando se hizo de día, se reunieron los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, y le trajeron al Sanedrín.

-¿Eres tú el Mesías? -le preguntaron directamente-. ¡Dínoslo!

-Si os dijera que sí, no me creeríais -les contestó Jesús-; y si soy Yo el que os hago preguntas, ni me contestaréis ni me dejaréis en libertad. Pero a partir de este momento el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del Dios todopoderoso.

-Entonces, ¿es que tú eres el Hijo de Dios? preguntaron.

-¡Vosotros lo habéis dicho!

-¡Para qué necesitamos más testigos! ¡Él mismo se ha delatado!

Aquella noche habían llevado a Jesús al Sumo Sacerdote para un interrogatorio privado y oficioso, con el propósito de refocilarse, y tratar de pillarle en algo de lo que pudieran acusarle oficialmente. Después de eso entregaron a Jesús a los policías del templo para que le custodiaran, pero estos se aprovecharon para divertirse cruelmente a su costa. Cuando llegó la mañana le llevaron al Sanedrín.

El Sanedrín era el tribunal supremo de los judíos, que tenía jurisdicción especialmente en cuestiones religiosas. Lo formaban setenta miembros, entre los que figuraban escribas, rabinos y fariseos, sacerdotes y saduceos, y ancianos. No se podía reunir cuando estaba oscuro; porque, decían, cuando no se puede distinguir un hilo blanco de otro negro, ¿cómo se podrá distinguir la verdad del error? Así es que fue por eso por lo que esperaron a la mañana para llevar a Jesús. El Sanedrín sólo se podía reunir en el salón de la Piedra Tallada, en el recinto del templo. El presidente era el Sumo Sacerdote.

Se han conservado las reglas de procedimiento del Sanedrín, que eran probablemente ideales, aunque no se cumplían nunca del todo; pero, por lo menos, nos permiten conocer lo que los judíos consideraban que debía ser el Sanedrín, y cuánto faltó para que se cumpliera en el juicio de Jesús.

El tribunal se sentaba en semicírculo, para que cada uno pudiera ver a todos los demás. El reo se colocaba enfrente del tribunal, vestido con ropas de duelo. Detrás de él se sentaban filas de estudiantes y discípulos de los rabinos, que podían hablar en defensa del acusado, pero no en contra. Las vacantes que se produjeran entre los miembros del tribunal se permitía que las cubrieran algunos de estos estudiantes. Todas las acusaciones tenían que probarse por la evidencia de dos testigos, examinados independientemente. Estaba permitido que un miembro del tribunal hablara primero en contra del acusado y luego cambiara de parecer y hablara a su favor, pero no viceversa. Cuando se llegaba el momento de dar el veredicto, todos los miembros del tribunal tenían que emitir su juicio individualmente, empezando por los más jóvenes hasta acabar por el más anciano. Para la absolución era suficiente con la mayoría de un voto, pero para la condenación se necesitaban por lo menos dos votos. La sentencia de muerte no se podía ejecutar el mismo día que se pronunciaba; tenía que pasar una noche, para que el tribunal durmiera, y considerara si debía aplicar la piedad. Todo el procedimiento estaba diseñado para que prevaleciera la gracia; y, hasta en el breve relato de Lucas, está claro que el Sanedrín no cumplió sus reglas en el caso del juicio de Jesús.

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