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Marcos 15: El silencio de Jesús

¡Grande es el contraste entre el primer Adán y el segundo! Nuestro primer padre Adán fue criminal, y sin embargo trató de excusarse. El segundo Adán estaba inocente, y a pesar de eso no se defendió. «Como cordero delante del que lo trasquila enmudecerá, y no abrirá su boca.» Isaías 53.7.

Aprendamos una lección práctica del ejemplo de nuestro Salvador. Aprendamos a sufrir pacientemente, y a no quejarnos, cualesquiera que sean las amarguras que Dios juzgue conveniente enviarnos. Tratemos de guardar nuestros caminos, para no pecar con nuestra lengua, en la hora de la tentación. Psa_39:1 Guardémonos de dejarnos arrastrar por la irritación y el mal genio, por provocantes o inmerecidas que nos parezcan las pruebas que atravesamos. Nada en el carácter cristiano glorifica tanto a Dios como el sufrir con paciencia. «Pero si obrando bien sufrís con paciencia, esto es agradable delante de Dios. Que para esto fuisteis llamados, puesto que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus huellas.» 1Pe_2:20-21.

Marquemos, en tercer lugar, en estos versículos, la conducta titubeante e incierta de Pílalo.

Del pasaje que tenemos a la vista se deduce muy claro que Pilato estaba convencido de la inocencia de nuestro Señor. «Sabia que los príncipes de los sacerdotes lo habían entregado por envidia.»Lo vemos luchando aunque débilmente por algún tiempo para obtener la absolución de nuestro Señor, y satisfacer su propia conciencia. Cede al fin a la importunidad de los judíos, y «queriendo contentar al pueblo,» entrega a Jesús para que sea crucificado, y para eterna desgracia y perdición de su alma.

Un hombre sin principios religiosos colocado en un alto puesto, es uno de los espectáculos más tristes que puede presentar el mundo; es como un gran navío impelido por las olas de un lado a otro por los mares, sin brújula ni gobernalle. Su misma grandeza lo rodea de lazos y tentaciones, pues le da poder para el bien y para el mal; poder, que si no usa rectamente, le suscitará mil dificultades y lo hará seguramente desgraciado. Oremos mucho por los poderosos; necesitan de mucha gracia para mantenerse libres de la influencia del espíritu del mal. Los altos puestos son lugares muy resbaladizos, y no debemos admirarnos que S. Pablo recomiende que se interceda «por los reyes y por todos los que están en autoridad.» 1Ti_2:1. No envidiemos a los que gozan de altos destinos y grandezas; están expuestos a muchas tentaciones que les son peculiares. Muy difícil le será a un rico entrar en el reino de Dios. «¿Y tú buscas para ti cosas grandes? no las busques.» Jere. 45:5.

Notemos, en cuarto lugar, en estos versículos, el crimen nefando de los Judíos en la muerte de Cristo, En el último momento loa príncipes de los sacerdotes tuvieron una oportunidad para arrepentirse si hubieran querido aprovecharse de ella. Se les ofreció elegir a quien querían que se pusiese en libertad, si a Jesús o a Barrabas; pero fría y deliberadamente persistieron en su plan sanguinario, y prefirieron que se diese libertad a un asesino y que se ejecutase al Príncipe de la Vida. Ya no tenían el poder de ejecutar en Jesús la sentencia de muerte; pero asumieron públicamente la responsabilidad de esa muerte. «¿Qué queréis que haga con él?» les preguntó Pilato. «Crucifícalo, crucifícalo» fue su terrible respuesta. Los agentes de la muerte de nuestro Señor fueron indudablemente Gentiles, pero la culpa recae principalmente sobre los judíos.

Nos admiramos de la maldad de los judíos en todo lo que se refiere a esta parte de la historia de nuestro Señor, y en verdad que es con mucha razón. Rechazar a Cristo y preferir a Barrabas es un hecho asombroso, tal parece que es llegar al límite extremo de la ceguedad, de la locura, del delirio; pero cuidemos de no seguir involuntariamente su ejemplo. Obremos con cuidado no sea que al fin encontremos que hemos escogido a Barrabas y rechazado a Cristo. He ahí que ante nosotros se hallan el servicio del pecado y el servicio de Dios; la amistad del mundo está apelando de continuo a nuestras simpatías. ¿Escogemos bien? ¿Nos unimos al Amigo que nos conviene? Estas son cuestiones muy importantes. Feliz aquel que pueda dar a ellas una respuesta satisfactoria.

Marquemos, finalmente, en estos versículos, que tipo tan marcado del plan Evangélico de la salvación nos presenta la soltura de Barrabas. El criminal es puesto en libertad y el inocente llevado a la muerte; el gran pecador es soltado, y el santo queda cargado de prisiones; Barrabas es perdonado y Cristo crucificado.

Tenemos en este hecho tan notable un emblema vivido de la manera con que Dios perdona y justifica al impío; lo hace porque Cristo ha sufrido en su lugar, el justo por el injusto. Merecen ser castigados, pero un poderoso Sustituto ha sufrido por ellos. Merecen la muerte eterna, pero un glorioso Fiador ha muerto por ellos. Todos estamos por naturaleza en la condición de Barrabas; somos criminales, impíos, merecedores de condenación: pero «cuando estábamos sin esperanza « Cristo el inocente murió por loa impíos.

Y ahora Dios por causa de Cristo puede ser justo, y al mismo tiempo «justificador de aquel que cree en Jesús..

Bendigamos a Dios por habernos ofrecido tan gloriosa salvación. Debemos alegar siempre, no que merecemos el perdón, sino que Cristo ha muerto por nosotros. Cuidemos ya que tenemos tan gran salvación de hacer realmente uso de ella en bien de nuestras simas. No descansemos hasta que no podamos decir con fe, « Cristo es mío. Merezco el infierno; pero Cristo ha muerto por mí, y al creer en él tengo la esperanza del cielo..

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