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Marcos 15: El silencio de Jesús

15.19 Los soldados «le hacían reverencias»; en otras palabras, se burlaban de Jesús simulando adoración.

15.21 Fuera de Judea había colonias de judíos, Simón vino de Cirene, al norte de Africa, en un peregrinaje con motivo de la Pascua. Sus hijos, Alejandro y Rufo, se mencionan aquí porque evidentemente llegaron a ser muy bien conocidos en la iglesia primitiva (Rom_16:13).

15.24 Los soldados echaron suerte para decidir con cuál ropa de Jesús se quedaría cada uno. Los soldados romanos tenían el derecho de conservar la ropa de los crucificados. Este acto hizo que se cumpliera la profecía del Psa_22:18.

15.25 La crucifixión era una temible y vergonzosa forma de morir. Obligaban a la víctima a cargar su cruz a través de la ruta más larga al sitio de la crucifixión, como una forma de advertencia para el pueblo. Hay cruces de diversas formas, así como diferentes métodos de crucifixión. A Jesús lo clavaron en la cruz. A veces, a algunos condenados a morir crucificados se les ataban a sus cruces con cuerdas. En cualquier caso, la muerte venía por asfixia porque el peso del cuerpo hacía más y más difícil la respiración a medida que el reo perdía las fuerzas.

15.26 A menudo se ponía en la cruz un letrero en el que se declaraba el crimen por el que se crucificaba a la persona. La idea era que sirviera de advertencia al pueblo. Como a Jesús no pudieron culparlo de nada, la única acusación que figuró sobre su cabeza fue el «crimen» de haber dicho ser el Rey de los judíos.

15.27 Lucas narra que uno de los ladrones se arrepintió antes de morir y que Jesús le prometió que estaría con El en el paraíso (Luk_23:39-43).

15.31 Jesús se pudo haber salvado, pero prefirió sufrir por amor a nosotros. Pudo haber elegido no sufrir ni ser humillado en la forma que lo fue; pudo haber dado muerte a todos los que se mofaban de El, pero soportó el sufrimiento porque ama aun a sus enemigos. Nosotros también tuvimos una parte importante en el drama de esa tarde, porque nuestros pecados también estaban sobre la cruz. Jesús murió por nosotros y el castigo de nuestros pecados los pagó con su muerte. La única respuesta adecuada que podemos realizar es confesar nuestros pecados y aceptar que Jesús pagó por los pecados para que nosotros no tuviéramos que hacerlo. No insultemos a Dios al ser indiferentes ante el más grande acto de amor en la historia.

15.32 Cuando Jacobo y Juan pidieron lugares de honor próximos a Jesús en su Reino, El les contestó: «No sabéis lo que pedís» (10.35-39). Aquí, como Jesús preparaba la inauguración de su Reino a través de su muerte, los lugares a la derecha y a la izquierda lo tomaron criminales moribundos. Como Jesús les explicó a sus dos discípulos deseosos de poder, alguien que quiere estar cerca de Jesús debe estar preparado a sufrir y morir como El. El camino del Reino es el de la cruz. Si queremos la gloria del Reino, debemos tener la voluntad de permanecer unidos al Cristo crucificado.

15.34 Jesús no hizo esta pregunta sorprendido ni desesperado. Citaba la primera estrofa del Salmo 22. Este salmo es una profecía acerca de la profunda agonía del Mesías al morir por el pecado del mundo. Jesús sabía que esta separación temporal de Dios llegaría en el momento en que echara sobre sí los pecados del mundo. Esta separación fue lo que lo aterrorizó, según oró en Getsemaní. La agonía física fue horrible, pero la separación espiritual de Dios fue la tortura mayor.

15.37 Con esta exclamación Jesús tal vez pronunció sus últimas palabras: «Consumado es» (Joh_19:30).

15.38 Un velo pesado colgaba ante la parte del templo llamada Lugar Santísimo. Era un lugar que Dios reservó para El. Simbólicamente, el velo separaba al Dios santo de la humanidad pecadora. Una vez al año, en el Día de la Expiación, el sumo sacerdote entraba a ese lugar y presentaba sacrificio por el perdón de los pecados de todo el pueblo. Cuando Jesús murió, el velo se rasgó en dos, mostrando así que su muerte por nuestros pecados dejaba abierta la entrada hasta la presencia del Dios santo. Esto fue de arriba hacia abajo, lo que muestra que Dios abrió el camino. En Hebreos 9 se encuentra una más completa explicación de estos hechos.

PILATO

En los días de Jesús, cada sentencia de muerte tenía que aprobarla el funcionario romano de más alto rango del distrito. Poncio Pilato era gobernador de la provincia de Judea, en Jerusalén. Cuando los líderes judíos tuvieron a Jesús en su poder y solicitaron su muerte, el obstáculo final era conseguir la autorización de Pilato. Así que una mañana temprano, Pilato encontró a una multitud frente a su puerta pidiendo la muerte de un hombre.

Las relaciones de Pilato con los judíos eran siempre tormentosas. Su firmeza y equidad romanas la opacaban su cinismo, sus compromisos y sus errores. En varias ocasiones sus acciones ofendieron profundamente a los líderes religiosos. Las manifestaciones y el caos resultantes quizás hicieron recapacitar a Pilato. Intentaba controlar a un pueblo que trataba a sus conquistadores romanos sin ningún respeto. El juicio de Jesús fue otro de los muchos problemas que ya tenía.

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