Marcos 15:16-38
El pasaje que acabamos ahora de leer nos muestra el amor infinito de Cristo a los pecadores. Los sufrimientos que en él se describen llenarían nuestras almas de una mezcla de horror y de compasión, si se los hubieran hecho sufrir a quien hubiera sido solamente hombre como nosotros. Pero cuando reflexionamos que el paciente era el Hijo eterno de Dios, la admiración y el estupor nos sobrecogen. Y si continuamos reflexionando que esos tormentos fueron sufridos voluntariamente con el objeto de librar a los pecadores, como nosotros lo somos, del infierno, podremos comprender mejor la frase de S. Pablo cuando dice que «el amor de Cristo excede a nuestra inteligencia,» Efes. 3:19; y que «Dios encarece su amor a nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.» Rom_5:8.
Encontraremos útil examinar separadamente los diferentes períodos de la pasión de nuestro Señor. Sigámoslo paso a paso desde el momento de su condenación por Pilato hasta su última hora en la cruz. Hay una profunda significación en las circunstancias más pequeñas y al parecer más indiferentes de sus amarguras. Todas fueron emblemas animados de verdades espirituales; y no olvidemos al meditar en esta historia maravillosa, que nosotros y nuestros pecados fuimos la causa de todos esos sufrimientos. «Cristo padeció por los pecados, el Justo por los injustos, para llevarnos a Dios.» 1Pe_3:18. Estamos leyendo la historia de la muerte de nuestro Fiador y Sustituto.
Primeramente vemos a Jesús entregado en manos de los soldados romanos, como un criminal condenado al último suplicio. Aquel ante quien el mundo se presentará un día para ser juzgado, permitió ser sentenciado injustamente, y ser entregado en manos de los perversos.
¿Y porqué fue así? Para que nosotros, hijos de los hombres, pobres y pecadores, pudiéramos librarnos del abismo de la perdición, y del tormento de las cadenas del infierno. Para que pudiéramos quedar absueltos de todos los cargos el día del juicio, y presentarnos inmaculados y rebosando de alegría ante Dios Padre.
Vemos después a Jesús insultado y blanco de la befa de los soldados romanos. Por burla «lo vistieron de púrpura,» y lo coronaron con «una corona de espinas « para hacer irrisión de su reino.
«Le golpearon la cabeza con una caña, y lo escupieron» como un ser despreciable, y no mejor que «la escoria del mundo.» 1 Cor,1Pe_2:13.
¿Y porqué fue así? Para que nosotros, aunque viles, pudiéramos recibir gloria, honor y vida eterna por nuestra fe en la expiación de Cristo; para que pudiéramos ser recibidos triunfantes en el reino de Dios el día final, y recibir una corona inmarcesible de gloria.
Vemos en seguida a Jesús despojado de sus vestidos y crucificado desnudo ante sus enemigos. Los soldados que lo condujeron al patíbulo «se dividieron sus vestidos, echando suertes..
¿Y porqué fue así? Para que nosotros, que no tenemos justicia propia, nos revistamos de la perfecta que Cristo nos ha conseguido, y no nos encontremos desnudos ante Dios el día del juicio final. Para que nosotros que estamos todos manchados por el pecado, podamos tener un traje de boda, con el que nos sentemos al lado de los ángeles, y no nos avergoncemos.
Vemos después a Jesús sufriendo la muerte más ignominiosa y humillante de todas, la muerte de cruz; pues era el castigo reservado a los peores malhechores, y el hombre a quien se le imponía, era considerado maldito. Está escrito, «Maldito todo aquel que es colgado en el madero.» Gal_3:13.
¿Y porqué fue así? Para que nosotros, nacidos en pecado, e hijos de ira, fuésemos considerados benditos por causa de Cristo. Para remover la maldición que todos merecemos por el pecado, haciéndola recaer sobre Cristo. «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición.» Gal_3:13.
En quinto lugar vemos a Jesús declarado transgresor y pecador. «Con él crucifican a dos ladrones.»El que no cometió pecado, y en quien no hay culpa, « fue contado con los transgresores..
¿Y porqué fue así? Para que nosotros, miserables transgresores que somos por naturaleza y por voluntad, seamos declarados inocentes por medio de Cristo ; para que nosotros que no merecemos sino castigos, seamos juzgados dignos de salvarnos del juicio de Dios, y seamos absueltos ante el género humano congregado. Vemos, por último, a Jesús insultado y burlado en los momentos dé espirar, acusado de impostor, e incapaz de salvarse a si mismo.
¿Y porqué fue así? Para que nosotros en nuestros últimos momentos tengamos el gran consuelo de la fe en Cristo. Todo esto sucedió para que gocemos de una seguridad perfecta, para que supiéramos en quien hemos creído, y atravesemos el valle de las sombras de la muerte sin experimentar temor alguno.
