La familia de Dios es de brazos abiertos y no excluye a nadie. Aunque Jesús amaba a su madre y a sus hermanos, también amaba a quienes lo amaban. Jesús no hacía acepción de personas, sino que concedía a todos el privilegio de obedecer a Dios y ser parte de su familia. En nuestro mundo, cada vez más computarizado e impersonal, las relaciones afectuosas entre los miembros de la familia de Dios adquieren una mayor importancia. La iglesia puede dar amor y cuidado personal que mucha gente no encuentra en ninguna otra parte.
La familia de Jesús (ver Mat. 12:46-50; Luc. 8:19-21). Los malentendidos del reino de Dios y sus demandas continúan. En el v. 21 aun su propia familia había pensado que Jesús había perdido la cordura y querían llevarlo al hogar. En esta ocasión, su madre y sus hermanos vinieron a buscarlo; ¿sería por la misma razón? Tanto éstos como la multitud hubieran asumido que Jesús interrumpiría su enseñanza de inmediato y saldría a verlos, por el respeto a los padres que era uno de los diez mandamientos. En cambio, Jesús señaló a una lealtad y a un orden mucho más básico, un reclamo por parte de Dios que era mucho más profundo que los reclamos de una familia terrenal. Las prioridades del reino de Dios son diferentes, y han de resultar como piedra de tropiezo ante el mundo. Jesús dijo que aquel que hace la voluntad de Dios (notemos el contraste entre lo meramente “oído” y lo “hecho”) es de mayor intimidad para él que cualquier familiar de relación sanguínea. Recordemos que aun sus familiares no creían en él, y aun María no lo comprendía completamente, o ella no hubiera hecho este viaje. Esta palabra dará consuelo grande a algunos de nosotros que fuimos rechazados por el hogar y la familia cuando llegamos a ser cristianos, pero quienes encontramos en esta “familia de Cristo” amor y apoyo. No significa que Jesús abandonó el amor y el cuidado de su madre, o que los cristianos no tienen responsa bilidades con sus propias familias que no aceptan a Cristo. Lo único es que Jesús debe siempre ser primero, sin importar cuánto dolor nos cause a nosotros o a otros. Sólo los que aman a Cristo más que a sus familiares más cercanos y queridos pueden ser sus discípulos.
Sin embargo, esto es totalmente diferente de las enseñanzas de diversos grupos religiosos que insisten en una separación física total de los miembros de sus familias quienes no se unen a dicha secta. Hay algunos grupos cristianos extremos que también sostienen este concepto erróneo.
