¿ALIANZA O CONQUISTA?
Los maestros de la Ley vinieron desde Jerusalén, y dijeron:
-¡Tiene a Belzebub de Su parte! Es por medio del jefe de los demonios como echa los demonios.
Jesús los llamó aparte, y les habló por medio de una alegoría:
-¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, no podrá mantenerse. Y si una casa está dividida contra sí misma, no podrá mantenerse en pie. Pues lo mismo si Satanás se levanta contra sí mismo y está dividido: no podrá mantenerse. ¡Está acabado! Nadie puede penetrar en la casa de un hombre poderoso y saquearla a manos que primero ate al poderoso: entonces sí podrá desmantelar su casa.
Los representantes oficiales del Sanedrín nunca pusieron en duda el poder de Jesús para echar demonios. No tenían por qué; porque el exorcismo era entonces un fenómeno corriente, como lo es todavía en Oriente. Lo que sí dijeron fue que el poder de Jesús era debido al hecho de que estaba en coalición con el rey de los demonios; que, como dice un comentador: «Era de acuerdo con el gran demonio como Jesús echaba a los demonios pequeños.» La gente ha creído siempre en la «magia negra», y eso era lo que pretendían que Jesús practicaba.
Jesús no tuvo dificultad en desbaratar ese argumento. La esencia del exorcismo consiste en que el exorcista invoca la ayuda de un poder superior para echar a los demonios inferiores. Así es que Jesús dijo: «¡Figuraos! Si hay una disensión interna en un reino, ese reino no puede durar mucho. Si hay peleas en una casa, esa casa no durará mucho. Si Satanás está en guerra con sus propios demonios, entonces está acabado como poder a tener en cuenta, porque ha empezado una guerra civil en su reino.» «Para decirlo de otro modo -dijo Jesús-, supongamos que alguien quiere robar en la casa de un hombre muy poderoso. No hay manera de hacerlo, hasta que haya sometido a ese hombre poderoso. Cuando le tiene bien atado, entonces podrá desmantelar sus bienes, pero no antes.» La derrota de los demonios no mostraba que Jesús estuviera aliado con Satanás, sino que las defensas de Satanás se habían resquebrajado. Se había presentado un
Nombre superior y más poderoso. La conquista de Satanás había empezado.
Dos cosas surgen de aquí.
(i) Jesús reconoce que la vida es un conflicto entre el poder del mal y el poder de Dios. No perdió el tiempo con especulaciones acerca de problemas cuya solución no podemos alcanzar los seres humanos. No se detuvo a discutir de dónde viene el mal; pero sí lo combatió de la manera más efectiva. Una de las cosas más curiosas es que pasamos mucho tiempo discutiendo el origen del mal, pero dedicamos muy poco tiempo a poner en práctica métodos para resolverlo. Alguien lo ha expresado de la siguiente manera: Supongamos que uno se despierta, y se encuentra con que en su casa se ha producido un incendio. No se sienta en una silla y se pone a leer un libro sobre » El origen de los fuegos en las casas particulares,» sino echa mano de los medios a su alcance,, y se pone a combatir el fuego. Jesús vio el conflicto esencial entre el bien y el mal que está en el centro de la vida y cebándose en el mundo. No se puso a especular acerca del mal; se enfrentó con él, y dio a otros el poder para vencer el mal y obrar el bien.
(ii) Jesús consideraba la derrota de la enfermedad como parte de la conquista del reino de Satanás. Esto es una parte esencial del pensamiento de Jesús. Él deseaba, y podía, salvar los cuerpos de las personas lo mismo que sus almas. El médico y el hombre de ciencia que se enfrentan con el desafío de la enfermedad están colaborando en la derrota de Satanás tanto como el predicador del Evangelio. El médico y el pastor no están luchando en frentes diferentes, sino en el mismo. No son rivales, sino colaboradores en la guerra de Dios contra el poder del mal.
