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Mateo 11: El acento de la confianza

(iv) Pero Juan era algo más que un profeta. Los judíos tenían, y tienen todavía, una creencia fija. Creían que antes que viniera el Mesías volvería Elías para anunciar Su llegada. Hasta el día de hoy, cuando una familia judía celebra la Pascua, dejan un asiento vacante para Elías. «Fijaos: Yo os enviaré al profeta Elías antes que llegue el Día grande y terrible del Señor» (Mal_4:5 ). Jesús declaró que Juan era nada menos que el heraldo divino cuya misión y cuyo privilegio sería anunciar la llegada del Mesías. Juan era nada menos que el heraldo de Dios, y no se puede tener una misión más gloriosa que esa.

(v) Tal fue el maravilloso tributo que Jesús dedicó a Juan con acento de admiración. No había habido nunca una figura más gloriosa en la Historia; y entonces leemos la sorprendente declaración: «Pero el más pequeñito en el Reino del Cielo es más que él.»

Aquí tenemos una verdad completamente general. Con Jesús vino al mundo algo totalmente nuevo. Los profetas eran estupendos; pero con Jesús surgió algo todavía mayor, y un mensaje todavía más maravilloso. C. G. Montefiore, un judío no cristiano, escribe: «El Cristianismo determina una nueva era en la historia religiosa y en la civilización humana. Lo que el mundo Le debe a Jesús y a Pablo es incalculable; nada puede ya ser, ni se puede ya pensar, como antes de que vivieran estos dos grandes hombres.» Hasta uno que no es cristiano tiene que admitir que ya nada puede ser lo mismo que antes de que Jesús viniera.

Pero, ¿qué era lo que le faltaba a Juan? ¿Qué es lo que tiene un cristiano que Juan no pudiera tener? La respuesta es sencilla y fundamental: Juan no vio nunca la Cruz. Por tanto, había algo que Juan no podía conocer: la plena Revelación del amor de Dios. Conocía, sí, la santidad de Dios; y podía proclamar la justicia de Dios; pero al amor de Dios en toda su plenitud no lo llegó a conocer. No tenemos más que oír el mensaje de Juan y el de Jesús. Nadie podría llamar el mensaje de Juan un evangelio, una buena noticia; era básicamente una amenaza de destrucción. Hizo falta Jesús, con Su Cruz, para mostrar a la humanidad la longitud, anchura, profundidad y altura del amor de Dios. Es algo inmensamente maravilloso que le es posible al más humilde cristiano saber más acerca de Dios que al mayor de los profetas del Antiguo Testamento. El que ha visto la Cruz ha visto el corazón de Dios de una manera que ninguno que viviera antes de la Cruz habría podido ver. Es indudable que el más pequeño en el Reino del Cielo es mayor que cualquiera que viviera antes.

Así es que Juan tuvo el destino que a veces corresponde a algunas personas; tuvo la misión de señalar a otros una grandeza en la que él mismo no pudo entrar. A algunas personas se les concede ser indicadores que señalan a Dios. Señalan hacia un nuevo ideal y una nueva grandeza en la que otros entrarán, pero ellos no. Rara vez es un gran reformador el primero que ha luchado por la reforma con la que se relaciona su nombre. Muchos que le precedieron vislumbraron la gloria, a menudo también trabajaron por ella, y aun a veces murieron por ella.

Alguien ha relatado cómo desde las ventanas de su casa solía observar todas las tardes a un farolero que pasaba por las calles encendiendo los faroles -¡y aquel farolero era ciego! Llevaba a otros la luz que él mismo no podía percibir. Que nadie se desanime si en la iglesia o en cualquier otro lugar de la vida el sueño que ha soñado y por el que se ha afanado no se materializa antes del final de su día. Dios necesitaba a Juan; Dios necesita Sus indicadores ~ que señalan el camino a la humanidad, aunque ellos no lleguen al destino que señalan.

LA VIOLENCIA Y EL REINO

Mateo 11:12-15

Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino del Cielo está en liza, y los violentos lo toman por la fuerza. Porque hasta Juan todos los profetas y la Ley hablaron con la voz de la profecía; y, si queréis aceptarlo como un hecho, este era el Elías que había de venir. El que tenga oídos para oír, que oiga.

En el versículo 12 hay un dicho muy difícil: «El Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.» Lucas tiene este dicho en otra forma: «Desde entonces es anunciado el Reino de Dios y todos entran en él violentamente» Luk_16:16 ). Está claro que en alguna ocasión Jesús debe de haber dicho algo que conectaba la violencia con el Reino, algo que no estaba claro y era difícil de entender, y que nadie entendió entonces totalmente. Es indudable que Lucas y Mateo lo entendieron de distinta forma.

Lucas dice que todos los hombres entran en el Reino al asalto; quiere decir, como comentaba Denney, que «el Reino del Cielo no es para los que tienen buenas intenciones, sino para los desesperados,» nadie entra en el Reino deslizándose, que el Reino sólo les abre sus puertas a los que están dispuestos a hacer tan gran esfuerzo para entrar como los soldados que están asaltando una ciudad.

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