11.11 Jesús hizo un contraste entre la vida espiritual y física de Juan. De todas las personas, ningún hombre cumplió el propósito de Dios mejor que Juan. Sin embargo, en el reino venidero de Dios todos los presentes tendrán una herencia espiritual mayor que la de Juan porque habrán visto y conocido a Cristo y la obra que consumó en la cruz.
11.12 Hay tres puntos de vista comunes en relación con el significado de este versículo. (1) Jesús pudo estar refiriéndose a un gran movimiento hacia Dios, que quizás comenzó cuando Juan empezó a predicar. (2) Quizás se refería al hecho de que la mayoría de los judíos esperaban que el Reino de Dios viniera por medio de un derrocamiento violento del gobierno romano. (3) O quizás quiso decir que para ingresar en el Reino se requiere coraje, fe resuelta, determinación y tolerancia debido a la persecución que se desataría contra los seguidores de Cristo.
11.14 Juan no era un Elías resucitado, pero cumplió con su rol profético con firmeza, combatió el pecado y guió a la gente hacia Dios (Mal_3:1). Véase el perfil de Elías en 1 Reyes 18.
11.16-19 Jesús condenó la actitud de su generación. Dijera lo que dijera o hiciera lo que hiciera, siempre tomaban la contraria. Eran cínicos y escépticos porque Jesús condenaba su estilo de vida cómodo, seguro y egocéntrico. Nosotros también con frecuencia buscamos justificar nuestras fluctuaciones. Tememos que hacerle caso a Dios implique cambiar la forma de vida que llevamos.
11.21-24 Tiro, Sidón y Sodoma eran ciudades antiguas con reputación de inicuas (Génesis 18-19; Ezequiel 27-28). Dios las destruyó por su maldad. Los habitantes de Betsaida, Corazín y Capernaum vieron a Jesús en persona y con todo no quisieron arrepentirse de sus pecados ni creer en El. Jesús dijo que si alguna de aquellas famosas ciudades pecadoras lo hubieran visto, se hubieran arrepentido. Por el hecho de que Betsaida, Corazín y Capernaum vieron a Jesús y no creyeron en El, sufrirían un mayor castigo que las ciudades malvadas que no lo vieron. En forma similar, aquellas naciones y ciudades que tienen iglesias en cada esquina y Biblias en cada hogar no tendrán excusa en el día del juicio si no se arrepienten y creen.
11.25 Jesús menciona dos tipos de personas en su oración: los «sabios», orgullosos de su conocimiento; y los «niños», humildemente receptivos a la verdad de la Palabra de Dios. ¿Se cree usted sabio o busca la verdad con la fe de un niño, sabiendo que Dios tiene todas las respuestas?
11.27 En el Antiguo Testamento «saber» significa más que conocer. Implica una relación íntima. La comunión entre Dios Padre y Dios Hijo es fundamental en sus relaciones. Para que otra persona pueda conocerle, Dios tiene que revelársele a través del Hijo. ¡Cuán afortunados somos de que Jesús nos ha revelado con claridad a Dios, su verdad y cómo conocerle!
11.28-30 Un yugo es un pesado aparejo de madera que se pone sobre dos o más bueyes. Se ata a cualquier cosa que se quiere que los bueyes arrastren. El «yugo pesado» que Jesús menciona aquí puede significar (1) la carga del pecado, (2) la carga de las demandas excesivas de los líderes religiosos (23.4; Act_15:10), (3) la tiranía de los gobernantes, (4) fatiga en la búsqueda de Dios. Jesús libra a las personas de estas cargas. El descanso que Jesús promete es paz con Dios, no el que uno tenga que dejar todo esfuerzo. Una relación con Dios transforma un trabajo cansador y sin sentido en productividad espiritual con propósito.
Mateo 11:1-15
Lo primero que en este pasaje llama nuestra atención, es el mensaje que Juan el Bautista envió a nuestro Señor Jesucristo. Es este: «¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?.
La pregunta no fue motivada por duda alguna o incredulidad de parte de Juan. Este la hizo para provecho de sus discípulos: para presentarles la oportunidad de que oyeran de los labios del mismo Jesús las pruebas de que su misión era divina. Sin duda Juan se había apercibido de que su ministerio había llegado a su fin. Una voz interior debió de haberle dicho que jamás saldría vivo de la cárcel en que lo encerrara Herodes; y aun no se le había olvidado la necia envidia que sus discípulos habían manifestado hacia los discípulos de Jesús, Por lo tanto, tomó aquellas medidas que podrían para siempre desvanecer esa envidia: envió a sus discípulos a que oyesen y viesen por sí mismos.
Cuando los padres de familia, los ministros, o los maestros se acercan al fin de sus días, deben principalmente pensar en el bien de las almas de los que van a dejar atrás, y su deseo más ardiente debe ser él de persuadirlos a que no se aparten del Salvador.
Lo segundo que llama nuestra atención en este pasaje es el elevado encomio que nuestro Señor hizo de Juan. Helo aquí: «No se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista.» Anteriormente Juan había reconocido a Jesús delante de los hombres como el Cordero de Dios: Jesús declara ahora que Juan es más que profeta.
Sin duda existían personas que estaban inclinadas a mirar con menosprecio al Bautista, en parte porque ignoraban la naturaleza de su ministerio, en parte porque no habían comprendido la pregunta que había mandado hacer. Nuestro Señor reduce al silencio a tales personas por medio del encomio que queda citado. Les dice que no vayan a suponer que Juan es tímido, vacilante, o veleidoso como una caña agitada por el viento; que, por el contrario, él no se intimidaba ni cejaba cuando la verdad estaba de por medio. Les dice también que no vayan a suponer que Juan era de corazón un hombre mundano y amigo del fausto y de la corte; que por el contrario era un abnegado predicador que anunciaba el arrepentimiento, y que se exponía a la ira del rey más bien que dejar de amonestarlo por sus pecados. Les hace saber, en una palabra, que Juan era más que profeta. Los otros profetas habían profetizado acerca del Mesías, pero no lo habían visto: Juan no solo profetizó acerca de El, sino lo vio cara a cara. a ellos fue dado predecir que el Mesías seria conducido como un cordero al matadero: a Juan fue dado señalarlo y decir: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo..
