Para los cristianos el encomio que nuestro Señor hizo de Juan tiene mucho de bello y de consolador, por cuanto manifiesta cuanto interés siente el Jefe de la iglesia en la vida y la conducta de sus miembros, y cuanto se complace en todos los esfuerzos que hacen en favor de su causa. Es una dulce anticipación del reconocimiento que de ellos hará en presencia del mundo congregado, cuando los presente sin mancilla ante el trono de su Padre.
Mateo 11:16-24
Estas palabras de nuestro Señor fueron motivados por el estado en que se encontraba la nación judía cuando El vivió en la tierra. Mas no solo pueden aplicarse a los Judíos sino también a nosotros.
En la primera parte de estos versículos se nos demuestra cuan injustos son la mayor parte de los incrédulos en materias de religión.
Los judíos de aquel entonces no quedaron complacidos con ninguno de los maestros que Dios les envió. Primero vino Juan Bautista predicando el arrepentimiento. Austero en sus costumbres, se retiró de la sociedad y vivía como asceta. ¿Satisfizo esto a los judíos? ¡No! Se quejaron de él y dijeron: «Tiene demonio.» Luego vino Jesús el Hijo eterno de Dios, predicando el Evangelio y viviendo como los demás hombres, sin adoptar las prácticas austeras de Juan.
Y ¿satisfizo esto a los judíos? No por cierto. Se quejaron de El también y dijeron: « He aquí un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publícanos y pecadores.»En una palabra, eran tan perversos y descontentos como hijos rebeldes.
En la segunda parte de estos versículos se nos manifiesta lo excesivamente malo de la impenitencia voluntaria. Nuestro Señor dijo que el castigo seria más tolerable a Tiro, Sidón y Sodoma en el día del juicio que a esas ciudades, cuyos habitantes habían visto sus milagros y oído su predicación mas no se habían arrepentido.
Hay algo muy solemne en estas palabras. Examinémoslas con alguna detención. Reflexionemos por un momento en lo inmorales, idólatras, corrompidas y degradadas que Tiro y Sidón deben de haber sido, y traigamos a la memoria la maldad inaudita de Sodoma. Consideremos también que Corazin, Betsaida y Capernaúm talvez no eran peores que otras ciudades judaicas, y que de todos modos eran mejores que Tiro, Sidón y Sodoma. Y observemos luego que la gente de Corazin, Betsaida y Capernaúm van a ser castigadas con mayor severidad, porque oyeron el Evangelio mas no se arrepintieron; porque se les presentaron grandes oportunidades en materias religiosas, mas no las aprovecharon. ¡Cuan terribles no son estos pensamientos! Las palabras de Jesús debieran hacer retiñir los oídos de José que oyen el Evangelio con regularidad y permanecen sin convertirse. ¡Cuan grande es su culpabilidad ante Dios! ¡Cuan grande el peligro en que se encuentran cada día! Por moral y arreglada que sea su vida son más culpables que los habitantes de Tiro, Sidón o Gomorra. Estos no poseyeron luz espiritual: a ellos se le ha dado, pero la menosprecian. Estos no oyeron predicar el Evangelio: ellos lo oyen, mas no lo obedecen. Los corazones de los últimos podrían haber sido conmovidos al oír tal predicación: los de los primeros permanecen endurecidos a pesar de ella.
Pensemos con frecuencia en Corazin, Betsaida y Capernaúm! Persuadámonos de que no basta que oigamos con placer el Evangelio: es preciso que vayamos más allá y que nos arrepintamos y convirtamos verdaderamente: es preciso que nos acojamos a Jesucristo y confiemos en él. de lo contrario estaremos siempre al bordo de un abismo.
Mateo 11:25-30
En este pasaje se nos enseña, en primer lugar, cuan laudables son la sencillez y la docilidad. Nuestro Señor dijo a su Padre: «Escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños..
Á nosotros no nos es dado explicar cómo es que algunos reciben el Evangelio, y otros no. La soberanía que Dios ejerce a este respecto es un misterio que no alcanzamos a penetrar. Mas sí, hay una verdad que nos ha sido claramente revelada en la Escritura, da saber: que a quiénes se ha ocultado el Evangelio ha sido por lo general a los que se han tenido a sí mismos por sabios y prudentes; y que a quienes se ha revelado ha sido por lo regular a los sencillos, dóciles y humildes. Constantemente se están cumpliendo las palabras de María: « a los hambrientos hinchó de bienes; y a los ricos envió vacíos.» Lucas 1.53.
Guardémonos del orgullo en todas sus formas: orgullo en cuanto al talento, la riqueza, la virtud o los merecimientos. Pidamos a Dios nos dé humildad y procuremos cultivarla. Esforcémonos por conocernos a nosotros mismos y por determinar qué lugar que debemos ocupar ante un Dios santo. Para que demos el primer paso en el camino del cielo se necesita que comprendamos que estamos en el camino del infierno, y que estemos dispuestos a que el Espíritu nos ilumine y nos enseñe. Pocas palabras repitió nuestro Señor tantas veces como estas: «El que se humilla será ensalzado.» Lucas 18.14 Se nos enseña, en segundo lugar, cuan excelso y majestuoso es nuestro Señor Jesucristo.
Las palabras de nuestro Señor a este respecto son profundas a la vez que admirables. (Véase vers. 27.) La unión que existe entre la primera y la segunda persona de la Trinidad es perfecta: la superioridad de Jesucristo respecto de todos los demás hombres es infinita. Preciso es confesar, sin embargo, que el versículo citado entraña verdades que están fuera del alcance de nuestra inteligencia.
