(iii) Así que nos encontramos cara a cara con una gran verdad amenazadora: también es un pecado no hacer nada. Hay pecados de acción, que se cometen; pero también los hay de inacción, que se omiten. El pecado de Corazín, Betsaida y Cafarnaum fue el pecado de no hacer nada. La defensa de muchos es alegar: «¡Yo no he hecho nunca nada!» Esa puede que sea su condenación.
EL ACENTO DE AUTORIDAD
Mateo 11:25-27
En aquel momento dijo Jesús:
-¡Gracias, Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, por esconderles estas cosas a los sabios y entendidos, y revelárselas a los pequeñitos! Así es, oh Padre, porque así Te ha parecido bien a Ti.
Mi Padre me ha confiado todas las cosas; y nadie conoce de veras al Hijo sino el Padre, y nadie conoce de veras al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se Le quiera revelar.
Aquí Jesús está hablando por propia experiencia, la experiencia de que los rabinos y los sabios de Su tiempo Le rechazaban, mientras que las personas sencillas Le aceptaban.
A los intelectuales no les decía nada, pero los humildes Le recibían. Debemos hacer lo posible por entender lo que Jesús quería decir aquí. Está muy lejos de condenar la actividad intelectual; lo que condena es el orgullo intelectual. Como dice Plummer: «El corazón, no la cabeza, es el hogar del Evangelio.» No es la inteligencia lo que le cierra la puerta, sino el orgullo. No es la necedad lo que le admite, sino la humildad. Uno puede ser tan sabio como Salomón; pero si no tiene sencillez, confianza e inocencia, se excluye a sí mismo.
Los mismos rabinos veían el peligro del orgullo intelectual; reconocían que a menudo la gente sencilla estaba más cerca de Dios que los rabinos más eruditos. Tenían una parábola acerca de esto: «Una vez estaba el rabino Beroká de Chuza en el mercado de Lapet cuando se le apareció Elías. El rabino le preguntó: «¿Hay alguno entre los que están en el mercado que esté destinado a participar de la vida del mundo venidero?» En un principio Elías le dijo que no había nadie; pero luego señaló a un hombre, y dijo que ese participaría de la vida del mundo venidero. Rabí Beroká se dirigió a él, y le preguntó qué hacía. «Soy carcelero -le contestó-, y mantengo separados a los hombres de las mujeres. Por las noches pongo mi cama entre los hombres y las mujeres para que no se cometa nada indebido.» Elías señaló a otros dos hombres, y dijo que ellos también participarían de la vida por venir. Rabí Beroká les preguntó lo que hacían. «Somos juglares -le contestaron-, y cuando vemos a alguno que está abatido, le animamos; y cuando vemos a dos que se están peleando, tratamos de ponerlos en paz.»» Los que hacían cosas sencillas, como el carcelero que mantenía a los presos debidamente y los que hacían aflorar la sonrisa y la paz, estaban en el Reino.
Aquí también había una historia rabínica: «Una vez se declaró una epidemia en Sura, pero en la vecindad de la residencia de Rab (un famoso rabino) no hubo ningún caso. La gente creyó que eso era debido a los méritos de Rab; pero en un sueño se les dijo… que era por los méritos de uno que había estado dispuesto a prestar una azada y una pala a otro que quería hacer una tumba. Una vez se produjo un incendio en Drokeret, pero la vecindad de rabí Huna no sufrió daño. La gente pensó que era debido a los méritos de rabí Huna,… pero se les hizo saber en un sueño que había sido por los méritos de una cierta mujer que calentaba su horno y lo ponía a disposición de sus vecinos.» El hombre que le prestó las herramientas a otro que las necesitaba, y la mujer que ayudaba a sus vecinos en lo que podía no tenían ninguna categoría intelectual, pero sus sencillas obras de amor humano ganaron la aprobación de Dios. Las distinciones académicas no son necesariamente distinciones a los ojos de Dios.
Este pasaje termina con las credenciales más gloriosas que hizo jamás Jesús, y que figuran en el centro de la fe cristiana: que El es el único que puede revelar a Dios a la humanidad. Otros puede que sean hijos de Dios; pero Él es El Hijo. Juan lo expresa de una m n poco diferente cuando nos cuenta que Jesús dijo: «El que ha visto a Mí, ha visto al Padre» (Joh_14:9 ). Lo que Jesús quiere decir es: «Si queréis ver cómo es Dios, si queréis ver la mente de Dios, el corazón de Dios, el carácter de Dios, si queréis ver la actitud total de Dios hacia la humanidad, ¡miradme a Mí!» Los cristianos estamos convencidos de que en Jesucristo y sólo en Él podemos ver cómo es Dios; y es también la convicción cristiana que Jesús puede dar ese conocimiento a todo el que sea suficientemente humilde y confiado para recibirlo.
EL ACENTO DE LA COMPASIÓN
Mateo 11:28-30
¡Venid a Mí todos los que estáis agotados y rendidos bajo el peso de vuestras cargas, y Yo os daré descanso! Asumid Mi yugo y aprended de Mí, Que soy benigno y humilde de corazón, y hallaréis el descanso de vuestras almas; porque Mi yugo es suave, y Mi carga es ligera.
