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Mateo 7: El error de juzgar

7.21 Algunos aficionados al deporte pueden «hablar» bien de lo que es un buen juego pero eso no quiere decir que pueden jugar bien. Y no todo aquel que habla del cielo pertenece al Reino de Dios. Jesús está más interesado en nuestro andar que en nuestro hablar. El quiere que hagamos lo correcto, no que solo nos expresemos con corrección. Su casa (símbolo de su vida, 7.24) resistirá las tormentas de la vida si hace lo que es correcto. Lo que usted hace no puede separarse de lo que cree.

7.21-23 Jesús desenmascaró a las personas que aparentaban ser religiosas pero no tenían una relación personal con El. En el Día del Juicio, solo nuestra relación con Cristo, nuestra aceptación de El como Señor y Salvador y nuestra obediencia a El, será tomada en cuenta. Muchas personas piensan que si son «buenas» y aparentan religiosidad serán premiadas con la vida eterna. La fe en Cristo es lo que se tendrá en cuenta en el juicio.

7.22 El juicio es el día final de ajuste de cuentas, cuando Dios castigará el pecado y premiará la fe.

7.24 Edificar «sobre la roca» es ser un discípulo atento que responde a su maestro, en vez de ser superficial e hipócrita. Practicar la obediencia se convierte en fundamento sólido para resistir las tormentas de la vida. Para leer más sobre poner en práctica lo que escuchamos, véase Jam_1:22-27.

7.26 Como una casa de naipes, la vida del necio se tambaleará. Muchas personas no buscan deliberadamente un fundamento falso o inferior sobre el cual edificar sus vidas, sino que simplemente no piensan en cuál es el propósito de sus vidas. Muchas personas enfrentan la amenaza de la destrucción, no por terquedad sino por falta de reflexión. Parte de nuestra responsabilidad como creyentes es ayudar a otros para que se detengan y piensen en el rumbo que están siguiendo sus vidas y tengan en cuenta las consecuencias de prestar atención al mensaje de Cristo.

7.29 Los escribas (eruditos en religión) solían citar autoridades para apoyar sus argumentos e interpretaciones. Pero Jesús habló con una nueva autoridad: la suya. No tenía que citar a nadie porque El es el Verbo (Joh_1:1).

SIETE MOTIVOS PARA NO ESTAR PREOCUPADO

6.25: El mismo Dios que creó la vida puede encargarse de los detalles de nuestra vida.

6.26 : La preocupación por el futuro estorba los esfuerzos del presente.

6.27 : La preocupación es más dañina que provechosa.

6.28-30 : Dios no olvida a los que dependen de El.

6.31, 32 : La preocupación es señal de falta de fe y entendimiento de quién es Dios.

6.33 : Hay metas que Dios quiere que alcancemos y la preocupación nos lo impide.

6.34 : Vivir el día de hoy nos libra de ser consumidos por la preocupación.

Mat 7:1-11

De los versículos que quedan citados los primeros forman uno de aquellos pasajes de la Escritura de los cuales han abusado los enemigos de la religión verdadera, forzando su significado y haciendo de ellos una aplicación errada. Acontece á veces que se apretan tanto las palabras de la Biblia que no producen bálsamo sino veneno Nuestro Señor no quiso decir que fuera reprensible un juicio desfavorable acerca de la conducta ó las opiniones de los demás, pues es claro que estamos en el deber de examinarlo todo y formar conceptos decididos. Ni tampoco quiere decir que sea malo reprobar los pecados y faltas de los demás en tanto que nosotros no seamos perfectos. Esa interpretación estaría en contradicción con otros pasajes de la Escritura; haría de todo punto imposible improbar el error; privaría á todos de ejercer las funciones del magistrado; la tierra quedaría abandonada en manos de los perversos; y la herejía y los atentados estarían al orden del día.

Lo que nuestro Señor se propuso condenar fue la murmuración y la costumbre de poner faltas. Esa inclinación á culpar á los demás por ofensas baladíes, ó por asuntos de ninguna significación; ese hábito de pronunciar juicios precipitados; esa propensión á ver con lente de aumento los extravíos y debilidades de nuestros prójimos –he aquí lo que nuestro Señor prohibió. Esa era una falta muy común entre los fariseos, y ha prevalecido desde aquel entonces hasta nuestros días. Todos debemos guardarnos de incurrir en ella. Con respecto á los demás debemos creerlo y esperarlo todo y no apresurarnos á censurar. Esto es lo que nos dicta la caridad cristiana. 1 Cor. 13.7.

La segunda lección que se nos enseña en este pasaje se refiere á lo importante que es ejercer circunspección en cuanto á las personas con quienes hablemos de materias religiosas. Todo ha de hacerse en su tiempo y lugar correspondientes. «No castigues* (o reprendas) al burlador,» dice Salomón, «por que no te aborrezca,» No es prudente abrir nuestro corazón á todos respecto de asuntos espirituales. Hay algunos hombres que, por tener genios violentos ó por estar entregados á los vicios, no se hallan en aptitud de formar un juicio acertado de las doctrinas del Evangelio. Mencionar el nombre de Cristo á tales gentes es verdaderamente arrojar las perlas á los cerdos. De ello no les resulta provecho sino daño, puesto que despierta todo su encono y los pone coléricos; pues son como los Judíos de Corinto (Hechos 18.6), ó como Nabal de quien dice la Escritura que era un hijo tal de Belial que nadie podía dirigirle la palabra. 1 Sam. 25.17.

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