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Mateo 7: El error de juzgar

LOS FALSOS PROFETAS

Mateo 7:15-20

¡Cuidado con los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados de ovejas, pero que por dentro son lobos rapaces! Los reconoceréis por sus frutos. Seguro que no se cosechan uvas en los espinos, ni higos de los cardos… Así es que todo buen árbol produce buen fruto; pero todo árbol estropeado da mal fruto. Un árbol bueno no puede dar mal fruto, ni el árbol estropeado dar buen fruto. El árbol que no da buen fruto, se corta y se echa al fuego. Así es que los conoceréis por sus frutos.

Casi todas las frases y las palabras de esta sección les sonarían familiares a los judíos que las oyeron por primera vez.

Los judíos ya estaban bien informados acerca de los falsos profetas. Jeremías, por ejemplo, tuvo un conflicto con los profetas que decían: «Paz, paz,» cuando en realidad no había paz (Jer_6:14 ; Jer_8:11 ). Lobos era el nombre que se les daba a los malos gobernantes y a los falsos profetas. En los malos días, Ezequiel había dicho: « Sus príncipes en medio de ella son como lobos que destrozan la presa, derramando sangre y destruyendo vidas para obtener ganancias injustas» (Eze_22:27 ). Zephaniah hace una descripción sombría del estado de cosas en Israel cuando « sus oficiales en medio de él son leones rugientes; sus Jueces son lobos nocturnos que no dejan nada para la mañana. Sus profetas son tipos altaneros y fraudulentos» (Sof_3:3 ). Cuando Pablo estaba advirtiendo en su discurso de despedida a los ancianos de Éfeso de los peligros por venir, les dijo: «Entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán al rebaño» (Hec_20:29 ). Jesús dijo que enviaba a sus discípulos como ovejas en medio de lobos (Mat_10:16 ); y hablo del Buen Pastor que protege Su rebaño de los lobos con Su vida (Jua_10:12 ). Aquí tenemos sin duda una figura que todos podrían reconocer y entender.

Aquí dice Jesús que los falsos profetas son como lobos disfrazados de oveSantiagoJas. Cuando el pastor estaba vigilando sus rebaños en las colinas, iba vestido de pieles de oveja, con la piel para fuera y el pelo por dentro. Pero uno podía llevar puesta una piel de oveja y no ser un pastor. Los profetas solían llevar un atuendo convencional. Elías se ponía un manto (1Re_19:13; 1Re_19:19 ) que estaba hecho de una piel peluda (2Re_1:8 ). El manto de piel de oveja había llegado a ser el uniforme de los profetas, lo mismo que los filósofos griegos llevaban una ropa típica. A los profetas se los podía distinguir de los demás por aquel manto característico. Pero algunas veces se lo ponían los que no tenían el menor derecho, porque Zacarías, en su descripción de los grandes días por venir, dice: «No se pondrán el manto velloso para dar el pego» (Zac_13:4 ). Había algunos que iban vestidos como profetas, pero que vivían como todo lo contrario.

Había falsos profetas en los tiempos antiguos, pero también en los del Nuevo Testamento. Mateo se escribió hacia el año 85 d.C., y en aquel tiempo los profetas eran todavía una institución en la Iglesia. No tenían residencia fija, porque lo habían dejado todo para asumir un ministerio ambulante llevando a las iglesias el mensaje que creían haber recibido directamente de Dios.

En el mejor de los casos, los profetas eran la inspiración de la Iglesia, porque eran personas que lo habían dejado todo para servir a Dios y a la Iglesia de Dios; pero el oficio de profeta se prestaba a abusos. Había quienes lo usaban para ganar prestigio y para abusar de la generosidad de las congregaciones locales, y darse así una vida confortable, y hasta de regalada pereza. La Didajé fue el primer libro de orden eclesiástico; data de alrededor del año 100 d.C.; y sus disposiciones acerca de estos profetas itinerantes son muy iluminadoras. A un verdadero profeta había que mostrarle respeto; se le debía recibir de buena gana; no había que menospreciar nunca su palabra, ni limitar su libertad nunca; pero «se quedará un día, o, si es necesario, también otro; pero si se queda tres días, es un falso profeta.» No debe pedir nunca nada más que pan. «Si pide dinero, es un falso profeta.» Todos los que se presentaban como profetas pretendían hablar en el Espíritu; pero había una prueba ácida: «Se distinguirán los verdaderos profetas de los falsos por su carácter.» «Todo profeta que enseña la verdad, si no hace lo que enseña, es un falso profeta.» Si un profeta, pretendiendo hablar en el Espíritu, manda que le pongan la mesa y le presenten una comida, es un falso profeta. «A quienquiera que diga en el Espíritu: «Dadme dinero o cualquier otra cosa,» no le hagáis caso; pero si os dice que deis a otros que tienen necesidad, que nadie le juzgue.» Si un forastero llega a una congregación y quiere quedarse allí, si tiene un oficio, «que trabaje y coma.» Si no tiene oficio, «considerad con sabiduría cómo puede vivir entre vosotros como cristiano, pero no inactivo… Y si no quiere hacerlo así, está comerciando con Cristo. Cuidado con los tales» (Didajé, capítulos 11 y 12).

La historia antigua y los acontecimientos contemporáneos hacían que las palabras de Jesús tuvieran mucho sentido para los que las oyeron por primera vez, y para aquellos a los que Mateo se las transmitió.

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