Las riquezas se mencionan de nuevo en el versículo 4. Ante el yom ‘ebrah (figurativo para la furia divina que trae la calamidad), las riquezas no sirven. Mientras tanto, la justicia o rectitud libra a la persona de la muerte prematura.
En el versículo 5 la justicia o rectitud del “maduro” hace derechísimo (el uso del modo verbal piel intensifica la acción) su camino, su vida. Por otra parte, la repetición de la raíz impiedad o maldad muestra cómo el mismo carácter malo perjudica al impío.
El versículo 6 muestra cómo la justicia protege contra las consecuencias de la maldad. En el sentido opuesto la codicia, de hauah, que significa “el deseo” en un sentido neutro, atrapa a los traicioneros que la poseen. Por lo tanto, otra vez el carácter del hombre traza su destino.
El texto hebreo para el versículo 7 es difícil. Se puede leer la segunda parte del versículo y notar que el problema gira alrededor de la palabra ‘oniym, que viene de la raíz ambigua ‘aven, que puede significar “la maldad” o “el vigor” o “la tristeza (dificultad)”. En el texto se ha aceptado la definición de la fuerza y se ha considerado que “la fuerza” del impío es su esperanza en las riquezas. También puede traducirse así: “… y la expectativa de la maldad (que se iba a realizar) perecerá.” El verbo “perecer” está en el tiempo perfecto para mostrar que es algo tan seguro como algo ya hecho. En este sentido, la expectativa ya no existe. La Septuaginta, por el otro lado, modifica el texto hebreo y construye un proverbio sinónimo: “Cuando muere el justo, su esperanza no perecerá, pero la jactancia del impío perecerá.” Este texto griego no es probable. De todos modos, la muerte es un momento decisivo donde el impío pierde todo, hasta la esperanza.
Los modales que enriquecen y empobrecen a la ciudad
El versículo 8 repite la liberación o protección del justo de la desgracia o angustia, mientras el impío llega al lugar de donde el justo fue librado. Es decir, el impío se encuentra en la desgracia.
La palabra hipócrita en el versículo 9 intenta captar la palabra hebrea janep, que se define como “el hombre que se olvida del pacto con Dios o el hombre profano que desconoce a Dios”. Job 8:13 traduce la palabra como los que se olvidan de Dios. AquellosqueactuansinDios intentan perjudicar o lastimar al prójimo, que debe sentirse seguro con él. De ese modo, tal persona traiciona al prójimo que espera una relación mutua de confianza y apoyo. De todos modos, el intento de perjudicar fracasa cuando el prójimo es una persona justa y sabia.
El versículo 10 señala dos momentos cuando una ciudad tiene mucho gozo. Por un lado, hay alegría cuando todo va bien con los justos. Por otra parte, hay alegría cuando el impío o malvado perece. La palabra utilizada aquí, rinnah, el sonido hebreo de alegría cuando perece el impío, significa un sonido o grito resonante. En Job 126:2 y 2 de Cronicas 20:22 se acentúa el concepto del verbo con canto y alabanza. Por lo tanto, suena que hay más alegría con la muerte del impío que con el bienestar del justo. Se puede pensar en la alegría de Israel cuando murió Acab o cuando murió Herodes (el Grande) entre otros. Sin duda, una tierra descansa después de la muerte de algún líder impío.
Otra vez se trata el tema de la ciudad en el versículo 11, pero ahora desde el punto de vista de su bienestar. La bendición del recto que muestra el favor y la presencia divina en su vida influye la ciudad, levantándola, enalteciéndola para bendición. Por la otra parte, las palabras mentirosas de los impíos (en el sistema legal) derriban la ciudad, es decir, la hacen caer. Así están muchas ciudades en el mundo, en un estado de estarse cayendo por causa de la impiedad.
