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1 Pedro 2: Qué dejar y qué anhelar

Esa es una cita del Salmo 118:22. En el original, hace referencia a la nación de Israel. A. K. Kirkpatrick escribe acerca de esto: «Israel es « «la piedra angular principal».» Los poderes del mundo la desecharon como inútil, pero Dios la destinó para el lugar más honorable e importante del edificio de Su Reino en el mundo. Las palabras expresan la conciencia que Israel tenía de su misión y destino en el plan de Dios.» Jesús tomó estas palabras, y Se las aplicó a Sí mismo. Parecía que era totalmente rechazado por la humanidad; pero en el propósito de Dios era la Piedra angular del edificio de Su Reino, honorable por encima de todas.

(ii) En el Antiguo Testamento hay otras referencias a esta Piedra simbólica, y los escritores de la Iglesia original las usaron para sus propósitos. El primero es Isaías 28:16: «Por tanto, el Señor Dios dice así: He aquí que Yo he puesto en Sión por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.» Aquí también se hace referencia a Israel. La piedra segura y preciosa es la relación inalterable de Dios con Su pueblo, una relación que había de culminar en la venida del Mesías. De nuevo vemos que los escritores de la Iglesia original tomaron este pasaje y Se lo aplicaron a Jesucristo como la Piedra fundamental, preciosa e inamovible de Dios.

(iii) El segundo de estos pasajes también se encuentra en Isaías: «En cuanto al Señor de los ejércitos, a Él consideraréis santo; a Él es a Quien debéis temer y reverenciar. Y Él llegará a ser por santuario; pero a las dos casas de Israel, por piedra de tropiezo y por roca de escándalo, y por lazo y red a los habitantes de Jerusalén» (Isaías 8:13-14). El sentido es que Dios está ofreciendo Su señorío al pueblo de Israel; que, para los que Le acepten, Él será santuario y salvación; pero a los que Le rechacen Se volverá un terror y una destrucción. De nuevo, los escritores de la Iglesia original tomaron este pasaje y Se lo aplicaron a Cristo. Para los que Le acepten, Jesús es Salvador y Amigo; para los que Le rechacen, juicio y condenación.

(iv) Para comprender este pasaje tenemos que incluir una referencia del Nuevo Testamento a estos pasajes del Antiguo. No parece posible que Pedro pudiera hablar de Jesús como la Piedra angular y de los cristianos como piedras vivas del edificio de una casa espiritual unida en Él sin pensar en las propias palabras que Jesús le dirigió a él. Cuando hizo su gran confesión de fe en Cesarea de Filipo, Jesús le dijo: « Tú eres Pedro, y sobre esta roca. edificaré Mi Iglesia» (Mateo 16:18). Es sobre la fe del creyente leal donde se edifica la Iglesia.

Estos son los orígenes de los cuadros de este pasaje.

La naturaleza de la iglesia

En este pasaje aprendemos tres cosas acerca de la misma naturaleza de la Iglesia.

(i) Se compara al cristiano con una piedra viva, y a la Iglesia con un edificio vivo en el que se incorporan los creyentes, las piedras vivas (versículo 5). Está claro que esto quiere decir que Cristianismo es comunidad; el cristiano individual encuentra su verdadero lugar sólo cuando es edificado en un edificio. « La religión solitaria» queda descartada como una imposibilidad. C. E. B. Cranfield escribe: «Los francotiradores cristianos, que quieren ser cristianos pero se consideran por encima de eso de pertenecer a una iglesia visible en la Tierra en ‹cualquiera de sus formas, son sencillamente una contradicción en términos.»

Hay una historia famosa acerca de Esparta. Un rey espartano presumía de las murallas de Esparta ante un rey que le visitaba.

Este miró por todas partes, pero no vio ni señal de las murallas; y le dijo al espartano: «¿Dónde están esas murallas de las que tanto presumes?» Su anfitrión le señaló sus guardaespaldas, una tropa estupenda. «Estos -le contestóson las murallas de Esparta: cada soldado, una piedra.»

La lección está clara: mientras un ladrillo esté solo, no sirve para nada; sólo es útil cuando se le incorpora a un edificio. Así sucede con el cristiano individual: para hacer realidad su destino, no debe permanecer aislado, sino ser edificado en la estructura de la Iglesia.

Supongamos que alguien dijera en tiempo de guerra: « Yo quiero defender a mi patria y defenderla de sus enemigos.» Si trata de llevar a cabo su resolución a solas, no consigue nada. Sólo puede ser eficaz en su propósito manteniéndose codo con codo con sus semejantes. Así sucede con la Iglesia. Un cristianismo individualista es un absurdo; el Cristianismo es comunidad dentro de la comunión de la Iglesia.

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