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1 Pedro 2: Qué dejar y qué anhelar

La antigua versión Reina-Valera usaba aquí una palabra confusa para los oídos modernos. Decía: « Teniendo vuestra conversación honesta entre los gentiles.» Parece que quiere decir que el cristiano siempre tiene que decir la verdad; pero la palabra que se traducía por conversación es anastrofé, que quiere decir toda la conducta de una persona, y no simplemente su manera de hablar. Eso era, de hecho, lo que quería decir la palabra conversación en los siglos XVI y XVII, y la palabra que se traducía por honesta es kalós. En griego hay dos palabras para bueno. Una es agathós, que quiere decir simplemente bueno de cualidad; y la otra, kalós, que quiere decir no solamente bueno, sino también amable -agradable, atractivo, simpático. Eso es lo que honestus quería decir en latín. Lo que Pedro está diciendo es que el cristiano debe procurar que toda su manera de vivir sea tan amable y tan buena que dé el mentís a las calumnias de sus enemigos paganos.

Aquí tenemos una verdad intemporal. Nos guste o no, todos los cristianos somos un anuncio del Evangelio; con nuestra vida hacemos que los demás lo aprecien o lo desprecien. La más poderosa fuerza misionera que hay en el mundo es la vida cristiana. En los tiempos de la Iglesia original, esta demostración del encanto de la vida cristiana era absolutamente necesaria, por las calumnias que los paganos arrojaban deliberadamente contra la Iglesia Cristiana. Veamos cuáles eran algunas de estas calumnias.

(i) En un principio, el Cristianismo estaba íntimamente relacionado con el judaísmo. Racialmente, Jesús era judío; Pablo era judío; el judaísmo fue la cuna del Cristianismo, y naturalmente muchos de sus primeros conversos eran judíos. Durante un cierto tiempo, el Cristianismo se consideraba una secta del judaísmo. El antisemitismo no es nada reciente. Friedlander da una selección de las calumnias que se repetían constantemente contra los judíos en su La vida y las maneras romanas en el primer imperio: « Según Tácito, los judíos enseñaban a sus prosélitos por encima de todo a despreciar a sus dioses, a renunciar a su patria, a dejar de querer a sus padres, hijos, hermanos y hermanas. Según Juvenal, Moisés enseñó a los judíos que no indicaran a nadie un camino, ni guiaran a un viajero sediento a la fuente, a menos que fuera judío. Apión declara que, en el reinado de Antíoco Epifanes, los judíos engordaban todos los años a un griego y le ofrecían solemnemente en sacrificio un día determinado en cierto bosque, devoraban sus entrañas y juraban eterna hostilidad a los griegos.» Este tipo de cosas eran las que los paganos estaban convencidos de que eran verdad acerca de los judíos, e inevitablemente los cristianos heredaron ese odio.

(ii) Aparte de estas calumnias dirigidas originalmente a los judíos, había otras que se les dirigían particularmente a los mismos cristianos. Los acusaban de canibalismo. Esta acusación tuvo su origen en la perversión de las palabras de la última Cena: «Esto es Mi cuerpo,» y «Esta copa es el Nuevo Pacto en Mi sangre.» A los cristianos los acusaban de matar y comer a un niño en sus fiestas.

También los acusaban de inmoralidad y hasta de incesto. Esta acusación tenía su origen en el hecho de que ellos llamaban a sus reuniones «ágapes», que quiere decir «fiestas del amor.» Los paganos pervertían ese nombre haciéndolo significar que las fiestas cristianas -eran orgías sensuales en las que se cometían obras nefandas.

A los cristianos los acusaban de estropear los negocios. Esa fue la acusación de los plateros de Éfeso (Hechos 19:21-41). Los acusaban de «inmiscuirse en relaciones familiares» porque, con frecuencia, de hecho, se dividían los hogares cuando algunos miembros de la familia se convertían y los otros no.

Los acusaban de hacer que los esclavos se volvieran contra sus amos, porque no cabe duda que el Cristianismo le daba un nuevo sentido de dignidad y aprecio a todas las personas.

Los acusaban de «aborrecer a la humanidad», porque no cabe duda que a veces los cristianos hablaban como si el mundo y la Iglesia fueran totalmente incompatibles.

Por encima de todo los acusaban de ser desleales al césar, porque ningún cristiano daría culto a la divinidad del emperador, o quemaría la pizca de incienso declarando que césar era señor; porque, para él, Jesucristo era el único Señor.

Tales eran las acusaciones que se dirigían contra los cristianos. Para Pedro no había más que una sola manera de refutarlas, y era viviendo de tal forma que la vida cristiana demostrara que estaban equivocados. Cuando le dijeron a Platón que cierto individuo había estado haciendo acusaciones calumniosas contra él, respondió: «Viviré de tal manera que nadie crea lo que ese ha dicho de mí.» Esa era también la solución de Pedro.

Jesús también había dicho, y sin duda Pedro tenía en mente Sus palabras: «Dejad que vuestra luz brille ante la gente de tal manera que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en el Cielo» (Mateo 5:16). Esta era una manera de pensar que los judíos conocían muy bien. En uno de los libros que se escribieron entre el Antiguo y el Nuevo Testamento se dice: « Si ponéis por obra lo que está bien, hijos míos, tanto las personas como los ángeles os bendecirán; y Dios será glorificado entre los gentiles por causa de vosotros, y el diablo huirá de vosotros» (Testamento de Neftalí 8:4).

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