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1 Pedro 2: Qué dejar y qué anhelar

(ii) Los cristianos son un sacerdocio santo (versículo 5). El sacerdote tenía dos características importantes.

(a) Era una persona que tenía acceso a Dios y cuya tarea consistía en llevar a Dios a otras personas. En el Antiguo Testamento ese acceso a Dios era el privilegio de los sacerdotes profesionales, y especialmente del sumo sacerdote, qué era el único que podía entrar en el Lugar Santísimo. Mediante Jesucristo, el Camino nuevo y vivo, el acceso a Dios es el privilegio de cada cristiano, por fácil que nos parezca. Además, la palabra latina para sacerdote es pontifex, que quiere decir constructor de puentes; el sacerdote es el que hace un puente o hace de puente para que otros puedan acudir a Dios; y el cristiano tiene el deber y el privilegio de traer a otros al Salvador a Quien él ha conocido y ama.

(b) El sacerdote es un hombre que presenta ofrendas a Dios. El cristiano también debe presentar constantemente sus ofrendas a Dios. Bajo la antigua dispensación, las ofrendas que se presentaban eran sacrificios animales; pero los sacrificios del cristiano son sacrificios espirituales. Hace de su trabajo una ofrenda a Dios. Todo se puede hacer para Dios; así que, hasta la tarea más sencilla se reviste de gloria. El. cristiano hace que su culto sea una ofrenda a Dios; así el culto de la casa de Dios se convierte, no en una carga, sino en un gozo. El cristiano se hace a sí mismo una ofrenda a Dios. «Presentad vuestros cuerpos -dice Pablo- como un sacrificio vivo a Dios» (Romanos 12:1). Lo que Dios desea por encima de todo es el amor de nuestros corazones y el servicio de nuestras vidas. Ese es el sacrificio perfecto que ha de hacer todo cristiano.

(iii) La misión de la Iglesia es proclamar las excelencias de Dios. Es decir: testificar a las personas acerca de las obras maravillosas de Dios. Con su misma vida aún más que con sus palabras, el cristiano debe testificar de lo que Dios en Cristo ha hecho por él.

La gloria de la iglesia

En el versículo 9 leemos acerca de las cosas de las que el cristiano es testigo.

(i) Dios ha llamado al cristiano de las tinieblas a Su gloriosa luz. El cristiano es llamado a salir de las tinieblas para entrar en la luz. Cuando uno llega a conocer a Jesucristo, llega a conocer a Dios. Ya no necesita suponer ni andar a tientas. « El que Me ha visto -dice Jesús- ha visto al Padre» (Juan 14:9). En Jesús está la luz del conocimientos de Dios. Cuando uno llega a conocer a Jesús, llega a conocer la bondad. En Cristo tiene un rasero por el que pueden medirse todas sus acciones y motivos todos. Cuando uno llega a conocer a Jesucristo, llega a conocer el camino. La vida ya no es un descampado sin sendero ni luz que guíe. En Cristo, el camino se presenta claro.

Cuando uno llega a conocer a Jesucristo, llega a conocer el poder. De poco nos serviría conocer a Dios si no recibiéramos poder para servirle. De poco nos serviría conocer la bondad si siguiéramos impotentes para alcanzarla. De poco nos serviría ver el auténtico camino si no lo pudiéramos seguir. En Jesucristo tenemos tanto la visión como el poder.

(ii) Dios ha hecho que los que no eran ni siquiera un pueblo fueran el pueblo de Dios. Aquí Pedro está citando a Oseas 1: 6, 9, 10; 2:1, 23). Esto quiere decir que el cristiano es llamado de ser una persona insignificante a ser una persona representativa. Esto es algo que sucede constantemente en este mundo: que la grandeza de una persona no depende de ella misma, sino de lo que se le ha confiado. La grandeza del cristiano depende del hecho de que Dios le ha escogido para que sea Suyo y para que haga Su obra en el mundo. Ningún cristiano es una persona ordinaria, sino un hombre o una mujer de Dios.

(iii) El cristiano es llamado de la no misericordia a la misericordia. La gran característica de las religiones no cristianas es el temor de Dios. El cristiano ha descubierto el amor de Dios, y sabe que ya no tiene que tenerle miedo, porque le va bien a su alma.

La misión de la Iglesia

Pedro usa en el versículo 9 toda una serie de frases que son un compendio de las funciones de la Iglesia. Llama a los cristianos «raza escogida, sacerdocio regio, pueblo consagrado a Dios, nación que es posesión exclusivamente Suya.» Pedro está inmerso en el Antiguo Testamento, y todas estas frases son grandes descripciones del pueblo de Israel. Proceden de dos fuentes especiales. Isaías 43:21, donde Isaías oye decir a Dios: «Este pueblo he creado para Mí.» Pero aún más, de Éxodo 19: S-6, donde se oye la voz de Dios decir: «Ahora, pues, si diereis oído a Mi voz, y guardareis Mi pacto, vosotros seréis Mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque Mía es toda la Tierra. Y vosotros Me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa.» Las grandes promesas que Dios le hizo a Su pueblo Israel se cumplen en la Iglesia, el nuevo Israel. Cada uno de estos títulos está henchido de sentido.

(i) Los cristianos somos un pueblo escogido. Aquí volvemos a la idea del pacto. Éxodo 19:5-6 es parte de un pasaje que describe cómo hizo Dios un pacto con Israel. En Su pacto, Dios le ofreció a Israel una relación especial con Él; pero ese pacto dependía de que Israel aceptara sus condiciones y guardara la Ley. La relación se mantendría sólo « si diereis oído a Mi voz, y guardareis Mi pacto» (Éxodo 19:5).

De aquí aprendemos que el cristiano es escogido para tres cosas. (a) Es escogido para un privilegio. Se le ofrece en Jesucristo una comunión nueva e íntima con Dios. Dios llega a ser su Amigo, y él el de Dios. (b) Es escogido para la obediencia.

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