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2 Pedro 1: El hombre que abría puertas

(vi) A la firmeza hay que añadir piedad. La palabra griega es eusébeía, que es imposible de traducir. Hasta piedad es inadecuada, porque conlleva a veces la sugerencia de algo que no es totalmente atractivo: la beatería. La gran característica de eusébeia es que mira en dos direcciones. La persona que tiene eusébeia siempre adora a Dios correctamente y Le da lo que Le es debido; pero también sirve siempre correctamente a sus semejantes y les da lo que les es debido. La persona que es eusebés (el adjetivo correspondiente) está en la debida relación tanto con Dios como con sus semejantes. Eusébeia es piedad, pero en su aspecto más práctico. La mejor manera de ver el significado de esta palabra será considerando al hombre que los griegos tenían como su más prístino ejemplo. Ese hombre era Sócrates, a quien Jenofonte describe como sigue: «Era tan piadoso y devotamente religioso que no daría un paso fuera de la voluntad del Cielo; tan justo y recto que jamás profirió la injuria más insignificante a ningún alma viviente; tan en control de sí mismo, tan templado, que nunca ni en ninguna situación escogió lo más agradable en lugar de lo mejor; tan sensato, tan sabio, y tan prudente que nunca erraba al distinguir lo mejor de lo peor» (Jenofonte: Memorabilia 1.5.8-11). En latín la palabra es pietas; y Warde Fowler describe la idea romana del hombre que poseía esa cualidad: «Está por encima de las seducciones de la pasión individual y de la tranquilidad egoísta; (pietas es) un sentimiento del deber que nunca abandona a la persona; en primer lugar para con los dioses, después para con el padre y la familia, el hijo y la hija; el pueblo y la nación.» i -1. Eusébeia es la palabra griega más próxima a religión; y cuando empezamos a definirla, vemos el carácter intensamente práctico de la religión cristiana. Cuando una persona se hace cristiana, asume una doble obligación: para con Dios, y para con sus semejantes.

(vii) A la piedad hay que añadir afecto fraternal. La palabra original es filadelfta, que quiere decir literalmente el amor de los hermanos. Su enseñanza es que hay una clase de devoción religiosa que separa a la persona de sus semejantes. Los derechos de sus semejantes se convierten en una intromisión en su vida de oración, de estudio de la Palabra de Dios y medi tación. Las demandas ordinarias de las relaciones humanas se hacen molestas. Epicteto, el gran filósofo estoico, no se casó nunca. Decía medio en broma que hacía mucho más por el mundo siendo un filósofo por libre que si hubiera producido « dos o tres mocosos.» « ¿Cómo puede el que tiene que enseñar a la humanidad salir corriendo para traer algo con que calentar el agua para el baño de su bebé?» Lo que Pedro está diciendo aquí es que hay algo que no funciona como es debido cuando la religión considera molestas las exigencias de las relaciones personales.

(viii) La escala de las virtudes cristianas debe culminar en el amor cristiano. El afecto a los hermanos no es bastante; el cristiano debe aspirar a un amor que es tan amplio como el amor de Dios, Que hace salir Su sol sobre los justos y los injustos, y envía Su lluvia sobre los malos y los buenos. El cristiano debe mostrar a todas las personas el amor que Dios le ha mostrado a él.

De camino

Porque, si estas cualidades existen y crecen en vosotros, no dejarán que seáis ineficaces ni improductivos en vuestro progreso hacia el pleno conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no posee estas cualidades es ciego, corto de vista, y se ha olvidado de que los pecados de su viaja manera de vivir ya están borrados. Así que, hermanos, mostrad el -máximo empeño en confirmar vuestro llamamiento y elección; porque, si practicáis estas virtudes, no resbalaréis nunca, sino se os dotará, ampliamente con el derecho de entrada al Reino eterno de nuestro Señor Jesucristo.

Pedro exhorta seriamente a los suyos a que se esfuercen por ascender esta escala de las virtudes que les ha presentado.

Cuanto mejor conocemos cualquier asunto tanto más estamos capacitados para conocer. En todas las esferas de la experiencia es cierto que «al que tiene, se le dará más.» El progreso es un camino que conduce a más progreso. Moffatt dice acerca de nosotros y de Jesucristo: «Aprendemos de Él cuando vivimos con Él y para Él.»

El mantenernos ascendiendo la escala de las virtudes es acercarnos al conocimiento de Jesucristo; y cuanto más escalamos, tanto más podemos escalar.

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