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2 Pedro 1: El hombre que abría puertas

(c) Si este conocimiento de Jesucristo no se adquiere por especulación filosófica ni por experiencia mística, ¿qué es y cómo viene? En el Nuevo Testamento, el conocimiento es característicamente un conocimiento personal. Pablo no dice: «Yo sé lo que he creído;» sino: «Yo sé en Quién he creído (2 Timoteo 1:12). El conocimiento cristiano de Cristo es una relación personal con Él; es conocerle como se conoce a una persona y entrar día a día en una relación más íntima con Él.

Cuando Pedro habla de la gracia y la paz que nos vienen por medio del conocimiento de Dios y de Jesucristo, no está intelectualizando la religión; esta diciendo que el Cristianismo quiere decir una relación personal cada vez más íntima con Jesucristo.

La grandeza de Jesucristo para la humanidad

Como Su poder divino nos ha concedido todas las cosas que son necesarias para la vida verdadera y para la verdadera religión por medio del conocimiento de Aquel Que nos llamó a Su propia gloria y excelencia; y como por medio de estos dones se nos han concedido unas promesas preciosas y grandísimas para que por ellas podamos escapar de la corrupción del mundo causada por los deseos innobles, y llegar a ser partícipes de la naturaleza divina; puesto que todo esto es así, aplicad toda vuestra energía a la tarea de equipar vuestra fe con coraje; vuestro coraje, con conocimiento; vuestro conocimiento, con autodominio; vuestro autodominio, con estabilidad; vuestra estabilidad, con piedad; vuestra piedad, con afecto fraternal; vuestro afecto fraternal, con amor cristiano.

En los versículos 3 y 4 encontramos una tremenda y comprehensiva descripción de Jesucristo.

(i) Él es el Cristo de poder. En Él radica el poder divino que no puede ser derrotado ni frustrado en última instancia. En este mundo, una de las tragedias de la vida es que el amor está con frecuencia tan falto de recursos que no puede dar lo que quiere dar, ni puede hacer lo que quiere hacer; y debe, muy a menudo, mostrarse y quedar impotente mientras la persona amada se enfrenta con el desastre. Pero el amor de Cristo siempre está respaldado por Su poder; y es, por tanto, un amor victorioso.

(ii) Él es el Cristo de la generosidad. Él nos otorga todas las cosas necesarias para la vida verdadera y la verdadera religión. La palabra que usa Pedro para religión es eusébeia, cuyo sentido característico es religión práctica. Pedro está diciendo que Jesucristo nos dice lo que es la vida y entonces nos capacita para vivirla como es debido. Él nos da una religión que no es evasión de la vida sino triunfante implicación o inserción en ella.

(iii) Él es el Cristo de preciosas y grandísimas promesas. Eso no quiere decir tanto que Él nos trae grandes y preciosas promesas como que en Él estas promesas se hacen realidad. Pablo expresa la misma idea de manera un poco diferente cuando dice que todas las promesas de Dios son Sí y Amén en Jesucristo (2 Corintios 1:20). Eso es decir que Cristo dice: «Sí, así sea,» a estas promesas; Él las confirma y garantiza. Esto se ha expresado también de la siguiente manera: Una vez que conocemos a Jesucristo, siempre que nos encontramos en la Sagrada Escritura una promesa que empieza con las palabras «quienquiera que,» nosotros podemos decirnos inmediatamente: «Ese soy yo.»

(iv) Él es el Cristo por Quien nos evadimos de la corrupción del mundo. Pedro tenía que enfrentarse con los antinomistas, que usaban la gracia de Dios como una licencia para pecar. Proclamaban que la gracia era suficientemente amplia para cubrir cualquier pecado; tergiversaban la doctrina evangélica de la justificación del pecador por la fe en Jesucristo convirtiéndola en la justificación del pecado. El que una persona hable así sólo puede significar que quiere pecar. Pero Jesucristo es la Persona que puede ayudarnos a vencer la seducción de los deseos del mundo y limpiarnos con Su presencia y poder. Mientras vivamos en este mundo, el pecado no perderá nunca del todo su fascinación sobre nosotros; pero tenemos la defensa contra ella en la presencia de Cristo.

(v) Él es el Cristo Que nos hace participantes de la naturaleza divina. Aquí Pedro está usando otra vez una expresión que los pensadores paganos conocían muy bien. Ellos hablaban mucho de participar de la naturaleza divina. Pero había esta diferencia: ellos creían que el hombre tiene una participación en la naturaleza divina en virtud de ser hombre. Todo lo que las personas tienen que hacer es vivir de acuerdo con la naturaleza divina de la que ya participan. El problema es que la experiencia lo contradice abiertamente. Por todas partes vemos amargura, odio, vicio, crimen; por todas partes vemos el fracaso moral, la impotencia y la frustración. El cristianismo dice que la humanidad puede llegar a participar de la naturaleza divina. Considera con realismo la condición humana, pero al mismo tiempo no le pone límites a su potencialidad. «Yo he venido -dijo Jesús- para que tenga vida, y la tengan en abundancia» (Juan 10:10). Como dijo uno de los primeros grandes padres de la Iglesia: « Él se hizo lo que nosotros somos para hacernos lo que El es.» El hombre tiene en sí la capacidad para participar de la naturaleza de Dios -pero esa potencialidad sólo se puede hacer realidad en Jesucristo.

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