(ii) El llamar al cristiano dulos de Dios quiere decir que está incondicionalmente a Su disposición. En el mundo antiguo, el amo podía hacer lo que quisiera con su esclavo; tenía hasta poder de vida o muerte sobre él. El cristiano no tiene derechos propios porque Se los ha rendido a Dios.
(iii) El llamar al cristiano dulos de Dios quiere decir que debe estar constantemente a Su servicio. En el mundo antiguo el esclavo no tenía literalmente tiempo propio, ni vacaciones, ni ocio. Todo su tiempo pertenecía a su amo. El cristiano no puede, ni deliberada ni inconscientemente, programar su vida con las horas y las actividades que pertenecen a Dios, y las horas y actividades en las que puede hacer lo que quiera. El cristiano es necesariamente una persona cuyos momentos todos está al servicio de Dios.
Notamos otro punto más. Pedro habla de la justicia imparcial de nuestro Dios y Salvador Jesucristo. Algunas versiones bíblicas traducen: «La justicia de Dios y de nuestro Salvador Jesucristo,» como refiriéndose a dos personas, -Dios y Jesús; pero, como deja ver bien claro la Reina-Valera, en griego se implica que hay una sola persona, y la frase se traduce conrectamente nuestro Dios y Salvador Jesucristo. Su gran interés está en que en el Nuevo Testamento rara, muy rara vez, se llama a Jesús Dios. El único paralelo verdadero de éste está: en el grito de adoración de Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»(Juan 20:28). Esta no es una cuestión a discutir; ni siquiera una cuestión de teología; para Pedro y Tomás, el llamar Dios a Jesús no era una cuestión de teología, sino una eclosión de adoración. Era sencillamente que se daban cuenta de que los términos humanos no podían contener a esta Persona que conocían como su Señor.
El supremo conocimiento
¡Que la gracia y la paz se os multipliquen por el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesucristo!
Pedro expresa esto de una manera inusual. La gracia y la paz han de venir del conocimiento, el conocimiento de Dios y de Jesucristo, nuestro Señor. ¿Hace depender la experiencia cristiana del conocimiento? ¿O tiene esto algún otro sentido? En primer lugar, veamos la palabra que usa para conocimiento (epígnósis). Se puede interpretar en dos direcciones.
(a) Puede querer decir un conocimiento creciente. Gnosis, la palabra griega normal para conocimiento, va precedida aquí de la preposición epi que quiere decir hacia, en la dirección de. Epígnósis, pues, podría interpretarse como un conocimiento que está siempre en movimiento hacia lo que desea conocer. La gracia y la paz se le multiplican al cristiano que llega a conocer a Jesucristo cada vez mejor. Como se ha expresado: «Cuanto más se da- cuenta el cristiano de lo que significa Jesucristo, tanto más capta el significado de la gracia y la experiencia de la paz.»
(b) Epígnósis tiene un segundo significado. A menudo quiere decir en griego conocimiento pleno. Plutarco, por ejemplo, la usa del conocimiento científico de la música en oposición al conocimiento del mero aficionado. Así que puede ser que lo que implica aquí sea que el conocimiento de Jesucristo es lo que podríamos llamar « la ciencia capital de la vida.» Las otras ciencias puede que contribuyan una nueva habilidad, un nuevo conocimiento, nuevas capacidades; pero la ciencia capital, el conocimiento de Jesucristo, es lo único que puede traer a la humanidad la gracia que necesita y la paz que anhela.
Hay todavía más. Pedro tiene una manera de usar palabras que eran corrientes entre los paganos de su tiempo, pero cargándolas con un nuevo significado. El conocimiento era una palabra muy utilizada en el pensamiento religioso pagano de aquellos días en que se escribió esta carta. Para tomar solamente un ejemplo: los griegos definían softa, sabiduría, como el conocimiento de las cosas divinas y humanas. Los buscadores de Dios griegos buscaban ese conocimiento por dos procedimientos principales.
(a) Lo buscaban por medio de la especulación filosófica. Trataban de alcanzar a Dios mediante el mero poder del pensamiento humano. Aquí encontraban dificultades previsibles. En primer lugar, Dios es infinito; la mente humana es finita; y lo finito no puede nunca abarcar lo infinito. Mucho tiempo ha, Zofar había preguntado: « ¿Descubrirás tú (por especulación) los secretos de Dios?» (Job ll-7). Si Dios ha de llegar a ser conocido, debe ser conocido, no porque la mente humana Le descubra, sino porque Él decida revelarse. Además, si la religión se basara en la especulación filosófica, sólo podrían aspirar a alcanzar sus alturas unos pocos, porque no todos podemos ser filósofos. Cualquiera que fuera lo que Pedro entendiera por conocimiento; no quería decir eso.
(b) Lo buscaban por la experiencia mística de lo divino hasta poder decir: « Yo soy Tú y Tú eres yo.» Este era el camino de las religiones mistéricas. Todas ellas consistían en representaciones de pasión: la historia dramáticamente representada de algún dios que sufría y moría y resucitaba. Se preparaba cuidadosamente al iniciado con la instrucción del sentido íntimo de la historia, y mediante largo ayuno y continencia, y mediante un proceso conducente a la tensión psíquica. El auto se representaba con una liturgia impresionante, una música inspiradora, unja iluminación cuidadosamente calculada y el uso de incienso. Lo que se pretendía era que el iniciado, al observarlo, entrara de tal manera en esta experiencia que llegara a identificarse con el dios que sufría, moría y resucitaba eternamente triunfante. También aquí había problemas. Por una parte, no todo el mundo es capaz de tener una experiencia mística. Por otra parte, cualquier experiencia tal es necesariamente pasajera; puede que. deje un efecto, pero no puede ser una experiencia continua. La experiencia mística es privilegio de los menos.
