Su mensaje. La conclusión obvia es que solamente con la ayuda de ese mismo Espíritu se puede comprender el mensaje profético. Como ya había dicho Pablo, las cosas espirituales se han de discernir espiritualmente (1 Corintios 2:14s). Los judíos consideraban que el Espíritu Santo tenía dos funciones: Traía la verdad de Dios a los hombres, y les permitía entender esa verdad cuando se la comunicaba. Así que la Escritura no se ha de interpretar con inteligencia o prejuicios privados, sino con la ayuda del Espíritu Santo Que la dio.
Prácticamente esto quiere decir dos cosas.
(a) A lo largo de todas las edades el Espíritu ha estado obrando en personas estudiosas y consagradas que, bajo la dirección de Dios,, han abierto las Escrituras a la humanidad. Así que, si queremos interpretar la Escritura, no debemos nunca insistir arrogantemente en que nuestra propia interpretación débe ser correcta; debemos ir humildemente a las obras de los estudiosos para aprender lo qué pueden enseñarnos porque el Espíritu les ha enseñado a ellos.
(b) Hay más que esto. El único lugar en que el Espíritu mora y opera de una manera especial es la Iglesia; y, por tanto, la Escritura debe interpretarse a la luz de la enseñanza, la fe y la tradición de la Iglesia. Dios es nuestro Padre en la fe, pero la Iglesia es nuestra madre en la fe. Si una persona encuentra que su interpretación de la Escritura no esta de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia, debe examinarse humildemente a sí misma y preguntarse si su dirección no habrá venido de sus propios deseos más que del Espíritu Santo.
Pedro insiste en que la Escritura no consiste en las opiniones privadas de nadie, sino en la revelación de Dios por medio de Su Espíritu; y que, por tanto, su interpretación no debe depender de las opiniones privadas de nadie sino siempre ser guiada por el mismo Espíritu Que sigue siendo especialmente operativo dentro de la Iglesia.
