Las palabras de los profetas
Así es que esto hace que la palabra de los profetas sea todavía más cierta para nosotros; y vosotros haréis bien en prestarle atención cuando relumbra como una lámpara en un lugar tenebroso, hasta que amanezca el día y salga la Estrella de la Mañana en nuestros corazones. Porque debéis daros cuenta, primero y principalmente, que ninguna profecía de la Escritura es cosa de interpretación privada; porque ninguna profecía se nos ha comunicado por voluntad humana a secas, sino que los profetas hablaban de parte de Dios y movidos por, el Espíritu Santo.
Este es un pasaje particularmente difícil, porque en sus dos mitades el griego puede querer decir cosas bastante iferente;. Vamos a ver estas posibilidades, y en cada caso considerare mos en primer lugar la menos probable.
(i) La primera frase puede querer decir: «En la profecía tenemos una garantía aún más segura, es decir, de la Segundá Venida:» Si esto es lo que dijo Pedro, quería decir que las palabras de los profetas son una garantía aún más segura che la realidad de la Segunda Venida que su propia experiencia en el Monde de la Transfiguración. Por muy poco probable que nos parezca, no es ni mucho menos imposible que fuera esto lo que dijera. Cuando escribió esta carta había un interés tremendo en las palabras de profecía cuyo cumplimiento en el Cristianismo se veía como una prueba de su verdad. Tenemos un caso tras otro de personas que se convirtieron en los -días de la Iglesia Primitiva leyendo los libros del Antiguo Testamento y viendo que sus profecías se habían cumplido en Jesús. Estaría de acuerdo con esa actitud el declarar que la demostración más convincente de la Segunda Venida estaba en que los profetas la habían anunciado.
(ii) Pero creemos que- ha de preferirse la segunda posibilidad: « Lo que vimos en el Monte de la Transfiguración hace aún más seguro que lo que se anunció en los profetas acerca de la Segunda Venida tiene que ser verdad.»
Como quiera que lo tomemos, el sentido es que la gloria de Jesús en la cima de la montaña y las visiones de los profetas se combinan para certificar que la Segunda Venida es una realidad viviente que la humanidad debe esperar y para la cual se debe preparar.
También hay una doble posibilidad acerca de la segunda parte de este pasaje. «Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,» como dice la Reina-Valera.
(i) Muchos de los primeros estudiosos interpretaron que esto quería decir: « Cuando cualquiera de los profetas interpretaba una situación histórica o decía cómo se iba a desarrollar la Historia, no estaba expresando una opinión privada suya propia, sino comunicando una revelación que Dios le había dado.» Este es un sentido perfectamente posible. En el Antiguo Testamento, la señal de que un profeta era falso era que hablaba por sí mismo, como si dijéramos, privadamente, y no diciendo lo que Dios le había dicho que dijera. Jeremías condena a los falsos profetas: «Hablan visión de su propio corazón, no de la boca del Señor» (Jeremías 23:16). Ezequiel dice: «¡Ay de los profetas insensatos que andan en pos de su propio espíritu y que nada han visto!» (Ezequiel 13:3). Hipólito describe así cómo venían las palabras de los verdaderos profetas: «No hablaban por su propia capacidad, ni proclamaban lo que ellos mismos deseaban que sucediera; sino, primero, se les daba recta comprensión por la Palabra, y luego eran instruidos mediante visiones.» Según este punto de vista, el mensaje de los profetas no era su opinión particular; era una revelación de Dios y, por tanto, hay que prestar suma atención a sus palabras.
