La escala de las virtudes
Consideremos la lista de virtudes que tienen que irse añadiendo las unas a las otras. Vale la pena notar que en el mundó antiguo tales listas eran muy corrientes. Era un mundo en el que los libros no eran ni muchos menos tan baratos y fáciles de adquirir como lo son ahora. La instrucción, por tanto, tenía que llevarse a cabo en la mente del alumno; y las listas que se memorizaban fácilmente eran una de las maneras más corrientes de inculcar instrucción. Una forma ingeniosa de enseñarle a un niño los nombres de las virtudes era por medio de un juego de fichas que se podían ganar o perder, cada una de las cuáles llevaba el nombre de una de las virtudes. Las listas de virtudes eran corrientes en los primeros escritos cristianos. Pablo nos da la de los frutos del Espíritu: Amor; gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fidelidad, amabilidad, dominio propio (Gálatas 5:22s). En las Epístolas Pastorales se exhorta al hombre de Dios a que se proponga la integridad, la piedad, la fe, el amor, la firmeza, la gentileza (1 Timoteo 6: I1). En El Pastor de Hermás (Visiones 3.8.1-7), fe, autodominio, sencillez, inocencia y reverencia; comprensión y amor son hijas las unas de las otras. En la Epístola de Bernabé (2), el temor y la resistencia son los ayudadores de la fe; la paciencia y el autodominio son nuestros aliados; y cuando éstos están presentes una persona puede desarrollar y poseer sabiduría, prudencia, comprensión y conocimiento. Miremos ahora una a una las etapas del crecimiento cristiano que nos da la lista de virtudes de esta carta.
(i) Empieza por la fe (pistis); todo arranca de ella. Para Pedro la fe es la convicción de que lo que Jesucristo dice es verdad y que nosotros nos podemos entregar a Sus promesas y consagrar a Sus demandas. Es de una certeza incuestionable que el camino a la felicidad y a la paz y a la fuerza en la Tierra y en el Cielo es aceptar Su palabra.
(ii) A la fe hay que añadir lo que la Reina-Valera llama virtud, y nosotros hemos llamado coraje. La palabra griega es areté; es muy rara en el Nuevo Testamento, pero es la palabra griega suprema para virtud en cualquier sentido de la palabra. Quiere decir excelencia. Tiene dos direcciones especiales en las que se mueve su sentido. (a) arete es lo que podríamos llamar excelencia operativa y eficiente. Para dar dos ejemplos de su uso tomados de esferas muy diferentes: se puede usar de una tierra que es fértil; y se puede usar de las obras poderosas de los dioses. Arete es la virtud que hace que una persona sea buena ciudadana y amiga; es la virtud que nos hace expertos en la técnica de vivir como es debido. (b) Areté quiere decir a menudo coraje. Plutarco dice que Dioses una esperanza de arete, no una excusa para la cobardía. En 2 Macabeos 6:31 leemos que Eleazar murió antes que ser falso a las leyes de Dios y de sus padres; y la historia termina con el dicho de que dejó en su muerte un ejemplo de noble coraje (arete) y un memorial de virtud, para los jóvenes y para toda la nación. En este pasaje no es necesario escoger entre los dos sentidos; están los dos ahí. La fe debe conducir, no a la vida retirada del claustro o la celda, sino a una vida efectiva en el servicio de Dios y de la humanidad; y debe conducir al valor de mostrar siempre a Quién se pertenece y sirve.
(iii) Al coraje debe añadirse conocimiento. La palabra griega es gnósis. En el lenguaje ético griego hay dos palabras que tienen un significado similar aunque con una diferencia significativa. Sofía es sabiduría, en el sentido de «conocimiento de las cosas divinas y humanas y de sus causas.» Es el conocimiento de las primeras causas y de las cosas profundas y últimas. Gnósis es conocimiento práctico; es la habilidad de aplicar el conocimiento último que da sofía a las situaciones particulares. Gnósis es el conocimiento que le permite a una persona decidir rectamente y actuar honorable y eficazmente en las circunstancias de la vida cotidiana. Así que a la fe hay que añadirle coraje y eficacia; al coraje y la eficacia debe añadírseles la sabiduría práctica para andar por la vida.
(iv) Al conocimiento práctico hay que añadir autocontrol o dominio propio. La palabra griega es enkráteia, que quiere decir literalmente la habilidad de tener las riendas de uno mismo. Ésta es una virtud de la que hablaron y pensaron y escribieron mucho los griegos. Con respecto a la persona y sus pasiones Aristóteles distingue cuatro estados en la vida. Está sófrosyné, en la que la pasión ha sido totalmente sojuzgada a la razón; podríamos llamarla perfecta templanza. Está akolasía, que es precisamente lo opuesto; es el estado en el que la razón está totalmente sometida a la pasión; podríamos llamarlo concupiscencia incontrolable. Entre estos dos estados está akrasía, en la que la razón lucha pero la pasión prevalece; podríamos llamarlo incontinencia. Está enkráteia, en la que la razón lucha contra la pasión y prevalece; lo llamamos autocontrol, o dominio propio. Enkráteia es una de las grandes virtudes cristianas; y el lugar que ocupa es un ejemplo del realismo de la ética cristiana. Esa ética no contempla una situación en la que una persona está desposeída de toda pasión, sino una situación en la que las pasiones permanecen, pero están bajo perfecto control y a su servicio, y no como sus tiranas.
