«Bienaventurado el hombre al que Dios corrige; por tanto, no menosprecies la reprensión del Todopoderoso» (Job 5:17). «Somos castigados por el Señor para que no seamos condenados con el mundo» (1 Corintios 11:32): « «Hijo mío, no tengas en poco que el Señor te eduque ni te desanimes cuando te reprende; porque el Señor educa a los que ama y da azotes a los hijos que reconoce por Suyos.» Lo que soportáis os educa, Dios os trata como a hijos ; y ¿qué hijo hay a quien su padre no corrija? Si os eximen de la corrección, que es patrimonio de todos, será que sois bastardos y no hijos» (Hebreos 12:6,8, NBE). « El que ama a su hijo persevera en aplicarle el vergajo para que después le produzca alegría. El que castiga a su hijo le hará un hombre de provecho, y estará orgulloso de él entre sus conocidos» (Eclesiástico 30:1 s).
De hecho, el último castigo de Dios es dejar por imposible a una persona. « Efraín se ha dado a los ídolos, ¡déjale!» (Oseas 4:17). Un hombre de Dios oraba: « ¡Señor, castíganos; pero no Te desentiendas de nosotros!» Dice Trench: «El Gran Constructor rectifica y pule con muchos golpes de cincel y de maza las piedras que acabarán por ocupar un lugar en los muros de la Jerusalén celestial… Es de las uvas aplastadas, y no de las intactas, de las que se destila el mejor licor.» No hay método más seguro de conseguir que un chico acabe en la ruina que dejarle hacer lo que le dé la gana. Es un hecho que el mejor atleta y el mejor investigador son los que han soportado el entrenamiento más rigoroso. La disciplina de Dios no es algo que debamos resentir, sino algo por lo que debemos sentirnos sinceramente agradecidos.
Laodicea, el cristo que llama a la puerta
En el versículo 20 tenemos una de las figuras más famosas de Jesucristo en el Nuevo Testamento. « Fíjate: Yo estoy a la puerta, llamando.» Esta figura se deriva de dos fuentes diferentes.
(i) Se ha tomado como una advertencia de que el fin está cerca, y la Segunda Venida de Cristo está próxima. El cristiano debe estar preparado para abrir la puerta en cuanto oiga que su Señor está llamando (Lucas 12:36). Cuando las señales se produzcan, el cristiano sabrá que el tiempo del fin está cerca, a la puerta (Marcos 13:29; Mateo 24:33). El cristiano debe vivir como Dios manda y en amor, porque el Juez está a las puertas (Santiago 5: 9). Es verdad que el Nuevo Testamento usa esta figura para expresar la inminencia de la Segunda Venida de Cristo. Si es eso lo que se representa aquí, esta frase contiene una advertencia, y les dice a las personas que tengan cuidado, porque Jesucristo, el Juez y Rey, está a la puerta.
(ii) No podemos decir que ese sentido sea imposible; pero no parece encajar en el contexto, porque la atmósfera del pasaje no es tanto de advertencia como de amor. Es mucho mejor tomar este dicho de Jesús como una apelación del Amado a las almas. El origen del pasaje es mucho más probable que sea Cantares 5:2-6, donde se representa al Amado a la puerta de su amada rogándole que le abra. « ¡Atención! ¡Mi amado está llamando! «Ábreme, hermana mía, mi amor, paloma mía, encanto mío, que tengo la cabeza cubierta de rocío, y los cabellos del relente de la noche.»» Bien supo Lope de Vega, en su soneto emblemático, identificar al Amado -o, más bien, el Amante- del Cantar de los Cantares con el Cristo del Apocalipsis llamando a la puerta de los corazones esquivos de las personas.
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? ¿Qué interés se Te sigue, Jesús mío, que a mi puerta, cubierto de rocío, pasas las noches del invierno oscuras? ¡Ah, cuánto fueron mis entrañas duras pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío, si de mi ingratitud el hielo frío secó las llagas de Tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía: «Alma, asómate agora a la ventana, verás con cuánto amor llamar porfía!» ¡Y cuántas, hermosura soberana, «Mañana Le abriremos,» respondía, para lo mismo responder mañana! Hay aquí algunas cosas esenciales a la religión cristiana. (a) Vemos a Jesús rogando. Está a la puerta del corazón humano y llama. El hecho exclusivamente nuevo que trajo el Cristianismo a este mundo es que Dios está buscando a los hombres. Ninguna otra religión presenta así a Dios.
Donald Baillie cita a tres testigos en su libro Out of Nazareth que atestigüen el carácter exclusivo de esta concepción. Montefiore, el gran investigador judío, decía que la única cosa que ningún profeta o rabino judío concibió jamás es «la con cepción de Dios saliendo de hecho a buscar a los hombres pecadores, que no sólo no Le estaban buscando, sino que Le habían vuelto la espalda.» El Consejo Nacional Cristiano de Japón encontró en un documento que la diferencia cualitativa del Cristianismo respecto a las otras religiones es: «Que no es el hombre el que busca a Dios, sino Dios Quien toma la iniciativa en buscar al hombre.» Allá por el siglo XII, Bernardo de Claraval solía decirles a sus monjes que « por mucho que madrugaran y se levantaran para la oración en la capilla en una fría mañana de invierno, y aun en medio de la noche, siempre encontrarían a Dios esperándoles -sí, era Él Quien los habría despertado para que buscaran Su rostro.»
