Los cristianos creían que la nación judía había perdido su lugar en el plan de Dios, y que su posición había pasado a la Iglesia. Un judío, en el sentido de Dios de ese término, no era el que pretendiera ser descendiente directo de Abraham, sino el que, de cualquier nación que fuera, había hecho la misma decisión de fe que hizo Abraham (Romanos 9:6-9). La Iglesia era el Israel de Dios (Gálatas 6:16). Era por tanto cierto que todas las promesas que se le habían hecho a Israel las había heredado la Iglesia. Era a ella a la que se humillarían algún día todos los hombres en señal de sumisión. Esta promesa es el reverso de todo lo que los judíos habían esperado, que era que las naciones se arrodillarían ante ellos; pero el día había de venir cuando ellos, entre todas las naciones, se arrodillarían ante Cristo.
Eso era lo que la iglesia filadelfia habría de ver, al menos en sus principios, si sus miembros eran fieles. Hasta ese momento lo habían sido. En una frase: «Has guardado Mi Palabra, y no has negado Mi Nombre,» ambos verbos están en el aoristo, que describe una acción determinada en el pasado; lo que implica que había habido un tiempo de prueba del que la iglesia filadelfia había salido realmente victoriosa. Puede que tuvieran sólo un poco de fuerza; sus recursos puede que fueran reducidos; pero, si son fieles, verán el albor del triunfo de Cristo.
Aunque pocos, pequeños y débiles seáis, sed fuertes en la fuerza de vuestro Capitán, lanzaos a la conquista de las regiones todas: ¡todas Suyas serán!
Lo que tiene que mantener fiel a un cristiano es la visión de un mundo para Cristo, porque tal gloriosa perspectiva depende de la fidelidad del cristiano individual.
Filadelfia, los que guardan son guardados
La promesa del Cristo Resucitado es que todos los que guardan serán guardados. « Tú has guardado Mis mandamientos -dice-, y por tanto Yo te guardaré.» Esto nos recuerda un dicho español que suele enunciarse así: «Dice Dios: «Guárdate, y te guardaré.»» No sabemos dónde ni cuándo dijo Dios eso; pero está de acuerdo con Su Palabra. La lealtad tiene una recompensa segura. En el versículo 10, en griego, la frase Mi mandamiento de resistir es sumamente comprimida. Literalmente se traduciría la palabra de Mi resistencia (Cp. R-V: la palabra de mi paciencia). El sentido real es que la promesa es para los que han practicado la misma clase de resistencia que desplegó Jesús en Su vida terrenal.
Cuando somos llamados a desplegar resistencia, la resistencia de Jesucristo nos suple de tres cosas. Primera, nos provee un ejemplo. Segunda, nos aporta una inspiración. Debemos caminar mirándole a Él, Que por el gozo que Le fue propuesto soportó la Cruz despreciando la vergüenza (Hebreos 12:1 s). Tercera, la resistencia de Jesucristo es la garantía de Su simpatía hacia nosotros cuando se nos llama a resistir. «Porque, por cuanto Él mismo padeció el ser tentado, puede siempre socorrer a los que son tentados» (Hebreos 2:18).
En el versículo 10 nos encontramos de nuevo con creencias típicamente judías. Como ya hemos visto a menudo, los judíos dividían el tiempo en dos edades: la presente, que es totalmente mala, y la por venir, que es totalmente buena, entre las cuales hay un tiempo de destrucción cuando caiga el juicio sobre el mundo. A ese tiempo se refiere aquí Juan. Hasta cuando el tiempo llegue a su fin, y el mundo, tal como lo conocemos, deje de existir, el que sea fiel a Cristo estará a salvo bajo Su protección.
Filadelfia, promesa y advertencia
En el versículo 11 se combinan la advertencia y la promesa. El Cristo Resucitado les dice que está para venir pronto. Se ha dicho que en el Nuevo Testamento la Segunda Venida de Cristo se presenta con dos propósitos.
(i) Como una advertencia para los descuidados. Jesús mismo habla del siervo malvado, que se aprovechó de la ausencia de su amo para comportarse malvadamente, y cuyo amo volvió repentinamente sometiéndole a juicio (Mateo 24:48-51). Pablo advierte a los tesalonicenses del terrible castigo que les espera a los desobedientes e incrédulos cuando Jesucristo sea revelado desde el Cielo y obtenga una victoria rápida y definitiva sobre Sus enemigos (2 Tesalonicenses 1:79). Pedro advierte a los suyos que tendrán que dar cuenta de sus acciones al Que viene a juzgar a los vivos y a los muertos (1 Pedro 4:5).
(ii) Se utiliza como un consuelo para los oprimidos. Santiago exhorta a la resistencia paciente a sus fieles porque la Venida del Señor se aproxima (Santiago 5:8); pronto llegará el final de sus angustias. El autor de Hebreos exhorta a la paciencia, porque muy pronto vendrá el Que ha de venir (Hebreos 10:37).
