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Apocalipsis 3: La carta a Sardes

No tenemos que escoger entre estos diversos significados; bien podemos creer que están incluidos todos en la grandeza de esta promesa.

(ii) Sus nombres no serán borrados del Libro de la Vida. El Libro de la Vida es una concepción que se encuentra a menudo en la Biblia. Moisés estaba dispuesto a que su nombre fuera borrado del libro que Dios había escrito si su sacrificio pudiera salvar a su pueblo de las consecuencias de su pecado (Éxodo 32:32s). El salmista esperaba que los malvados fueran borrados del libro de los vivientes (Salmo 69:28). Cuando llegue el juicio, los que estén escritos en el Libro de la vida serán librados (Daniel 12:1). Los nombres de los colaboradores de Pablo están escritos por Dios en el Libro de la Vida (Filipenses 4:3). El que no esté escrito en el Libro de la Vida será arrojado al lago de fuego (Apocalipsis 20:15); solo los que estén escritos en el Libro de la Vida del Cordero entrarán en la bendición eterna (Apocalipsis 21:27).

En el mundo antiguo los reyes guardaban un registro de sus ciudadanos. Cuando uno cometía un crimen contra el estado, o cuando moría, se tachaba su nombre de ese registro. El que el nombre de uno fuera escrito en el Libro de la Vida era que le contaran entre los fieles ciudadanos del Reino de Dios.

(iii) Jesucristo confesará sus nombres ante Su Padre y Sus ángeles. Jesús prometió que al que Le confesara delante de los hombres, Él le confesaría delante de Su Padre; y al que Le negara, Él también le negaría delante de Su Padre (Mateo 10:32s; Lucas 12: 8s). Jesucristo es eternamente fiel con la. persona que Le es fiel.

La carta a Filadelfia

Escribe al ángel de la Iglesia de Filadelfia. Estas cosas te las dice el Que es santo, el Que es verdadero, el Que tiene la llave de David, el Que abre de manera que nadie puede cerrar, y cierra de manera que nadie puede abrir. Yo conozco tus obras. Fíjate: Yo te presento una puerta que permanece abierta y que nadie puede cerrar; porque tienes un poco de fuerza, y porque has guardado Mi Palabra, y no has negado Mi Nombre. Fíjate: Yo te entregaré a los que pertenecen a la sinagoga de Satanás, que se tienen por judíos sin serlo, sino que mienten. Fíjate: Yo los haré venir a arrodillarse a tus pies, para que se enteren de que Yo te he amado. Como tú has guardado mi mandamiento de mantenerte firme, Yo también te mantendré a salvo en la hora de la prueba que ha de venir sobre todo el mundo habitado para poner a prueba a todos los que moran en la tierra. Yo vengo pronto. Retén lo que tienes, para que nadie te prive de tu corona. Al que obtenga la victoria Yo le haré un pilar en el templo de Mi Dios para que ya nunca tenga que salir, – y escribiré sobre él el Nombre de Mi Dios y el nombre de la ciudad de Mi Dios, de la nueva Jerusalén que desciende del Cielo de Mi Dios, y Mi Nombre nuevo. El que tenga oídos, que preste atención a lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias.

Filadelfia la ciudad de la alabanza

Filadelfia era la más joven de las siete ciudades. La habían fundado unos colonizadores de Pérgamo en el reinado de Atalo II, que reinó en Pérgamo de 159 a 138 a.C. Filádelfos quiere decir en griego el que ama a su hermano. Tal era el amor que Atálo le tenía a su hermano Eumenes que se llamó Filadelfo, y de él tomó su nombre la ciudad.
Fue fundada con un propósito especial. Estaba situada en la confluencia de las fronteras de Misia, Lidia y Frigia. Pero no fue para ser una ciudad guarnición para lo que fue fundada, porque no había muchos peligros en la zona, sino con la intención deliberada de que fuera misionera de la cultura y lengua griega hacia Lidia y Frigia; y tan bien cumplió su misión que hacia el año 19 d.C. los lidios ya habían olvidado su propio lenguaje y les faltaba poco para ser griegos. Ramsay dice que Filadelfia era «el centro de difusión de la lengua y de las letras griegas en una tierra pacífica y por medios pacíficos.» Eso es lo que el Cristo Resucitado quiere decir cuando habla de la puerta abierta que les presenta a los cristianos filadelfos. Tres siglos antes se le había dado a Filadelfia una puerta abierta para que extendiera las ideas griegas en las tierras de más allá, y ahora se le presentaba otra oportunidad misionera todavía más gloriosa: la de llevar el Mensaje del amor de Jesucristo a los que no lo conocían.

Filadelfia tenía una característica que ha dejado su impronta en la carta. Estaba al borde de una gran llanura que se llamaba la Katakekaumené, que quiere decir la Tierra Quemada. La Katakekaumené era una gran llanura volcánica en la que quedaban las señales de la lava y de las cenizas de los volcanes ya extintos. Tal tierra era fértil; y Filadelfia era el centro de una gran área vitícola y de producción de vinos. Pero tal situación tenía sus peligros, que también habían dejado sus señales en Filadelfia más profundamente que en ninguna otra ciudad. El año 17 d.C. se produjo un gran terremoto que destruyó Sardes y otras diez ciudades. En Filadelfia se siguieron produciendo temblores de tierra durante otros muchos años; Estrabón la describe como cuna ciudad propensa a los terremotos.»

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