En el Nuevo Testamento se usaba la idea de la Segunda Venida como una advertencia a los descuidados y como un consuelo para los oprimidos. Es absolutamente cierto que, literalmente, Jesucristo no volvió cuando Le esperaban aquellos a los que se les advirtió y exhortó; pero nadie sabe cuándo la eternidad invadirá el tiempo y Dios le llamará a levantarse e ir; y que se debe advertir a los descuidados para que estén preparados para salir al encuentro de su Dios, y animar a los oprimidos con la perspectiva de la gloria que está por venir al alma fiel.
Hay aquí otra advertencia. El Cristo Resucitado manda a los filadelfios que retengan lo que tienen, para que nadie les prive de su corona (versículo 11). No se trata de que nadie les robe la corona que les pertenece, sino de que Dios se la retire y se la dé a algún otro porque no sean dignos de llevarla. Trench hace una lista de personas de la Biblia que tuvieron que cederle su lugar a otros porque habían dado muestras de que no eran aptos para ocuparlo. Esaú perdió su posición ante Jacob (Génesis 25:34; 27:36); Rubén, inestable como el agua, ante Judá (Génesis 49:4,8); Saúl, ante David (1 Samuel 16:1,13); Sebna, ante Eliaquim (Isaías 22:15-25); Joab y Abiatar perdieron sus puestos ante Benaía y Sadoc (1 Reyes 2:25,35); Judas, ante Matías (Hechos 1:25s); y los judíos perdieron su posición ante los cristianos gentiles (Romanos 11:11).
Aquí hay una tragedia. A veces sucede que se le da a alguien una tarea a realizar que él emprende con la mayor esperanza; pero se empieza a ver que es demasiado pequeño ante la tarea y se le descalifica, dándosele esta a otro. Eso también sucede con la obra del Señor. Dios tiene una tarea para cada persona; pero si esta resulta incapaz de realizarla, se le dará a otra.
Es benditamente cierto que uno se puede redimir hasta de un fracaso -pero sólo si se rinde incondicionalmente a la gracia de Jesucristo.
Filadelfia, muchas promesas
En el versículo 12 encontramos las promesas del Cristo Resucitado a los que Le son fieles. Son muchas, y la mayor parte de ellas resultarían perfectamente claras y reales para los creyentes de Filadelfia.
(i) El cristiano fiel será un pilar en el Templo de Dios. Un pilar de la Iglesia es un soporte grande y honorable. Se nos dice que Pedro, Santiago y Juan eran los pilares de la Iglesia original de Jerusalén (Gálatas 2:9). Abraham decían los rabinos judíos que era el pilar del mundo.
(ii) El cristiano fiel no tendrá que salir más. Esto puede que tenga dos sentidos.
(a) Puede que sea una promesa de seguridad. Ya hemos visto que Filadelfia vivió durante años aterrada ante la perspectiva de terremotos recurrentes, y que cuando llegaban esos momentos sus ciudadanos salían huyendo a espacios abiertos para salvar la vida, y volvían aquejados de inseguridad cuando los terremotos pasaban. Se vivía en una atmósfera de inseguridad. Se da la promesa al fiel cristiano de una estabilidad serena en la paz que Jesucristo provee.
(b) Algunos investigadores creen que lo que se promete aquí es la firmeza de un carácter moral. En esta vida, hasta los mejores entre nosotros somos malos a veces; pero el que es fiel a Jesucristo llegará un tiempo en que sea como un pilar puesto en el Templo de Dios y la bondad será la atmósfera constante de su vida. Si este es el sentido, esta frase describe la vida de bondad inalterable que se vive cuando, después de las batallas de la tierra, alcanzamos la presencia de Dios.
(iii) El Cristo Resucitado escribirá en el cristiano fiel el nombre de Su Dios. Aquí puede haber tres referencias.
(a) En las ciudades de Asia Menor, y en Filadelfia, cuando moría un sacerdote después de una larga vida de fidelidad, se le honraba erigiendo un nuevo pilar en el templo en que hubiera servido e inscribiendo su nombre y el de su padre en él. Así es que esto podría referirse al honor permanente que confiere Cristo a Sus fieles servidores.
(b) También es posible que haga referencia a la costumbre de marcar con hierro candente a los esclavos con las iniciales de su amo para mostrar a quién pertenecían. De la misma manera Dios pondrá Su marca en Sus fieles servidores. Cualquiera que sea la figura aquí, el sentido es que los fieles llevarán la señal inconfundible de pertenecer a Dios.
