Cuando Ezequías se dio cuenta de que Senaquerib estaba a punto de invadir Palestina, decidió abrir un túnel o conducto en la roca sólida desde la fuente hasta la ciudad (2Ch_32:2-8; 2Ch_32:30 ; Isa_22:9-11 ; 2Ki_20:20 ). Si se hubiera trazado en línea recta habría tenido unos 350 metros de largo; pero, como lo hicieron en zigzag, ya fuera siguiendo las grietas de la roca o para evitar lugares sagrados, el conducto tiene de hecho unos 580 metros. En algunos lugares no tiene más que 60 centímetros de alto, pero como térn-fino medio alcanza los dos metros. Los ingenieros empezaron a cortar por los dos extremos, y se encontraron en medio, una verdadera hazaña con los medios de que disponían.
En 1880 se descubrió una lápida que conmemoraba la terminación del túnel. Lo descubrieron accidentalmente dos muchachos que estaban vadeando el estanque. Lo cuenta así: «La perforación se ha completado. Esta es la historia completa. Mientras los obreros seguían trabajando con el pico, cada uno en dirección a su compañero, y cuando no faltaban más que tres codos para encontrarse, cada uno oyó la voz de su compañero llamándole, porque había una grieta en la roca al lado derecho. Y el día que se terminó la perforación, los picapedreros cortaron cada uno para llegar al encuentro del otro, pico contra pico; y fluyeron las aguas al estanque mil doscientos codos, y la altura de la roca sobre las cabezas de los obreros era de cien codos.»
El estanque o piscina de Siloé era el lugar de la ciudad al que confluía el túnel que traía el agua desde la fuente de la Virgen. Era un depósito de siete por diez metros. Así fue como obtuvo su nombre: lo llamaron Siloé (que, como se ha dicho, quería decir enviado) porque el agua se enviaba por aquel conducto a la ciudad. Jesús envió al hombre a lavarse en el estanque; y éste se lavó y recibió la vista. Después de curarse tuvo algunas dificultades para convencer a la gente de la realidad de su curación; pero mantuvo con toda firmeza su testimonio de que Jesús había sido el Que había realizado el milagro.
Jesús sigue haciendo cosas que les parecen a los incrédulos demasiado maravillosas para ser verdad.
PREJUICIO Y CONVICCIÓN
Juan 9:13-16
Llevaron al que había estado ciego a presencia de los fariseos. El día en que Jesús había hecho el barro y le había abierto los ojos había sido un sábado, así es que los fariseos le interrogaron acerca de cómo había recuperado la vista. Y él les contestó:
-ÉL me puso barro en los ojos, y me lavé, y ahora ya puedo ver.
-Ese no puede ser de Dios -dijeron algunos de los fariseos-, porque no observa el sábado.
-Pero -decían otros-, ¿cómo es posible que un hombre pecador haga tales señales?
Y hubo una división de opiniones entre ellos. Luego le dijeron al que había estado ciego:
-¿Tú qué opinas de Él, puesto que te abrió los ojos?
-Pues que es un profeta -contestó él.
Aquí surge el inevitable problema. Era un sábado el día en que Jesús hizo el barro y curó al ciego. No cabía duda de que Jesús había quebrantado la ley del sábado que los escribas tenían tan sistematizada, y de tres maneras diferentes.
(i) Al hacer el barro había sido culpable de trabajar en sábado, porque la cosa más sencilla constituía un trabajo ese día. Veamos algunas de las cosas que estaba prohibido hacer en sábado: «No se puede llenar un cacharro de aceite y ponerlo al lado de una lámpara y meter la mecha en él.» «Si se apaga una lámpara el sábado para ahorrar lámpara o aceite o mecha, se comete pecado.» «Uno no puede salir el sábado con sandalias reforzadas con clavos.» (El peso de los clavos constituiría una carga, y el llevar cargas era quebrantar el sábado). Uno no podía cortarse las uñas, ni el pelo de la cabeza o de la barba. Estaba claro que a los ojos de una ley así, hacer barro era quebrantar el sábado.
(ii) Estaba prohibido curar en sábado. Se podía prestar atención médica solamente si la vida estaba en peligro; pero, aun entonces, tenía que limitarse a mantener vivo al paciente o evitar que se empeorara, sin hacer nada para mejorarle. Por ejemplo: uno que tuviera dolor de muelas no podía sorber vinagre entre los dientes. Estaba prohibido entablillar un miembro roto. «Si uno se disloca la mano o el pie, no le puede echar agua fría.» No cabía duda de que el que había nacido ciego no estaba en peligro de muerte, así es que Jesús quebrantó el sábado al curarle.
(iii) Estaba establecido específicamente: «En cuanto a la saliva de la mañana, no se permite ni ponerla en los párpados.»
Los fariseos eran el ejemplo típico de esas personas que, en cualquier generación, condenan a todos los que tienen una idea de la religión distinta de la suya. Pensaban que la suya era la única manera de servir a Dios. Pero había algunos entre ellos que pensaban de otro modo, y declaraban que nadie que hiciera las cosas que hacía Jesús podía ser un pecador.
