Había dos clases de excomunión. Una era la proscripción, el jérem, que suponía la expulsión de la sinagoga de por vida. En tal caso se le anatematizaba públicamente, maldiciéndole en presencia del pueblo y excluyéndole de Dios y de la sociedad. Había otra sentencia de excomunión que podía durar un mes u otro período establecido. Lo terrible de tal situación era que se apartaba a la persona, no sólo de la sinagoga, sino hasta de Dios. Por eso los padres de este hombre respondieron que su hijo ya era suficientemente mayor para dar testimonio ante la ley y cuenta de sí mismo. Los fariseos estaban tan envenenados de odio contra Jesús que estaban dispuestos a llegar a lo peor que han llegado las autoridades eclesiásticas algunas veces; es decir, a usar el procedimiento eclesiástico para hacer prevalecer sus propósitos.
(iii) Están los fariseos. En un principio no se habían creído que el hombre había estado ciego; es decir: que habían sospechado que aquello había sido un «milagro» amañado entre Jesús y él. Además, estaban al tanto de que la misma Ley reconocía que un falso profeta podría realizar falsos milagros para confirmar sus propios falsos fines Deu_13:15 advierte contra el peligro del falso profeta que realiza falsos milagros para apartar al pueblo tras dioses extraños). Así es que los fariseos empezaron por tener sospechas. De ahí pasaron a intimidar al hombre: «¡Da gloria a Dios! -le dijeron-. ¡Sabemos que ese Hombre es un pecador!» «¡Da gloria a Dios!» era la frase que se usaba en los interrogatorios con el sentido de: «¡Di la verdad, en la presencia y en el nombre de Dios!» Cuando Josué interrogó a Acán acerca del pecado que había traído la derrota a Israel, le dijo: «¡Hijo mío, da gloria al Señor Dios de Israel, y dale alabanza; y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras» Jos_7:19 ).
Se pusieron furiosos porque no podían oponer nada al razonamiento del hombre, que estaba de acuerdo con la Escritura: «Jesús ha hecho una obra maravillosa; esto demuestra que Dios Le oye; Dios no oye nunca las oraciones de los malos; por tanto, Jesús no puede ser malo.» El hecho de que Dios no oye la oración de una mala persona es una de las ideas fundamentales del Antiguo Testamento. Hablando del hipócrita, dice Job: «¿Oirá Dios su clamor cuando la tribulación viniere sobre él?» Job_27:9 ). El salmista dice: «Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado» Psa_66:18 ). Isaías oye a Dios decirle al pueblo pecador: «Cuando extendáis vuestras manos -los judíos oraban con los brazos extendidos y las palmas de las manos vueltas hacia arriba-, Yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo, cuando multipliquéis la oración, Yo no oiré; porque vuestras manos están llenas de sangre» (Isa_1:15 ). Ezequiel dice del pueblo desobediente: «Aunque Me griten en los oídos, no los oiré» (Eze_8:18 ). Por el contrario, creían que Dios oye siempre la oración de los que son buenos. «Los ojos del Señor están sobre los justos, y atentos Sus oídos al clamor de ellos» (Psa_34:15 ). «Cumple el deseo de los que Le temen; oye asimismo el clamor de ellos y los salva» (Psa_145:19 ). «El Señor está lejos de los impíos; pero Él oye la oración de los justos» (Pro_15:29 ). El que había estado ciego hizo un razonamiento que los fariseos no podían contradecir.
Ante aquellas razones, fijaos lo que hicieron. Primero, le lanzaron toda clase de improperios. Luego pasaron a insultarle, acusándole de haber nacido en pecado, lo que equivalía a acusarle de pecado prenatal. Y en tercer lugar, recurrieron a las amenazas. Le dieron orden de que se marchara de su presencia; es decir que, como no le podían rebatir, le echaron.
A menudo tenemos diferencias con los demás, y es natural y hasta bueno que sea así. Pero cuando se llega a las ofensas, los insultos y las amenazas, la cosa deja de ser una discusión y se convierte en una contienda envenenada. Si nos enfadamos y recurrimos a las palabras ofensivas y a las amenazas violentas, demostramos que nuestras razones son extremadamente débiles e indefendibles.
REVELACIÓN Y CONDENACIÓN
Juan 9:35-41
Jesús se enteró de que habían expulsado al que había estado ciego; y cuando le halló le dijo:
-¿Crees en el Hijo del Hombre?
-Pero, ¿Quién es, Señor -Le preguntó el hombre, para que crea en ÉL?
-Ya Le has visto -le contestó Jesús-, y es el Que te está hablando ahora.
-¡Sí, Señor, creo! -Le contestó; y se arrodilló ante Él.
-Ha sido para juicio para lo que he venido a este mundo -dijo Jesús-, para que los que no ven puedan ver, y para que los que ven se queden ciegos.
Algunos de los fariseos que estaban con Jesús Le oyeron decir esto, y dijeron:
-¡No seremos nosotros de esos ciegos!
-Si fuerais ciegos -les contestó Jesús-, no tendríais culpa; pero, como presumís de ver muy bien, eso hace que sigáis siendo culpables.
Esta sección empieza con dos grandes verdades espirituales. (i) Jesús buscó al hombre. Como dijo Crisóstomo: «Los judíos le echaron del templo; pero, el Señor del Templo, le encontró.» Si el testimonio de cualquier cristiano le separa de sus semejantes, le acerca más a Jesucristo. Jesús es siempre leal con el que Le es leal.
