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Juan 9: Luz para los ciegos

(ii) Jesús mismo le reveló a este hombre Su verdadera identidad como Mesías. La lealtad nos conduce a la Revelación; es a la persona que Le es leal a la que Jesús se revela más plenamente. El castigo del mundo por esa lealtad bien puede ser la persecución o el ostracismo; pero la recompensa de Dios es un caminar más íntimo con Cristo y un conocimiento más íntimo de Su maravillosa Persona.

Juan termina con dos de sus pensamientos característicos.

(i) Jesús vino a este mundo para juicio. Siempre que una persona se encuentra cara a cara con Jesús, obtiene un veredicto sobre sí misma. Si no ve en Jesús nada que desear,. nada que admirar, nada que amar, entonces se ha condenado a sí misma. Si ve en Jesús a Alguien admirable, Alguien a Quien responder, Alguien a Quien aspirar, entonces está en el camino hacia Dios. La persona que es consciente de su propia ceguera, que anhela ver mejor y conocer mejor, es la que puede recibir la vista y penetrar en mayores profundidades de la verdad. El que piensa que ya lo sabe todo, que no se da cuenta de que no puede ver, es el que es ciego de verdad, sin esperanza y sin posibilidad de ayuda. Sólo el que se da cuenta de su propia ceguera puede aprender a ver. Sólo el que se da cuenta de su propio pecado puede recibir el perdón.

(ii) Cuanto más conocimiento tenga una persona, más digna de condenación es cuando ve la bondad y no la reconoce. Si los fariseos se hubieran criado en la ignorancia, no se los habría podido condenar. Su condenación fue la consecuencia del hecho de que sabían tanto y presumían de ver tan bien, y sin embargo dejaron de reconocer al Hijo de Dios cuando vino a este mundo. La ley de que la responsabilidad es la otra cara del privilegio está escrita en la vida.

Juan 9:1-41

9.1ss En el capítulo 9 vemos cuatro reacciones diferentes ante Jesús. Los vecinos revelaron sorpresa y escepticismo; los fariseos mostraron incredulidad y prejuicio; los padres creyeron pero callaron por temor a la excomunión; y el hombre sanado demostró una fe constante y creciente.

9.2, 3 Una creencia común en la cultura judía era que la calamidad y el sufrimiento eran el resultado de algún gran pecado. Pero Cristo utilizó el sufrimiento de este hombre para enseñar acerca de la fe y glorificar a Dios. Vivimos en un mundo caído donde la buena conducta no recibe siempre una recompensa y la mala conducta no recibe siempre un castigo. Por lo tanto, los inocentes a veces sufren. Si Dios quitase el sufrimiento cada vez que lo pidiésemos, lo seguiríamos por comodidad y conveniencia, no por amor y devoción. Sean cuales fueren las razones de nuestro sufrimiento, Jesús tiene poder para ayudarnos a lidiar con él. Cuando sufra debido a una enfermedad, una tragedia o una incapacidad, trate de no preguntar: «¿Por qué me sucedió esto?» ni «¿En qué me equivoqué?» Más bien pida a Dios que le dé fortaleza para la prueba y una perspectiva más clara de lo que está sucediendo.

9.7 Ezequías construyó el estanque de Siloé. Sus obreros abrieron un conducto subterráneo desde un manantial que estaba fuera del muro de la ciudad para que llevase agua al interior de la misma. Así la gente podía siempre obtener agua sin temor al ataque. Esto resultaba especialmente importante en tiempos de sitio (véanse 2Ki_20:20; 2Ch_32:30).

9.13-17 Mientras que los fariseos investigaban y discutían acerca de Jesús, la gente se sanaba y cambiaba. El escepticismo de los fariseos no se basaba en la falta de evidencia, sino en los celos debido a la popularidad de Jesús y su influencia en las personas.

9.14-16 El día de reposo de los judíos, el sábado, era el santo día de descanso de la semana. Los fariseos elaboraron una larga lista específica de permisos y prohibiciones referentes al día de reposo. Trabajar con lodo y sanar al hombre se consideraban trabajo y por lo tanto estaban prohibidos. Es posible que Jesús haya hecho el lodo a propósito a fin de enfatizar su enseñanza acerca del día de reposo: Es bueno ocuparse de las necesidades de otros aun cuando implique trabajar en un día de reposo.

9.25 Ya el ex ciego había escuchado las mismas preguntas demasiadas veces. No sabía cómo ni por qué Jesús lo sanó, pero sabía que su vida cambió milagrosamente y no temía decir la verdad. No es necesario que uno conozca todas las respuestas para hablar de Cristo a otros. Es importante decirles cómo El ha cambiado nuestra vida. Luego confiemos que Dios usará esas palabras para ayudar a otros a creer también en El.

9.28, 34 La nueva fe del hombre fue severamente probada por algunas de las autoridades. Lo maldijeron y lo expulsaron de la sinagoga. Es posible que llegue persecución cuando uno sigue a Jesús. Tal vez pierda amigos; incluso quizás pierda la vida. Pero nadie puede quitarle jamás la vida eterna que Jesús le da.

9.38 Cuanto más experimentaba este hombre su nueva vida a través de Cristo, más confiaba en aquel que lo sanó. No solo adquirió la vista física, sino también la espiritual al reconocer a Jesús primeramente como un profeta (9.17), luego como su Señor. Cuando usted va a Cristo, empieza a verlo de manera diferente. Cuanto más anda con El, mejor comprenderá quién es. Pedro nos dice que crezcamos «en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2Pe_3:18). Si desea saber más de Jesús, siga andando con El.

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