9.40, 41 A los fariseos les chocó que Jesús pensase que eran ciegos espirituales. Jesús les contestó que solo la ceguera (obstinación y estupidez) disculpaba su conducta. A los que fueron receptivos y reconocieron que el pecado en verdad los tenía ciegos en cuanto a conocer la verdad, El les dio entendimiento y revelación espiritual. Pero rechazó a quienes se volvieron condescendientes, arrogantes y ciegos.
Juan 9:1-12
En el capítulo que comienza con los versículos arriba trascritos se nos dice cómo dio Jesús la vista a un hombre que era ciego de nacimiento. La narración, que es minuciosa en los detalles, abunda en lecciones espirituales. He aquí algunas de ellas : 1a. Que el pecado ha traído al mundo muchas desgracias. Se nos dice que había un hombre que era ciego de nacimiento. Es difícil concebir una desgracia más grande. De todos los sufrimientos corporales que pueden imponerse al hombre sin quitarle la vida, no hay quizá uno peor que la pérdida de la vista. El ciego está privado de los más grandes goces de la vida, tiene que permanecer encerrado en los estrechos límites de su propia personalidad, y para todos sus movimientos depende de una manera en extremo penosa del auxilio que le presten los demás. a la verdad, no es sino hasta que un hombre pierde la vista, que se forma una idea adecuada de su valor.
Ahora bien, la ceguera, como cualquiera otro mal, es uno de los frutos del pecado. Si Adán no hubiera caído, no hay duda que no habría habido ciegos, ni sordos, ni mudos. Las numerosas dolencias que son herencia de la carne, los innumerables dolores, enfermedades y desarreglos físicos a que todos estamos sujetos, empezaron cuando descendió la maldición sobre la tierra. Odiemos pues el pecado como fuente que ha sido de todos nuestros afanes y desdichas.
2». Que en el curso de la vida nos incumbe aprovechar, para hacer bien, las oportunidades que tengamos. Jesús dijo a sus discípulos, cuando estos le hicieron una pregunta acerca del ciego: « a mí me conviene obrar entre tanto que el día es: la noche viene, cuando nadie puede obrar..
Esas palabras son muy ciertas si se aplican a nuestro Señor mismo. El sabía muy bien que su ministerio terrenal duraría solo tres años, y por lo tanto, aprovechó diligentemente el tiempo. No dejó pasar ninguna oportunidad de hacer obras de misericordia y de cumplir los deberes de su misión. De día o de noche, siempre estaba empeñado en la obra que le encomendó el Padre. En toda su conducta podía percibirse la aplicación de estas palabras: « Me conviene obrar entre tanto que el día es: la noche viene, cuando nadie puede obrar..
Palabras son estas que todos los cristianos debieran recordar. La vida presente es el día. Cuidemos de emplearla bien, para gloria de Dios y provecho de nuestras almas. Trabajemos por nuestra salvación con temor y con temblor mientras dura el día. En el sepulcro, al cual todos nos encaminamos apresuradamente, no hay tareas que cumplir ni trabajo que ejecutar. Oremos, leamos buenos libros, santifiquemos el domingo, oigamos predicar la Palabra de Dios, hagamos bien a nuestros semejantes, manifestemos, en fin, que no nos olvidamos de que la noche se acerca. El tiempo de que podemos disponer es breve; las tinieblas empezarán pronto a invadir nuestro horizonte; jamás podremos recobrar oportunidades una vez perdidas. Evitemos, pues toda demora escrupulosamente, y empleemos toda la fuerza y habilidad de que somos capaces en cumplir los deberes que nos caigan en lote. «La noche viene, cuando nadie puede obrar..
3a. Que para obrar los milagros Jesús empleó diferentes medios en las diferentes ocasiones. Para sanar al ciego El habría podido, si lo hubiese tenido a bien, haberle tocado meramente con el dedo o haber pronunciado una palabra. Mas no fue de su agrado hacerlo así, sino le untó los ojos con lodo que él mismo había hecho. Por supuesto que ese lodo no poseía inherentemente ninguna virtud sanativa; mas Jesús quiso emplear ese medio.
Ese hecho nos enseña que el Señor de cielos y tierra no se ciñe o limita al empleo de un solo medio, y que los que han recibido de Jesucristo algunas mercedes no deben juzgar de otra por su propia experiencia. ¿Nos ha restituido Jesucristo la vista y la vida? Rindamos por ello gracias al Eterno, y procuremos ser más humildes. Mas guardémonos de decir que solo han recibido la salud y la vida espirituales aquellos cuya experiencia corresponde exactamente a la nuestra.
4a. Que Jesucristo posee un poder infinito. Lo que él hizo era de suyo imposible. Sin medicamentos curó una enfermedad incurable, restituyó la vista a uno que había nacido ciego.
Empero, además de demostrarnos que el Señor es todopoderoso en los cielos y en la tierra, un milagro de ese linaje debe llenarnos de esperanza acerca del porvenir de nuestras almas y de las almas de nuestros semejantes. ¿Qué enfermedad espiritual hay que él no pueda curar? El puede abrir los ojos de los más pecadores e ignorantes, y hacerlos ver cosas que jamás habían visto. El envía la luz a las mentes más entenebrecidas, y hace desaparecer los errores y las preocupaciones que las ofuscaban.
Si no nos salvamos la culpa es nuestra. Estemos alerta no sea que puedan aplicársenos aquellas palabras solemnes: « La luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.» No queréis venir a mí para que tengáis vida. Joh_3:19; Joh_5:40.
