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Mateo 19: Matrimonio y divorcio en Israel

(iii) La riqueza tiende a hacer a la persona egoísta. Por mucho que tenga una persona, es humano desear tener todavía más; porque, como se ha dicho epigramáticamente: «Suficiente es siempre un poco más de lo que se tiene.» Además, una vez que uno ha disfrutado de comodidad y lujo, siempre tiende a temer el día en que los pueda perder. La vida se convierte en una pelea preocupada y tensa para retener lo que se tiene. El resultado es que, cuando uno se hace rico, en vez de tener el impulso de dar, a menudo tiene el de retener. Su instinto es amasar más y más cosas, porque cree que le darán la seguridad. El peligro de la riqueza es que tiende a hacer que uno se olvide de que pierde lo que guarda, y gana lo que da.

Pero Jesús no dijo que era imposible que un rico entrara en el Reino del Cielo. Zaqueo era uno de los hombres más ricos de Jericó, e inesperadamente encontró la entrada (Luk_19:9 ). José de Arimatea era rico (Mat_27:57 ); Nicodemo debe de haber sido muy rico, porque compró especias para ungir el cuerpo muerto de Jesús que costaban el rescate de un rey Joh_19:39 ). No son los que tienen riqueza los que quedan excluidos. No es que la riqueza sea un pecado -pero están en peligro. La base de todo el Cristianismo es un sentimiento imperioso de necesidad; cuando una persona tiene muchas cosas en la Tierra, corre peligro de creer que no necesita a Dios; cuando una persona tiene pocas cosas en la Tierra, a menudo se arroja en los brazos de Dios porque no tiene otro al que acudir.

RESPUESTA SABIA A PREGUNTA ERRÓNEA

Mateo 19:27-30

Entonces Pedro Le dijo a Jesús:

Fíjate: Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte. ¿Qué vamos a sacar?

Jesús le contestó:

-Cuando se regeneren todas las cosas, y cuando el Hijo del Hombre Se siente en Su trono glorioso, vosotros también, los que Me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o tierras por Mi nombre, recibirá el ciento por uno y entrará a poseer la vida eterna. Pero muchos que estaban los primeros estarán los últimos, y muchos que estaban los últimos estarán los primeros.

Habría sido natural, humanamente hablando, no hacer caso de la pregunta de Pedro, y hasta darse por ofendido. En cierto sentido, era una pregunta de lo más impertinente. Para decirlo claro, Pedro estaba preguntando: «¿Qué vamos a sacar por seguirte?» Jesús podría muy bien haber dicho que los que Le siguieran con esa actitud no tenían ni la menor idea de lo que era seguirle. Y sin embargo, era una pregunta natural. Es verdad que habría una reprensión implícita en la parábola que Jesús contó a continuación; pero no le echó la bronca a Pedro. Aceptó su pregunta, y de ella dedujo tres grandes leyes de la vida cristiana.

(i) Siempre es verdad que el que comparte la campaña de Cristo compartirá la victoria de Cristo. En las campañas humanas, muchas veces resulta que los soldados que pelearon en la batallas son olvidados en cuanto termina la guerra y se ha ganado la victoria, porque ya no se necesitan para nada. En las campañas humanas ha sido verdad muchas veces que los hombres que lucharon para hacer un país en el que los héroes pudieran vivir, encontraron que ese mismo país se había convertido en un lugar en el que los héroes se podían morir de hambre. Eso no pasa con Jesucristo. El que comparte la campaña de Cristo, compartirá el triunfo de Cristo; y el que lleva la Cruz, llevará la corona.

(ii) Es siempre cierto que el cristiano recibirá mucho más de lo que haya tenido que dejar; pero lo que reciba no serán posesiones materiales, sino una nueva compañía, humana y divina.

Cuando uno se hace cristiano, entra en una nueva comunidad humana. Mientras exista una iglesia cristiana, un cristiano no debe tener falta de amigos. Si su decisión por Cristo ha supuesto tener que renunciar a amigos, también debería querer decir que ha entrado en un círculo más amplio de amistad que el que conoció antes. Debería ser cierto que no hay apenas ningún pueblo o aldea o ciudad en ningún sitio en el que el cristiano se pueda sentir solo. Porque donde hay una iglesia, hay una comunidad en la que él tiene derecho a incorporarse. Puede que el cristiano que es forastero sea demasiado tímido para introducirse como es debido; puede que la iglesia del lugar al que ha llegado el forastero se haya convertido en un club privado más de la cuenta, para abrirle sus brazos y sus puertas. Pero, si el ideal cristiano se está haciendo realidad, no hay lugar en todo el mundo con una iglesia cristiana en el que el cristiano individual se pueda sentir solo o aislado. Simplemente por el hecho de ser cristiano ha entrado a formar parte de una compañía que se extiende hasta los últimos confines de la Tierra.

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