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Mateo 19: Matrimonio y divorcio en Israel

Por último, el Joven Rico volvió la espalda con gran tristeza. No aceptó el desafío, porque tenía muchas posesiones. Su tragedia era que amaba las cosas más que a las personas; y se amaba a sí mismo más de lo que amaba a otros. Cualquier persona que ponga las cosas por delante de las personas, y al yo antes que a los demás, debe volver la espalda a Jesucristo.

EL PELIGRO DE LA RIQUEZA

Mateo 19:23-26

Jesús les dijo a sus discípulos:

-Esto que os. digo es la pura verdad: ¡Qué difícil le es a un rico entrar en el Reino del Cielo! Y otra vez os lo repito: Es más fácil que pase un. camello por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reinó del Cielo.

Cuando los discípulos oyeron esto, se quedaron alucinados.

Entonces, ¿qué rico conseguirá salvarse? -dijeron. Y Jesús Se los quedó mirando, y les dijo:

-Para los hombres, es imposible; pero a Dios todas las cosas Le son posibles.

El caso del Joven Rico arrojaba una luz clara y trágica sobre el peligro de la riqueza; ahí estaba un hombre que había hecho la gran repulsa porque tenía muchas posesiones. Jesús ahora pasa a hacer hincapié en este peligro. «Es difícil les dijo para un rico entrar en el Reino del Cielo.»

Para ilustrar lo difícil que era, puso una metáfora gráfica. Dijo que le era tan difícil a un rico entrar en el Reino del Cielo como le sería a un camello pasar por el ojo de una aguja. Se han propuesto diversas explicaciones ala imagen que Jesús trazó.

El camello era el animal más grande que conocían los judíos. Se dice que algunas veces había dos puertas en las ciudades amuralladas. Una era la gran puerta principal por la que entraba y salía todo el tráfico y el comercio. Al lado había a veces una portezuela baja y estrecha. Cuando la principal estaba cerrada y guardada por la noche, la única manera de entrar en la ciudad era por la puerta pequeña, por la que hasta una persona casi no podía pasar erguida. Se dice que a veces llamaban a la portezuela «el ojo de la aguja.» Así que se sugiere que Jesús estaba diciendo que le era tan difícil a un rico entrar en el Reino del Cielo como a un corpulento camello pasar por la portezuela por la que casi no podía entrar una persona.

Hay otra sugerencia muy atractiva. La palabra griega para camello es kamélos; y la palabra griega para una guindaleza de barco es kamilos. Fue característico del griego helenístico que los sonidos vocálicos tendieron a perder sus diferencias claras, y a parecerse más entre sí. En ese griego casi no habría ninguna diferencia notoria entre los sonidos de la e y de la i. Los dos se pronunciarían como la i en castellano. Así que lo que Jesús puede que dijera es que le era tan difícil a un rico entrar en el Reino del Cielo como sería enhebrar una aguja de coser con una guindaleza. Esa también sería una metáfora clara.

Pero lo más probable es que Jesús utilizara la metáfora literalmente, y que de hecho dijera que le era tan difícil a un rico entrar en el Reino del Cielo como a un camello pasar por el ojo de una aguja. ¿Por qué esa extrema dificultad? Las riquezas tienen tres efectos principales en la actitud de una persona.

(i) La riqueza produce una falsa independencia. Si uno tiene una buena provisión de bienes de este mundo, puede que se crea capaz de resolver cualquier situación que se le pueda presentar.

Hay un ejemplo claro de esto en la carta a la Iglesia de Laodicea en Apocalipsis. Laodicea era la ciudad más rica de Asia Menor. Fue destruida por un terremoto en el año 90 a C. El gobierno romano ofreció ayuda y una gran suma de dinero para reconstruir los edificios afectados. Laodicea rehusó, diciendo que ella era muy suficiente para resolver la situación por sí misma. «Laodicea -dijo el historiador romano Tácito se levantó de sus ruinas totalmente con sus propios recursos y sin ninguna ayuda nuestra» El Cristo Resucitado oyó decir a Laodicea: «Yo soy rica, he prosperado, y no me hace falta nada» (Rev_3:17 ). El dramaturgo inglés Walpole acuñó el cínico epigrama de que todo hombre tiene su precio. Si un hombre es rico, se figura que todo tiene un precio, y si quiere algo, no tiene más que comprarlo; y que si se le presenta una situación difícil, puede encontrar la salida. Puede llegar a pensar que puede comprar el derecho a la felicidad y la exclusión de la aflicción. Así es que llega a pensar que Dios no le hace ninguna falta, y que es perfectamente capaz de resolverse la vida por sí mismo. Llega un punto cuando descubre que eso es una ilusión, que hay cosas que no se pueden comprar con dinero, y cosas de las que el dinero no nos puede salvar. Pero siempre existe el peligro de que las muchas posesiones produzcan la falsa independencia que considera -hasta que se entera de lo contrario- que ha eliminado la necesidad de Dios.

(ii) La riqueza encadena al hombre a este mundo. « Donde esté vuestro tesoro -dijo Jesús-, allí estará también vuestro corazón» (Mat_6:21 ). Si todo lo que una persona desea se encuentra en este mundo, si todos sus intereses están aquí, no piensa nunca en el otro mundo ni en el más allá. Si una persona tiene un interés demasiado grande en la Tierra, puede llegar a olvidarse de que hay un Cielo. Después de una visita a un cierto castillo y estado rico y lujoso, el doctor Johnson observó sobriamente: «Estas son las cosas que le hacen a uno difícil morir.» Es perfectamente posible que un hombre esté tan interesado en cosas terrenales que olvide las celestiales, que esté tan involucrado en las cosas que se ven que olvide las cosas que no se ven -y ahí está la tragedia, porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

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