De lo acontecido al mancebo que acudió a Jesús se infiere que un ídolo entronizado en el corazón puede perder para siempre al alma. Nuestro Señor, que sabia lo que pasa en el interior del hombre, mostró al fin a su interlocutor cuál era su pecado dominante. La misma voz que dijo a la mujer de Samaría que fuera a llamar a su marido, dijo al mancebo: «Anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres.» Al punto se reveló en que consistía la debilidad de su carácter: resultó que a pesar de todos sus deseos de obtener la vida eterna había algo que amaba más que su alma, y ese algo era su dinero. No salió bien de la prueba. La historia termina con estas sombrías palabras: «Se fue triste, porque tenia muchas posesiones..
Examinémonos a nosotros mismos al terminar este pasaje. Veamos hasta dónde puede aplicarse a nuestras almas. ¿Somos sinceros en los deseos que manifestamos de ser verdaderos cristianos? ¿Hemos renunciado a todos nuestros ídolos? ¿No hay algún pecado secreto que asimos con tenacidad y rehusamos abandonarlo? ¿No hay cosa o persona alguna que amamos en secreto más que a Cristo? Si muchos oyentes del Evangelio sufren dudas y zozobras es por causa de su idolatría espiritual. Con razón dijo San Juan: « Guardaos de los ídolos.» 1Jo_5:21.
Mateo 19:23-30
La primera idea que en este pasaje se nos sugiere es, que Las riquezas suelen ser peligrosas para las almas de los que las poseen.
Sí, las riquezas que todos desean adquirir son a menudo en extremo perjudiciales al hombre, ocasionándole fuertes tentaciones y absorbiéndole todos sus pensamientos y afectos. Cierto es que puede hacerse buen uso de ellas, mas por cada uno que las emplea bien hay mil que las emplean mal y que perjudican con ellas tanto a los demás como a sí mismos. Que el hombre del mundo convierta al dinero en ídolo, y crea que el que lo tuviere en mayor cantidad es más feliz; empero, el cristiano que dice que tiene tesoros en el cielo, debe abstenerse firmemente de tomar parte con los incrédulos en el culto que le rindan. El mejor hombre a los ojos de Dios no es el que tiene más oro, sino el que posee mayor suma de la gracia divina.
El segundo pensamiento que en este pasaje se nos sugiere es, que la gracia de Dios obra en el alma humana con un poder sin límites. Los discípulos se asombraron cuando oyeron lo que nuestro Señor dijo acerca de los ricos. Sus palabras eran tan diametralmente opuestas a las ideas que ellos tenían de las ventajas de las riquezas, que no pudieron menos que exclamar con sorpresa: «¿Quién pues podrá ser salvo?» Nuestro Señor les contestó: « Acerca de (ó para) los hombres imposible es esto; mas acerca de (ó para) Dios todo es posible..
El Espíritu Santo tiene el poder de inclinar aun al más rico a que busque tesoros en el cielo; y de persuadir aun a los reyes de la tierra a que depongan sus coronas ante las plantas del Crucificado. De esto la Biblia presenta numerosos ejemplos. Abrahán era muy rico, y sin embargo fue padre de los fieles. Moisés pudo haber sido en Egipto príncipe o rey, mas abandonó su brillante porvenir por amor del Rey invisible. Job era el hombre más acaudalado del Oriente, y sin embargo fue el siervo escogido de Dios. David, Josafat, Josías y Ezequías fueron todos monarcas ricos, mas tuvieron en mayor estima el favor de Dios que toda su grandeza terrenal.
Lo último que en este pasaje se nos enseña es, que el Evangelio ofrece grandes estímulos a los que lo abandonan todo por amor de Jesucristo. Pedro preguntó a nuestro Señor qué recompensa se le daría a él y sus compañeros, puesto que lo habían abandonado todo por amor suyo. En respuesta nuestro Señor le dijo que los que renunciasen a todo por El recibirían ciento por uno y heredarían la vida eterna.
Podemos tener seguridad de que ningún hombre perderá nada por seguir a Cristo. El creyente tiene que sufrir cuando empieza decididamente la vida del cristiano; y muchas veces, acaso, siente sumergirse en hondo abatimiento cuando le sobrevienen azares por causa de su religión. Mas, menester es que sepa que, a la larga, saldrá ganando. Jesucristo puede darnos amigos que nos compensen por los que perdamos, y repararnos albergue en corazones más fervorosos y hogares más hospitalarios que los que al principio nos rechacen. Aun más, El puede concedernos paz de conciencia, gozo interno, esperanzas halagüeñas y plácidas, que excedan grandemente en valor a toda dicha terrena que hayamos depuesto para hacernos sus discípulos.
