Hay otro detalle interesante en esta historia. Mateo altera la pregunta que el hombre Le hizo a Jesús. Tanto Marcos como Lucas dicen que la pregunta fue: « ¿Por qué Me llamas bueno? No hay nadie que sea bueno más que Dios» (Mar_10:18 ; Luk_18:19 ). Mateo dice: «¿Por qué Me preguntas acerca de lo bueno? -le dijo Jesús-. No hay más que Uno que es bueno» (Mat_19:17 ). (La versión Reina-Valera comete aquí un error, aunque en la edición del ‹95 lo corrige en una nota, como otras versiones modernas). El de Mateo es el último de los tres primeros evangelios, y su respeto a Jesús es tal que no puede soportar presentar a Jesús haciendo la pregunta: «¿Por qué Me llamas bueno?» Eso casi le sonaba como si Jesús rechazara que se Le llamara bueno, así que lo cambió por: «¿Por qué Me preguntas acerca de lo bueno?» a fin de evitar la posible irreverencia.
Esta historia enseña una de las lecciones más profundas, porque contiene la base total de la diferencia entre la idea correcta y la equivocada de lo que es la religión.
El hombre que vino a Jesús estaba buscando lo que él llamaba la vida eterna. Estaba buscando la felicidad, la satisfacción, la paz con Dios. Pero la misma manera de hacer la pregunta le delató. Él preguntó: « ¿Qué debo yo hacer?» Estaba pensando en términos de obras. Era como los fariseos: pensaba en términos de reglas y normas. Estaba pensando en engrosar su balance de crédito con Dios cumpliendo las obras de la Ley. Está claro que no sabía nada de una religión de gracia, así que Jesús trató de conducirle al punto de vista correcto.
Jesús le contestó en sus propios términos. Le dijo que cumpliera los mandamientos. El hombre Le preguntó qué clase de mandamientos. A eso Jesús citó cinco de los diez mandamientos. Aquí hay dos cosas importantes acerca de los mandamientos que Jesús escogió citar.
La primera es que eran todos de la segunda tabla, los que tratan no de nuestro deber para con Dios, sino de nuestro deber para con los hombres. Son los mandamientos que gobiernan nuestras relaciones personales, y nuestra actitud para con nuestros semejantes. ,
La segunda es que Jesús cita un mandamiento, como si dijéramos, fuera de sitio. Cita el mandamiento de honrar a los padres el último, cuando de hecho debería ser el primero. Está claro que Jesús quería hacer hincapié especialmente en ese mandamiento. ¿Por qué? ¿No sería porque este joven se había hecho rico y había tenido éxito en su carrera, y luego se había olvidado de sus padres, que puede que fueran muy pobres? Puede que subiera en el mundo, y que se medio avergonzara de los de su propio hogar; y también puede que se justificara a sí mismo perfectamente mediante la ley del korbán que Jesús había condenado tan irremisiblemente (Mat_15:1-6 ; Mar_7:9-13 ). Estos pasajes muestran que él podía muy bien haber hecho eso, y todavía pretender que había obedecido los mandamientos. En el mismo mandamiento que cita, Jesús le está preguntando a este joven cuál era su actitud para con sus semejantes y para con sus padres; es decir, cómo eran sus relaciones personales.
La respuesta del joven fue que él había cumplido esos mandamientos; y sin embargo había todavía algo que él sabía que debía tener y no tenía. Así que Jesús le dijo que lo vendiera todo, que se lo diera a los pobres y que Le siguiera.
Sucede que tenemos otro relato de este incidente en el Evangelio según los Hebreos, que fue uno de los evangelios primitivos, que no logró entrar en el Nuevo Testamento. Su relato nos da una información adicional valiosa. Aquí está:
El segundo de los ricos Le dijo: «Maestro, ¿Qué buena cosa puedo yo hacer para vivir?» Él le dijo: «Oh hombre, cumple la Ley y los Profetas.» Él Le contestó: «Los he guardado.» El le dijo: «Ve, vende todo lo que posees, y distribúyeselo a los pobres, y ven, sígueme.» Pero el hombre rico empezó a rascarse la cabeza, y no le agradó. Y el Señor le dijo: «¿Cómo dices tú: «He guardado la Ley y los Profetas»? Porque está escrito en la Ley: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo»; y he aquí, muchos de tus hermanos, hijos de Abraham, se visten de harapos, se mueren de hambre, y tu casa está llena de muchas cosas buenas; pero ninguna de ellas sale hacia ellos. «
Aquí está la clave de todo el, pasaje. El Joven Rico pretendía haber cumplido la Ley. En un sentido legalista, aquello podría ser cierto; pero en el sentido espiritual, no lo era, porque su actitud hacia sus semejantes era errónea. En último análisis, su actitud era totalmente egoísta. Fue por eso por lo que Jesús le hizo enfrentarse con el desafío de vender todo y dárselo a los pobres. Este hombre era prisionero de sus posesiones de tal manera que nada que no fuera una incisión quirúrgica para separarle de ellas sería suficiente. Si una persona considera sus posesiones como algo que le ha sido dado exclusivamente para su propia comodidad y conveniencia, son una cadena que le hace falta romper; si viera sus posesiones como un medio para ayudar a otros, serían su corona.
La gran verdad de esta historia radica en la manera en que ilumina el sentido de la vida eterna. La vida eterna es la vida de Dios. La palabra eterno es aiómos, que no quiere decir lo que dura para siempre, sino algo que corresponde a Dios, o que pertenece a Dios, o que es una característica de Dios. La gran característica de Dios es que Él, de tal manera amó, que dio. Por tanto, la esencia de la vida eterna no es una observancia calculada cuidadosamente de los mandamientos y las reglas y las normas; la vida eterna se basa en una actitud de amor y generosidad sacrificial para con nuestros prójimos. Si quisiéramos encontrar la vida eterna, la felicidad, el gozo, la paz de la mente y la serenidad del corazón, no sería amontonando una balanza de crédito con Dios, guardando mandamientos y observando leyes y normas; sería reproduciendo la actitud del amor y del cuidado de Dios para con nuestros semejantes. Seguir a Cristo y en gracia y generosidad servir a las personas por las cuales Cristo murió son la misma cosa.
