La primera escuela: el hogar
«Escucha» es el primer mandato, el primer llamado del libro de Proverbios. Nos hace recordar Deuteronomio: Escucha, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Escucha, Israel es el Shema judío (shema significa «escuchar»). Jesús dijo: El que tiene oídos, oiga. Prestar atención a las cosas buenas es esencial en la vida. Escuchar es el primer paso a un diálogo entre dos personas, un diálogo que el maestro-sabio anhela. El llamado va hacia el hijo. En este caso se hace aun mas íntimo o personal al decir hijo mío. Hay básicamente dos interpretaciones del comunicante. Puede ser el padre del hijo (dudoso) o puede ser el maestro de la sabiduría (más probable). Se nota un estilo muy formal como de un ensayo de educación, sus temas son complejos y obviamente no son la enseñanza primaria. El tema del adulterio afecta a los jóvenes que están en el camino a ser hombres; no es un tema para niños pequeños. Seguramente, la educación hogareña había comenzado antes. Se trata de una segunda y más franca etapa de la enseñanza. Esta etapa empieza por hacer recordar las instrucciones de sus padres. El maestro se siente como la extensión o el substituto para los padres, alguien que complementa lo enseñado por los padres. En nombre de ellos, está enseñando a su hijo como un locus parentis. La designación del alumno como hijo mío es frecuente en Proverbios, siendo el título mas común para el alumno. Quizá algunos de los últimos proverbios tienen un contexto donde la expresión hijo mío originalmente se refería al hijo de algún padre quien estaba educándolo. De todas maneras, ahora se usan de parte del maestro sabio para instruir a su «hijo». En otros pasajes, se presenta la expresión hijos). Por fin, existen las palabras recordadas por Lemuel que provinieron de su madre: ¡Oh, hijo mío! ¡Oh, hijo de mi vientre! ¡Oh, hijo de mis votos!. Se nota la fórmula hijo mío que figura en una forma prominente en los primeros capítulos de Proverbios. No se encuentra en las dos colecciones de Salomón (otra evidencia en contra de la autoría de Salomón de los primeros nueve capítulos).
La palabra clave que une este pasaje es musar traducida como disciplina. La estructura del versículo es sinónima. Los dos elementos son disciplina e instrucción (torah: ley o enseñanza). El maestro asume, como buen creyente judío, que los padres van a hacer su parte para que el hijo tenga la instrucción y la disciplina que corresponden. Sin embargo, ¿qué pasa con el niño que tiene padres que no son rectos? ¿Qué pasa con el niño al que le falta uno de los padres y vive en un hogar con una situación irregular? ¿Qué pasa con el hogar de una madre soltera o el de padres separados o divorciados? El sabio asume que los padres van a actuar en forma responsable en la crianza de su hijo. Sin embargo, ¿cuántos hijos andan en las calles como si fueran abandonados? ¿Cuántos padres no asumen la responsabilidad de orientar a sus hijos acerca de las cosas que pasan en la vida? El sabio asume que los padres cumplen su labor sapiencial. Así que el hogar es la primera y más importante escuela.
Lo que se aprende allí llega a ser el fundamento sobre el cual uno construye su vida. Por eso, el llamado de «escuchar» y «no abandonar» las instrucciones de los padres. Se mencionan los padres en varios pasajes. Se habla de los abusos del hijo hacia sus padres en que «menosprecia» a su madre, «roba» a sus padres y «maldice» a sus padres.
En Proverbios es sorprendente la presencia de la madre como educadora del hijo. Su papel es igual al del padre, quien tiene que orientar la educación de su hijo. La madre es la primera mujer mencionada en el libro de Proverbios. Por lo tanto, las palabras de una madre se encuentran en una forma sobresaliente en el último capítulo de Proverbios. Además, el último elogio del libro va hacia la esposa-madre-cocinera-empresaria-creyente que recibe la alabanza de su marido, sus hijos y su Dios. Sólo dentro de este contexto, se puede entender la actitud de rechazo hacia la adúltera y la prostituta porque representan un engaño y una ilusión de fantasía para el joven inexperto. Sin embargo, no es justo rechazar el libro de Proverbios porque menosprecia a la mujer. Lo que se requiere es una interpretación amplia de algunos pasajes para que los proverbios se apliquen a la señorita y no sólo al joven varón, el alumno original del sabio.
Una encuesta muestra que casi todos piensan que los padres deben ser la in- fluencia primaria de los jóvenes. Así contestaron el 97% de los encuestados (Barna Research Group, 1992). Sin embargo, los jóvenes respondieron que sólo un 30% escuchan a los padres, mientras que un 33% escuchan a los amigos. De modo que la influencia de los amigos juega un papel demasiado importante en las vidas de los jóvenes. No todos los amigos son buenos ni tienen el bienestar de los jóvenes en una alta prioridad.
Algunos eruditos identifican lo como un ejercicio alegórico. Se identifica al padre como la persona de Dios. Por lo tanto, se identifica a la madre como la iglesia. Tal interpretación alegórica de la Edad Media no tiene un valor exegético.
