Es cierto que Dios es soberano en el universo, pero a la vez ha establecido unas leyes de la naturaleza que tienen que funcionar en forma constante para el bien de todos. Aunque las crisis afectan a muchos, el no funcionar las leyes de la naturaleza traería consecuencias aun más graves para la humanidad. Por ejemplo, la ley de la gravedad es causa de la caída de aviones en que mueren centenares de personas. Pero, ¿qué tal si no pudiéramos contar con la constancia de la ley? El efecto sería desastroso.
Las calamidades llaman la atención al hecho de que somos frágiles, y debemos confiar en Dios y vivir de tal manera que le agrademos hasta donde sea posible. Si lo hacemos, podemos saber que Dios nos brinda su amor y misericordia en cada circunstancia.
El ser humano tiene que recordar que no es todopoderoso, y no tiene capacidad de pronosticar el futuro. Por eso, debemos vivir cada día en sumisión a la voluntad divina, y en obediencia a sus mandatos. El rechazo del camino de Dios tarde o temprano traerá las consecuencias de sufrimiento.
El tiempo oportuno no es para siempre
Contienen la segunda parte de esta sección. Ahora en el medio de la desgracia y apresurada por la angustia, la gente no oyente clama intensamente a sabiduría. Sin embargo, el tiempo oportuno se ha acabado. Sabiduría se encuentra silenciosa. Ya no está extendiendo la mano. Dice que aborrecieron el conocimiento, repitiendo el refrán y la actitud de los necios, y no escogieron el temor de Jehová, es decir no tenían una fe llena de la maravilla y el respeto. La actitud de los necios, entonces, ha ganado la atención de la multitud. La ausencia del temor de Jehová va en contra de la consigna del libro: El temor de Jehová es el principio del conocimiento. El problema de la gente no es algo superficial, sino de raíz. El dicho popular hoy en día es que «nunca es tarde» o «mejor tarde que nunca». Sin embargo, la evidencia bíblica aquí muestra que hay un tiempo oportuno y hay un tiempo inoportuno y demasiado tarde. Mejor tomar una decisión oportuna en vez de ser tarde. Aun Jesús habló a los fariseos diciendo que en aquel tiempo ellos podían buscarlo pero más tarde ellos no iban a poder encontrarlo. ¡No hay que perder las oportunidades de la vida!
Se agrega a lo dicho, mostrando cómo los no oyentes habían rechazado la reprensión, la corrección ofrecida por sabiduría. Se había desvalorizado lo dicho por sabiduría. Entonces da el resultado de «menospreciar la reprensión». Ahora es el tiempo de la cosecha, la cosecha de las malas obras y de sus malas opiniones. Ellos van a sentir el dolor de sus propios pecados y van a sentirse hartos de sus propios consejos (perversos). Aun el pecador se cansa de escuchar sus propias mentiras y falsa sabiduría.
Incluyen un dicho común en el tiempo de Salomón y un paralelismo antitético entre los dos versículos. Años más tarde, Cristo llama a los escribas y fariseos: ¡Necios y ciegos!. Al considerar a los necios, Martín Lutero escribe que los necios son «toda clase de gente relajada, frívola, desconsiderada, principalmente a los que andan, actúan y hablan sin la palabra de Dios por propia razón y propósito»
Se hace mención de dos de los tres grupos, los ingenuos y los necios. No se presentan los burladores. En ambos casos la desgracia, matará o echará a perder, es el resultado del descarrío, la apostasía y la dejadez de parte de los ingenuos y de los necios, respectivamente. Es una ampliación de los resultados ya descritos. Por el otro lado asegura la confianza en el vivir, la tranquilidad de la vida y la protección contra el mal para aquellos que «escuchan» a la sabiduría. Todavía hay un tiempo oportuno para el lector de Proverbios. En la sabiduría de Dios está la verdadera confianza. El temor de Jehová, ausente en la actitud de los necios entre otros, previene el temor del mal.
