El versículos 14 es muy sencillo, mostrando cómo el sabio o prudente está depositando el conocimiento en su banco. Por otra parte, las palabras del insensato o indiferente producen un ambiente donde la tragedia está siempre a la mano. ¡Ojalá que no sea tarde para el insensato, pero no hay seguridad!.
Se unen los dos versículos 14 y 15 con la palabra mejitat, calamidad. Como las palabras del insensato anticipan la calamidad potencial, así la situación de la pobreza prevé la misma posibilidad de la calamidad (la pérdida del hogar, el hambre, la servidumbre, la vergüenza pública). El pobre aquí se designa por la palabra dal, que hace referencia a algo humilde, débil, flaco, sin esperanza. Por otra parte, el rico tiene su seguridad en sus riquezas. Como se dice: “Poderoso caballero es Don Dinero.” Sin embargo, las riquezas no pueden asegurar todo, porque Dios tiene la última palabra y se basa en el carácter y la vida del individuo.
El modismo hebreo del versículos 16 apunta a las ganancias o los resultados del justo y del impío. Por un lado, se gana la vida, vida mejor y prolongada. Por otra parte, la ganancia del impío es el pecado, que aquí significa los frutos del pecado y todas sus consecuencias.
El versículos 17 apunta a la importancia de ser corregible. Por un lado, disciplina, es decir el proceso de la “informaciónformaciónreformación”, garantiza el camino de vida, la seguridad para vivir de día y descansar de noche. Por otra parte, la corrección o reprensión que se encuentra muchas veces en relación con la palabra disciplina, está abandonada, y se abre la puerta para que el individuo tenga muchos problemas morales. ¡Sea corregible!: “Mas vale ponerse una vez colorado y no cien amarillo.”
El texto hebreo del versículos 18 varía de la traducción que está dada aquí. En vez de decir: El que aplaca el odio es de labios justos, un refrán de la Septuaginta que hace un paralelismo antitético con la segunda parte, el hebreo se traduciría así: “El que encubre el odio (así guardando la palabra odio) es de labios mentirosos”. El texto hebreo subraya un paralelismo sinónimo donde las dos personas son parecidas en vez de contrastar. La palabra común en el primer refrán de cada uno es odio. Quizá los traductores de la Septuaginta vieron el paralelismo sinónimo y han intentado decir lo mismo pero en una forma del paralelismo antitético frecuente en esta sección. De todos modos, ambos textos son correctos a la luz de Proverbios. “Encubrir el odio” nos recuerda a Absalón, quien esperó durante dos años antes de vengarse de Amnón. Para el hebreo se ha de poner la conjunción como “y” en vez de pero. La segunda parte habla de que es el necio quien suscita el “cuchicheo o chisme”, aquí calumnia.
El versículos 19 subraya la presencia de una multitud de palabras. Desafortunadamente, entre las muchas pero poco pensadas palabras, estará por salir una mentirita, un pecado. La palabra entregada en una forma pensante muestra la prudencia. “En boca cerrada no entran moscas” y “por la boca muere el pez” son dos refranes que recomiendan la prudencia en la conversación.
Las dos palabras lengua y corazón se han visto unidas a lo largo de Proverbios y en las enseñanzas de Jesús. Mientras la conversación del justo o recto es plata escogida de sumo valor, el corazón de los impíos, es decir el conocimientola voluntadla facultad para tomar decisiones vale “poquísimo”, casi nada.
El versículos 21 muestra la influencia positiva de las personas. Por un lado, las palabras del hombre justo o recto son capaces de animaralentarinspirarsostenercuidar a muchos, mientras el insensato es indiferente, es ignorante por su propia voluntad, no puede salvarse a sí mismo y menos apoyar a otros. Su valor de amigo y colega está ausente, es nulo.
