Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Juan 4: Derribando barreras

Antonio Machado también ha expresado hermosa y sentidamente este anhelo del alma:

Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que una fontana fluía dentro de mi corazón. Di, ¿por qué acequia escondida, agua, vienes hasta mí, manantial de nueva vida de donde nunca bebí?

Anoche. cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que era Dios lo que tenía dentro de mi corazón.

Nada borra el anhelo de eternidad que Dios ha puesto en el alma. Sólo Jesucristo puede saciar esa sed. «Tenemos el corazón inquieto hasta que encontramos el reposo en Ti» (Agustín).

ENFRENTÁNDOSE CON LA VERDAD

 

La mujer Le dijo a Jesús:

-Señor, dame de esa agua para que ya no tenga más sed, y para que no tenga que venir aquí a sacar agua.

Y El le contestó:

-Ve a llamar a tu marido, y luego vuelve aquí.

-No tengo marido -le dijo ella; y Jesús añadió:

Ahora sí has dicho la verdad al decir que no tienes marido; porque has tenido cinco maridos, y el que tienes ahora no es tu marido. Lo que has dicho es la verdad.

-Señor, ya veo que eres profeta dijo la mujer-. Nuestros antepasados daban culto a Dios en este monte, y los judíos decís que donde tenemos que adorar a Dios es en Jerusalén.

-Créeme, mujer -le contestó Jesús—, que está llegando la hora en que no se dará culto a Dios ni en este monte ni en Jerusalén.

Ya hemos visto que la mujer Le pidió a Jesús en tono de broma que le diera el agua viva para no tener más sed y poderse ahorrar el fatigoso paseo diario al pozo. Instantánea e impactantemente Jesús la hizo volver a la realidad. Se había terminado el tiempo para los juegos de palabras y las bromas. «Vete a por tu marido, y vuelve con él» -le dijo Jesús. La mujer se puso rígida, como si le hubiera dado un dolor repentino; dio un paso atrás, como si hubiera recibido un golpe; se puso pálida, como si de pronto hubiera visto un fantasma… y eso era precisamente lo que le había pasado: se había visto repentinamente a sí misma.

De pronto, no tuvo más remedio que enfrentarse consigo misma, y con su vida andrajosa e inmoral e inadecuada. Hay dos revelaciones en el Evangelio: la de Dios y la de nosotros mismos. Nadie se ha visto como es en realidad a menos que se haya visto en la presencia de Cristo; y lo que se ve entonces no es nada halagüeño. Para decirlo de otra manera: la conversión empieza con un sentimiento de pecado. Uno se da cuenta de pronto de que la vida que vive no vale. Despertamos a nosotros mismos y a nuestra necesidad de Dios.

Algunos intérpretes han mantenido, por lo de los cinco maridos, que esta historia no representa un hecho real, sino una verdad alegórica. Ya hemos visto que, cuando los habitantes originales de Samaria fueron deportados a Media, los asirios trajeron a otros de cinco naciones diferentes. Cada grupo trajo sus dioses (2Ki_17:29 ); y se ha sugerido que la mujer representa a Samaria, y sus cinco maridos a los dioses que trajeron aquellos pueblos, con los que, por así decirlo, se casaron los samaritanos. El sexto marido representa al Dios verdadero, al Que adoraban, no en verdad, sino en ignorancia; y por tanto no estaban casados de veras. Puede que haya en esta historia un recuerdo de la infidelidad de los samaritanos; pero es demasiado pictórica para ser una alegoría manufacturada. Rezuma realismo por todas partes.

Alguien ha dicho que la profecía es una crítica basada en la esperanza. Un profeta le señala a una persona o nación que va por mal camino; pero no para sumirlas en la desesperación, sino para indicarles el camino de la sanidad, de la enmienda y de la rectificación. Así Jesús, empezó por revelarle a esta mujer la condición en que se encontraba; pero luego pasó a revelarle en qué consiste el verdadero culto en el que nuestras almas pueden tener un encuentro con Dios.

La pregunta de la mujer nos suena extraña. Dijo, y para ella era una cuestión angustiosa: «Nuestros líderes dicen que es aquí, en el monte Guerizim, donde debemos dar culto a Dios; y vosotros, los judíos, decís que es en Jerusalén. ¿Qué es lo que tengo que hacer?»

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar