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Juan 4: Derribando barreras

El tiempo perfecto del verbo han labrado subraya la continuación de los resultados. Estas palabras tenían el propósito de animar a los discípulos. No tendrían que entrar en un campo virgen, sin un testimonio previo. No hay consenso en cuanto a quiénes se refiere la expresión otros han labrado. Por lo menos se refiere a Jesús mismo, quizá también a Juan el Bautista y sus seguidores. Godet, Bernard y otros incluirían a la mujer samaritana quien estaba sembrando en ese momento entre sus conocidos. Otros señalan a los profetas del AT como los que habían preparado el terreno en que los discípulos iban a ministrar.Vosotros habéis entrado en sus labores presenta la dificultad de que, hasta la fecha, no había evidencia de que los discípulos habían entrado personalmente en su misión, excepto en la etapa de preparación. En un sentido la preparación es parte integral del ministerio en su concepto cabal. Una cosa bien clara en toda esta sección es que Jesús esperaba que sus discípulos fueran segadores.

Los creyentes de Samaria, 4:39-42. El autor retoma el tema del ministerio de Jesús en Samaria, subrayando el efecto del testimonio de la mujer y la estadía extendida de Jesús. Nótese que dos de los temas favoritos de Juan se encuentran en esta breve sección: el “testimonio” y el “permanecer” o “quedarse”.

Lo que Jesús había anticipado con la expresión campos “blancos para la siega” (v. 35) se demuestra como una profecía acertada (ver los comentarios sobre creyeron en él en 1:12). ¡Con cuánta prontitud los samaritanos aceptaron a Jesús como el Mesías! Sin embargo, faltaba aclarar y ampliar en sus mentes la identidad de Jesús y lo que significaría creer en él. Dios acepta la fe del hombre, basada en una comprensión limitada y superficial de su Hijo, si es que hay una disposición de seguir ampliando su conocimiento.

Juan revela la causa y la base de la fe de los samaritanos: las palabras de la mujer que “estaba testificando”, una expresión que traduce un participio griego del tiempo presente, indicando una acción que se repetía. Ella sencillamente no pudo frenar el testimonio que brotaba de su corazón al experimentar por primera vez la profunda satisfacción del agua viva que Jesús le dio a beber. La evidencia que le había convencido de que Jesús era el Mesías es lo que ella repetía en la ciudad: “Me dijo todo lo que he hecho“. Es notable que un mensaje tan breve y limitado haya producido en los samaritanos una fe en este “judío” a quien nadie conocía (ver Jon_3:4b). Revela la tremenda sed espiritual de ellos, ciertamente un campo “blanco para la siega”.

Los recién convertidos a la fe en Jesús no querían separarse de su Señor (v. 40). Tendrían muchas preguntas sobre su nueva fe, preguntas que sólo él podría contestar. “Seguían rogándole” (ver v. 31) sería una traducción que capta la acción del verbo en el tiempo imperfecto. Pinta un cuadro de varios samaritanos rodeándole e insistiendo que él permaneciera en su medio, si no para siempre, por lo menos por algunos días. ¡Cuán distintos los samaritanos en contraste con los judíos de Jerusalén quienes habían visto tantas señales y escuchado sus enseñanzas (Jon_2:18) y con los propios familiares y conocidos de Nazaret (Mat_13:58, Luk_4:29), y aún con los gadarenos (Mat_8:34)! Hubo otros casos de una actitud favorable de los samaritanos para con Jesús (Luk_10:25-37; Luk_17:16 s.). Se quedó allí dos días es la respuesta de la plegaria de los samaritanos. Con una estadía de dos días Jesús realizó tres cosas: pudo confirmar a los nuevos creyentes en su fe, demostró total falta de prejuicio racial y seguramente fue un ejemplo inolvidable para sus discípulos quienes en varias ocasiones dejaban ver sus propios prejuicios.

Nótese el contraste entre “a causa de la palabra de la mujer” (v. 39) y a causa de su palabra, de Jesús (v. 41). La fe de ellos, basada en la palabra de la mujer, fue confirmada y madurada por las palabras de Jesús. Nótese que Jesús optó por no realizar milagros en este caso porque ya los hombres habían manifestado una fe segura en Jesús. Muchos más creyeron parece indicar que algunos vinieron de la ciudad sin haber llegado a la fe en Jesús, sólo como curiosos, pero fueron convencidos al escucharle a él. A esta altura el decir creyeron es suficiente, sin mencionar un objeto de la creencia, pues era evidente que se refiere a la persona de Jesús o al evangelio.

La fe de estos hombres, basada solo en la palabra de la mujer, era en efecto una fe basada en la fe de otro, o sea una fe secundaria. Mientras que sea tal clase de fe, no es una auténtica fe cristiana. Debe haber un conocimiento personal de Cristo y un encuentro personal con él, resultando en una relación personal con él, que es la esencia de la salvación. La creencia basada en la palabra de ella era un comienzo, pero faltaba la relación personal con Cristo. Vincent destaca la diferencia entre la palabra (lalia G2981, v. 42) de la mujer aquí, su testimonio dado a los conciudadanos, por un lado, y “la palabra” (logos G3056, vv. 39, 41) de Jesús, por otro. En el v. 39 “palabra”, desde el punto de vista de Juan, se refiere a su testimonio de Cristo. En cambio, aquí los samaritanos distinguen entre la palabra (logos) más autoritativa y dignificada de Jesús, y la charla (lalia) de la mujer. La experiencia directa y personal con Jesús les convenció de que él era el Mesías prometido a los judíos, no el “mesías” esperado por los samaritanos. ¿Es ésta una comprensión nueva a la que ellos habían llegado, o es que la mujer les había dado esta idea y aquí confirmaron lo que ya sospechaban? La expresión Salvador del mundo se encuentra solo dos veces en todo el NT, aquí y en 1Jo_4:14. La palabra Salvador se usa tanto en las Escrituras como en la literatura secular. Se refiere al Padre (Luk_1:47; 1Ti_1:1) y al Hijo dos veces, como se mencionó antes. Los griegos se referían a una multitud de divinidades con el mismo término. Cuando el término se aplica a Jesús, tiene por lo menos las dos ideas de redentor y libertador. Salva al creyente, librándole de la condenación eterna. No sólo es el Salvador de cada creyente como individuo, o de algunos individuos en particular, sino del mundo, de todos los que creen en su nombre (1Ti_1:12).

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