Los samaritanos ajustaban la historia a sus conveniencias. Enseñaban que había sido en el monte Guerizim donde Abraham había estado dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac; donde Melquisedec le había salido al encuentro a Abraham; donde Moisés había instalado el primer altar y ofrecido los primeros sacrificios cuando el pueblo de Israel entró en la Tierra Prometida -aunque eso fue en el monte Ebal, donde se han encontrado recientemente restos arqueológicos que lo confirman (Deu_27:4 ). Tergiversaban los textos bíblicos y la historia para glorificar el monte Guerizim. A la mujer le habían enseñado a reverenciar el monte Guerizim como el lugar más santo de la Tierra, y a despreciar a Jerusalén. Lo que estaba en su mente, y lo que se estaba diciendo a sí misma, era: « Yo soy una pecadora, y tengo que ofrecerle a Dios un sacrificio por mis pecados; tengo que llevar una ofrenda a la casa de Dios y ponerme a buenas con Él. ¿Adónde tengo que ir?» Para ella, lo único que podía saldar el pecado era el sacrificio. Su problema fundamental era ¿Dónde había que presentar ese sacrificio? A estas alturas ella ya no está discutiendo los respectivos méritos del templo del monte Guerizim y los del monte de Sión; lo que quiere saber es: « ¿Dónde puedo yo encontrar a Dios?
Jesús le contestó que el día de las viejas rivalidades humanas estaba llegando a su final; y que estaba próximo el tiempo cuando la humanidad encontraría a Dios en todas partes. Zephaniah había tenido la visión de que las personas adorarían a Dios « cada una en su lugar» (Zep_2:11 ). Y Malaquías había soñado que en todas partes se ofrecería incienso como ofrenda pura al nombre de Dios (Mal_1:11 ). La respuesta que Jesús le dio a la Samaritana fue que no tenía necesidad de ir a ningún sitio determinado para encontrar a Dios, no tenía necesidad de ofrecer sacrificio en ningún lugar especial: el verdadero culto encuentra a Dios en cualquier lugar.
EL VERDADERO CULTO
Los samaritanos no conocéis al Que dais culto -siguió diciéndole Jesús a la Samaritana-. Los judíos sí Le conocemos, y por eso la Salvación del mundo tiene su origen entre los judíos. Pero está llegando la hora, y es ahora aquí, cuando los verdaderos adoradores darán culto a Dios en espíritu y en verdad; porque esos son los adoradores que está buscando el Padre. Dios es Espíritu; y los que Le dan culto deben dárselo en espíritu y en verdad.
-Sé que el Mesías -que en griego se dice el Cristo- está al llegar -Le dijo la mujer a Jesús-. Cuando venga, nos aclarará todas las cosas.
-Soy Yo mismo, el que estoy hablando contigo -le dijo Jesús ala mujer.
Jesús le había dicho a la Samaritana que las viejas rivalidades estaban a punto de desaparecer, y que estaba próximo el día en que la controversia acerca de los respectivos méritos del monte Guerizim y del monte de Sión sería irrelevante, porque el que buscara a Dios sinceramente Le encontraría en cualquier parte. A pesar de todo, Jesús aún hace hincapié en el hecho de que la nación judía ocupaba un lugar exclusivo en el plan y en la Revelación de Dios.
Los samaritanos adoraban en ignorancia, dijo Jesús. En más de un sentido, aquello era indudablemente cierto. Los samaritanos no tenían más sagrada escritura que el Pentateuco, es decir, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, porque habían rechazado todo el resto. Se habían privado, por tanto, de todos los grandes mensajes de los Profetas y de toda la sincera piedad de los Salmos. Tenían una religión truncada, porque tenían una Biblia truncada. Habían rechazado el conocimiento que estaba a su alcance y que hubieran podido tener. Además, los rabinos judíos siempre habían acusado a los samaritanos de ofrecerle al Dios verdadero un culto meramente supersticioso. Siempre decían que el culto de los samaritanos no se basaba en el amor y el conocimiento, sino en la ignorancia y el miedo. Como ya hemos visto, los extranjeros que los asirios llevaron . a vivir en Samaria trajeron sus propios dioses (2Ki_17:29 ). Leemos que un sacerdote de Belén fue a decirles que temieran al. Señor (2Ki_17:28 ); pero -lo más probable es que añadieran el Dios de Israel. a la lista de sus dioses, porque. tendrían un temor supersticioso a excluirle. Después de todo, era el Dios de aquella tierra en la que entonces vivían, y podría ser peligroso no incluirle siquiera en su lista de cultos.
En los cultos falsos podemos detectar tres faltas.
(i) Un culto falso es selectivo: se queda con lo que quiere saber de Dios, y omite el resto. Los samaritanos tomaban lo que querían de las Escrituras, y omitían el resto: La religión unilateral es una de las cosas más peligrosas del mundo. Le es muy fácil a cualquiera el aceptar y retener las partes de la verdad de Dios que le interesan y pasar por alto el resto. Hemos visto, por ejemplo, que ciertos pensadores y eclesiásticos y políticos justificaban el apartheid y la segregación racial apelando a ciertos pasajes de la Escritura, mientras olvidaban muchos más que los condenan.
