El pastor de una gran ciudad organizó una petición a le clemencia por uno que había cometido un cierto crimen. Le parecía que aquella era una causa en la que la piedad cristiana tenía obligación de intervenir. Sonó su teléfono y, cuando lo descolgó, escuchó una voz femenina que le decía:
-Estoy muy sorprendida de que usted, un pastor evangélico, ponga todo su peso en esta petición de clemencia.
-¿Y qué es lo que le sorprende? -preguntó él.
-Supongo que usted conoce la Biblia.
-Así lo espero.
-Entonces dijo la voz-, ¿no se da usted cuenta de que la Biblia dice «Ojo por ojo y diente por diente»?
Al parecer aquella mujer tomaba la parte de la Biblia que le convenía para su razonamiento, y olvidaba la gran enseñanza de Jesús sobre la misericordia en el Sermón del Monte.
Haríamos bien en recordar que, aunque sabemos que no llegaremos nunca a abarcar todo el orbe de la verdad, debemos proponernos como objetivo la verdad total, sin conformarnos con los fragmentos que nos convengan en nuestra posición.
(ii) Un culto falso es ignorante. El culto debe ser el acceso a Dios de la persona total. Tenemos una inteligencia, y la obligación de ejercitarla. La religión puede que empiece por una respuesta emocional; pero pronto le llega el momento en que hay que razonarla. E. F. Scot decía que la religión es mucho más que meramente un ejercicio intelectual intensivo; pero que, no obstante, una gran parte del fracaso en materia de religión se debe a la pereza intelectual más que a ninguna otra causa. El dejar de pensar a fondo las cosas importantes es ya en sí un pecado. En último análisis, una experiencia religiosa no está a salvo hasta que se puede decir, no sólo lo que se cree, sino por qué se cree. La religión es también esperanza; pero una esperanza que tiene una razón de ser y que no defrauda (1Pe_3:15 ).
(iii) Un culto falso es supersticioso. Es un culto que se da, no por un verdadero sentimiento de necesidad o por un deseo auténtico de hacerlo, sino solamente porque la persona cree que sería peligroso no darlo. Mucha gente se niega a pasar por debajo de una escalera, o a llevar el número 13 en una competición o en un concurso, o a emprender cualquier cosa en martes y trece; y se pondrá nerviosa cuando se le derrama la sal, o se le cruza un gato negro, etcétera, etcétera. No es que crean en esas supersticiones; pero tienen la sospecha de que puede que haya en ellas algo de verdad, y por eso es mejor mantenerse a salvo. Hay muchas personas cuya religión se funda en una especie de temor impreciso de lo que les podría suceder si no tuvieran en cuenta a Dios. Pero la verdadera religión se basa, no en el miedo, sino en el amor de Dios y en la gratitud por lo que Dios ha hecho. Demasiada religión no es más que una especie de superstición ritual para esquivar la posible ira. de dioses impredictibles.
Jesús define el verdadero culto. Dios, dijo, es Espíritu: En cuanto uno se da cuenta de eso, un nuevo haz de luz le envuelve. Si Dios es espíritu, no está limitado a cosas; y, por tanto, el dar culto a una imagen es, no sólo un absurdo, sino también un insulto a la verdadera naturaleza de Dios. Si Dios es espíritu, no está limitado a lugares; y, por tanto, limitar el culto de Dios a Jerusalén o a ningún otro sitio, es poner un límite a Alguien Que, por naturaleza, sobrepasa todos los límites. Si Dios es espíritu, lo que Le ofrezcamos tienen que ser dones del espíritu. Los sacrificios animales y todas las cosas que hacemos los humanos son inadecuados. Las ofrendas que corresponden a la naturaleza de Dios son los dones del espíritu: amor, fidelidad, obediencia, dedicación.
El espíritu es la parte más elevada de la persona humana. Es la porción que permanece cuando la parte física se desvanece. Es la parte que sueña los sueños y ve las . visiones que, a causa de la debilidad y las deficiencias del cuerpo, puede que nunca se hagan realidad. Es el espíritu humano el que es la fuente de sus pensamientos e ideales y deseos más elevados. El verdadero culto es cuando una persona, mediante su espíritu, alcanza la amistad y la intimidad con Dios. El culto genuino no consiste en ir a un cierto lugar, ni en llevar a cabo un cierto ritual o una cierta liturgia, ni en ofrecer ciertos dones. El verdadero culto es cuando el espíritu, la porción invisible e inmortal de la persona, se encuentra con Dios y habla con el Que es invisible e inmortal.
Este pasaje termina con una gran declaración. Se había desplegado ante la Samaritana un panorama tal que la sorprendía y alucinaba. Contenía elementos por encima de su comprensión, maravillosos. Todo lo que pudo decir fue: «Cuando venga el Mesías, el Cristo, el Ungido de Dios, entonces lo entenderemos todo.» Y Jesús le dijo: «Yo, el que estoy hablando contigo, soy el Mesías.» Es como si Jesús dijera que todo eso no es un sueño de la verdad, sino la verdad misma.
