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Mateo 2: El lugar del nacimiento del Rey

Está claro lo que un hombre así sentiría cuando le llegó la noticia de que había nacido un Niño que estaba destinado a ser Rey. Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él porque Jerusalén sabía muy bien los pasos que daría Herodes para comprobar esa noticia y eliminar a ese chico. Jerusalén conocía a Herodes y temblaba esperando su inevitable reacción.
Herodes convocó a los principales sacerdotes y los escribas. Los escribas eran los expertos en las Escrituras y en la Ley. Los principales sacerdotes formaban un grupo que consistía en dos clases de personas. Por una parte, los ex-sumo-sacerdotes. El sumo-sacerdocio estaba confinado a muy pocas familias. Eran la aristocracia sacerdotal, y los miembros de estas familias selectas se llamaban los principales sacerdotes. Así que Herodes convocó a la aristocracia religiosa y a los principales teólogos de su tiempo, y les preguntó dónde, según las Escrituras, había de nacer el Ungido de Dios. Ellos le citaron el texto de Miq_5:2 . Herodes mandó buscar a los sabios, y los envió por delante para que hicieran una investigación diligente acerca del Niño que había nacido. Dijo que él igualmente quería ir y adorar al Niño; pero su único deseo era matarle.

Tan pronto como nació Jesús vemos a los hombres agrupándose en los tres partidos que aparecerán siempre en relación con Jesucristo. Consideremos sus tres reacciones.

(i) Tenemos la reacción de Herodes, la reacción del odio y la hostilidad. Herodes tenía miedo de que este Niño pudiera interferir en su vida, su posición, su poder, su influencia; y por tanto, su primer instinto fue destruirle.
Todavía hay personas que destruirían de buena gana a Jesucristo, porque ven en El al Que interfiere en sus vidas. Quieren hacer lo que les plazca, y Cristo no les dejará; así que querrían matarle. La persona cuyo único deseo es hacer lo que le venga en gana no necesita para nada a Jesucristo. El cristiano es el que ha dejado de hacer lo que quiere para dedicar su vida a hacer lo que Cristo quiere.

(ii) Tenemos la reacción de los principales sacerdotes y los escribas, la reacción de una indiferencia total. No les importaba lo más mínimo. Estaban tan inmersos en el ritual de su templo y en sus discusiones legales que pasaban completamente de Jesús. No les decía nada.
Todavía hay personas que están tan interesadas en sus propios asuntos que Jesucristo no les dice nada. Todavía se puede hacer la entrañable pregunta del profeta: «¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino?» (Lam_1:12 ).

(iii) Tenemos la reacción de los sabios, la reacción de piadoso servicio, el deseo de poner a los pies de Jesucristo los dones mas nobles que pudieran aportar.
Sin duda, cuando uno se da cuenta del amor de Dios en Jesucristo, también se pierde como ellos en admiración, alabanza y adoración.

REGALOS PARA CRISTO

Y fijaos: la estrella que habían visto en ascendente los siguió guiando hasta que llegó a encontrarse por encima del lugar donde estaba el Niño.

Cuando volvieron a ver la estrella se pusieron jubilosos de alegría. Y cuando entraron en la casa vieron al Niño con Su madre María, y cayeron de rodillas y Le adoraron. Luego abrieron sus tesoros y Le ofrecieron de regalo oro, incienso y mirra.

Y, comoquiera que recibieran un mensaje de Dios en sueños advirtiéndoles que no volvieran a Herodes, se volvieron a su propia tierra por otro camino.

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