Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Introducción a la Carta de Santiago

El autor de Santiago

Hay cinco posibilidades. (i) Empezamos con una teoría que desarrolló en detalle Meyer hace cosa de un siglo, y que reavivó Easton en la nueva Interpreter’s Bible. Una de las cosas más corrientes en el mundo antiguo era publicar libros bajo el nombre de alguna gran figura del pasado. La literatura judía entre los dos Testamentos estaba llena de obras seudoepigráficas; es decir, que se atribuían a Moisés, los Doce Patriarcas, Baruc, Enoc, Isaías y otros de posición semejante, para que esa autoridad adicional atrajera a más lectores. Esta era una práctica aceptada. Uno de los libros más famosos de los Apócrifos es la Sabiduría de Salomón, en la que un sabio de época posterior atribuye nueva sabiduría al más sabio de los reyes. Recordemos tres cosas de Santiago.

(a) No contiene nada que un judío ortodoxo no pudiera aceptar, si se omiten las dos menciones del nombre de Jesús en 1:1 y 2:1, cosa que podría hacerse sin que se notara.

(b) El nombre griego de Santiago es lakóbos, que no es más que una transcripción del Jacob del Antiguo Testamento.

(c) El libro va dirigido a «las doce tribus que están -diseminadas por el extranjero.» Esta teoría sostiene que Santiago no es otra cosa que un escrito judío, publicado bajo el nombre del patriarca Jacob y dirigido a los judíos de la Diáspora para animarlos a la fe en medio de las pruebas que tienen que pasar en tierra de gentiles.

Esta teoría se elabora más detalladamente como sigue. En Génesis 49 encontramos el último discurso de Jacob a sus hijos. Consiste en una serie de descripciones breves en las que los hijos se caracterizan sucesivamente. Meyer profesaba ser capaz de encontrar en Santiago alusiones a las descripciones de cada uno de los patriarcas, y por tanto de cada una de las doce tribus, del discurso de Jacob. Veamos algunas de las identificaciones propuestas.

Aser es el rico mundano; Santiago 1: 9-11; Génesis 49: 20. Isacar es el que hace buenas obras; Santiago 1:12; Génesis 49:14s. Rubén es las primicias; Santiago 1:18; Génesis 49:3. Simeón representa la ira; Santiago 1:19s; Génesis 49:5-7. Leví es la tribu especialmente relacionada con la religión, y a la que se alude en Santiago 1:26s. Neftalí se caracteriza por la paz; Santiago 3:18; Génesis 49:21. Gad simboliza las guerras y las luchas; Santiago 4:Is; Génesis 49:19. Dan representa la espera de la salvación; Santiago 5:7; Génesis 49:18. José representa la oración; Santiago 5:13-18; Génesis 49:22-26. Benjamín es el nacimiento y la muerte; Santiago 5:20; Génesis 49:27.
Es una teoría sumamente ingeniosa. No parece que se puede ni aceptar ni rechazar del todo. Sin duda explicaría de una manera muy natural la referencia de 1:1 a las doce tribus de la Diáspora. Se completaría diciendo que algún cristiano encontró este tratado judío escrito bajo el nombre de Jacob a todos los exiliados judíos, y le impresionó tanto su valor moral que le hizo algunos ajustes y adiciones y lo publicó como libro cristiano. No cabe duda de que esta, es una teoría atractiva… pero tal vez se pasa de ingeniosa.

(ii) Lo mismo que los judíos, los cristianos ,escribieron también muchos libros bajo los nombres de las grandes figuras de la Iglesia Cristiana. Hay evangelios que se publicaron bajo los nombres de Pedro, de Tomás y del mismo Santiago; hay, una epístola de Bernabé; hay evangelios de Nicodemo y de Bartolomé; y hay hechos de Juan, de Pablo, de Andrés, de Pedro, de Tomás, de Felipe y de otros. El término técnico que se da a estos libros es el de seudónimos, es decir, escritos bajo un nombre falso. Se ha sugerido que Santiago fue escrito por alguien bajo el nombre del «hermano del Señor» . Eso parece haber sido lo que pensó Jerónimo cuando dijo que esta carta «la publicó alguno bajo el nombre de Santiago.» Pero, independientemente de la obra en sí, esa suposición no puede mantenerse; porque, cuando alguien escribía bajo un seudónimo, ponía empeño en dejar bien claro quién era el que había de suponerse que lo había escrito; es decir, que habría dejado más claro que el autor era Santiago el hermano del Señor, cosa que ni se insinúa en el texto.

(iii) Moffatt se inclinaba a favor de la teoría de que el autor no era el hermano del Señor, ni ningún otro Santiago conocido, sino simplemente un maestro llamado Santiago de cuya vida no tenemos la menor información. Eso no es ni mucho menos imposible, porque el nombre de Jacobo o Santiago era tan corriente entonces como ahora; pero sería difícil entender cómo tal libro consiguió entrar en el Nuevo Testamento, y cómo se relacionó con el hermano del Señor.

(iv) El punto de vista tradicional es que fue Santiago el hermano del Señor el que escribió esta carta. Ya hemos visto que parece extraño que no contenga más que dos referencias accidentales a Jesús, y ninguna a Su Resurrección o a Él como el Mesías. Otra dificultad aún más seria es la siguiente. Santiago está escrito en buen griego. Ropes dice que el griego tiene que haber sido la lengua materna del que lo escribió; y Mayor, que era un gran experto en griego, dice: «Yo me inclinaría a calificar el griego de esta epístola como el que más se acerca a la pureza clásica de todos los libros del Nuevo Testamento con la excepción tal vez de la Epístola a los Hebreos.» Sin embargo, no cabe duda de que la lengua materna de Santiago era el arameo, y no el griego; y podemos estar seguros de que no dominaría el griego clásico. Su educación ortodoxa judía le haría despreciarlo y evitarlo, como lengua gentil y, además, como la de los perseguidores de su pueblo. Es casi imposible creer que Santiago fuera el autor de esta carta.

(v) Y llegamos a la quinta posibilidad. Recordemos cuánto se parece Santiago a un sermón. Es posible que sea, en esencia, un sermón predicado por Santiago, que otro tomó, diríamos, casi taquigráficamente, y luego tradujo al griego, puliéndolo y decorándolo ligeramente, y publicándolo después para que toda la Iglesia pudiera beneficiarse. Eso explicaría su forma, y cómo llegó a adscribirse a Santiago. También explicaría la escasez de referencias a Jesús el Mesías y a Su Resurrección, porque tal vez en ese sermón no trató esos puntos. En un sermón es natural que no se toquen todos los temas fundamentales de la ortodoxia, sino que se insista más en los deberes morales que en la teología. Nos parece que esta es la única teoría que explica los hechos sin violentarlos.

Una cosa es segura: puede que nos aproximemos a esta breve carta creyéndola uno de los libros menos importantes del Nuevo Testamento; pero, si la estudiamos con interés, acabaremos dándole gracias a Dios porque se ha conservado para nuestra edificación e inspiración.

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar